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El crimen de Julián Álvarez y el eco de Nahir Galarza: por qué las causas se parecen y qué las separa

Una pareja joven, una relación conflictiva y una mujer acusada de matar a su novio. Las coincidencias instalaron la comparación, aunque las pruebas todavía deben reconstruir qué ocurrió en Resistencia.

Victoria Luz Cantero y Nahir Galarza Foto: Archivo

La fiscal Ana Graciela González de Pacce advirtió que tenía pocos minutos porque estaba de turno, debía participar de un control jurisdiccional a las 10 y pidió preguntas concretas. Sin embargo, durante esa conferencia breve reveló el dato que ordenó la investigación por la muerte de Matías Julián Álvarez Guardia y que probablemente sea una pieza central en la reconstrucción. 

Cuando los policías le preguntaron qué había sucedido, Victoria Luz Cantero reconoció que había mantenido una pelea con su pareja. Dijo que reaccionó y que lo hizo para defenderse.

La declaración no fue realizada ante la fiscal ni bajo las formalidades de una indagatoria. Fue una manifestación inicial, pronunciada cuando Julián acababa de ser llevado al Hospital Julio C. Perrando con heridas de arma blanca. Según los informes policiales mencionados por González de Pacce, Cantero estaba alterada, tenía sangre en las manos y admitió haber participado del episodio. Dos días después, ya asesorada por sus abogados, se abstuvo de declarar.

 

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Para entonces, el caso ya había salido de Resistencia. Algunos medios nacionales habían encontrado una referencia conocida y comenzaron a presentar a la detenida como la “Nahir Galarza chaqueña”. La asociación se apoyaba en elementos evidentes: una mujer joven acusada de matar a su novio, una relación descripta como conflictiva y una imputación provisoria por homicidio agravado por el vínculo.

El paralelo sirve para explicar la repercusión. No alcanza, al menos todavía, para explicar el crimen.

La llamada desde el teléfono de Julián

La reconstrucción comienza alrededor de las seis de la mañana, cuando el hermano de Cantero recibió una llamada realizada desde el celular de Julián. El hombre no era solamente familiar de la joven: también mantenía una relación de amistad con la víctima. En su declaración testimonial relató que escuchó hablar a Julián y reconoció, de fondo, la voz de su hermana.

—"Decile, decile que me rompiste el celular" —habría gritado ella durante la comunicación.

El hermano de la detenida estaba junto a su pareja. Ambos se levantaron y fueron hasta la casa de Julián. Cuando llegaron, lo encontraron desvanecido.

Según la fiscal, el hombre lo arrastró hasta el automóvil y lo llevó al Perrando. En el vehículo viajaron también su novia y Cantero. La defensa sostiene que intentaron pedir asistencia médica, pero que, en medio de la desesperación, marcaron un número equivocado y resolvieron no esperar una ambulancia. Ese episodio abrió uno de los primeros desacuerdos entre las partes.

Para los abogados de Cantero, el hermano y su pareja hicieron lo necesario para auxiliar a una persona gravemente herida. El defensor Lucas Bosch aseguró que actuaron para salvarle la vida y que los intentos de comunicarse con emergencias podrán ser comprobados en los registros de sus teléfonos.

La querella quiere revisar esa cuestión. El abogado Juan Arreguín planteó que deberá evaluarse si era conveniente trasladar a Julián en un vehículo particular o estabilizarlo y esperar la intervención del servicio médico, especialmente porque el hermano de la detenida tendría conocimientos vinculados con la salud.

 

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Por ahora, la Fiscalía no le atribuye ninguna responsabilidad penal. Lo considera un testigo primario o esencial y aclaró que existe una sola persona imputada.

El ingreso al Perrando y la primera versión

Julián fue recibido con varias heridas de arma blanca. Una de ellas comprometió vasos importantes de la región subclavia, entre el cuello y la parte superior del tórax. El cuadro derivó en una pérdida masiva de sangre, un shock hipovolémico y un paro cardiorrespiratorio. El joven ingresó a cirugía, pero no sobrevivió.

Cuando el personal del hospital advirtió que se encontraba frente a un hecho violento, intervino la División Hospitalaria. Allí comenzaron las primeras preguntas. De acuerdo con la fiscal, Cantero habló de una pelea de pareja. Dijo que Julián había roto su teléfono y que ella se había defendido. También habría dado esa explicación a su hermano antes de llegar al hospital.

Esa admisión permitió descartar, en principio, la intervención de un atacante desconocido. Los testimonios vecinales también ubican únicamente a dos personas discutiendo. Una pareja que regresaba a su casa alrededor de las seis declaró que escuchó gritos de una mujer en el frente y luego una pelea entre dos voces.

La Fiscalía pidió el informe de Medicina Legal para establecer si Cantero tenía lesiones, dónde estaban localizadas y cuándo pudieron haber sido producidas. También espera los resultados toxicológicos y la autopsia definitiva.

Bosch, abogado defensor, evitó confirmar que la estrategia se apoyará en la legítima defensa. Explicó que primero necesita acceder a las pericias y aseguró que, por el momento, las pruebas incorporadas no conforman “un gran plexo probatorio”. La querella sostiene lo contrario: cree que los primeros datos permiten explorar la posibilidad de un ataque sorpresivo.

La discusión sobre las lesiones defensivas

Arreguín aseguró que las constancias preliminares no mostrarían heridas en las manos o los antebrazos de Julián compatibles con un intento de protegerse. “No hay ningún indicio de maniobras defensivas”, afirmó.

Para el abogado de la familia, esa ausencia podría indicar que la víctima no llegó a ver el cuchillo o fue atacada antes de poder reaccionar. La querella intentará determinar si existió una agresión ejecutada “sobre seguro”, una hipótesis que podría abrir la discusión sobre otra agravante. La fiscal fue prudente. La imputación actual es por homicidio agravado por el vínculo, pero recordó que la calificación es provisoria y que puede modificarse cuando se conozca la autopsia.

La ausencia de heridas defensivas tampoco está confirmada mediante un informe forense definitivo. La autopsia deberá precisar cuántas lesiones tenía Julián, sus trayectorias, profundidad y antigüedad, además de establecer si presentaba señales de forcejeo o de una agresión previa.

En esta etapa, la querella y la defensa trabajan con hipótesis enfrentadas: una sostiene que Julián fue sorprendido; la otra no descarta que Cantero haya reaccionado frente a una agresión. Ninguna de las dos versiones fue demostrada.

 

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Un cuchillo y manchas de sangre en el ingreso

Cuando la Policía llegó a la casa, el portón estaba abierto y la puerta no tenía medidas de seguridad. Para la Fiscalía, eso podría explicarse por la urgencia con la que Julián fue retirado y llevado al hospital. En el interior había desorden. Los investigadores observaron objetos rotos, entre ellos una consola de videojuegos y unos anteojos. También encontraron rastros en una habitación, en la cocina-comedor y en el sector de ingreso.

La mayor concentración de manchas que serían de sangre estaba en la sala cercana a la entrada. En la vivienda fue secuestrado un cuchillo de cocina tipo Tramontina, con hoja dentada y cabo negro. Según la investigación preliminar, podría tratarse del arma utilizada para provocar las lesiones.

El elemento fue enviado a peritaje. Los especialistas deberán determinar si conserva sangre de la víctima, huellas digitales, material genético o rastros de otra persona.

Arreguín adelantó que pedirá una nueva inspección de la casa. Quiere recorrerla junto con peritos, integrantes de la Fiscalía y familiares para establecer cómo estaban distribuidos los muebles, dónde se produjo la herida mortal y qué sectores atravesaron las personas que retiraron a Julián. La querella también pretende aclarar si el desorden fue consecuencia de la discusión o si hubo movimientos posteriores.

Las pertenencias que la familia denunció como faltantes

Una hermana de Julián denunció la desaparición de una caja que habría contenido dinero, cadenas, joyas y otros objetos de oro. La fiscal solicitó incorporar esa presentación al expediente, pero aclaró que no existen elementos concretos para afirmar que el homicidio estuvo vinculado con un robo. “En principio, esto claramente era una pelea de pareja”, afirmó González de Pacce.

 

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El planteo de la familia será investigado de todos modos. La querella buscará determinar qué objetos estaban en la vivienda, quiénes ingresaron después del ataque y qué pertenencias fueron retiradas durante el traslado al hospital.

La escena tuvo una particularidad que complica la reconstrucción: Julián no fue encontrado por la Policía dentro de la casa. Había sido movido, arrastrado hasta el automóvil y llevado al Perrando. En ese proceso también salieron pertenencias personales, entre ellas su teléfono.

El celular que primero fue denunciado como desaparecido

Durante las primeras horas posteriores al crimen, la familia de Julián reclamó por el celular de la víctima y denunció que no había sido encontrado.La defensa explicó que el aparato quedó entre las pertenencias trasladadas durante la emergencia y permaneció en poder del entorno de Cantero. Bosch dijo que, cuando asumió la representación, informó a la Fiscalía que el equipo estaba disponible para ser secuestrado.

Según el abogado, el teléfono habría permanecido apagado. La querella quiere comprobarlo. El dispositivo será sometido a una extracción completa para conocer las últimas llamadas, conversaciones, ubicaciones y movimientos. También deberá establecerse quién lo utilizó para llamar al hermano de la detenida y si hubo actividad después de que Julián fuera trasladado.

El otro teléfono relevante es el de Cantero. La defensa indicó que estaba roto como consecuencia de la discusión, una circunstancia que coincide con la frase que el hermano escuchó durante el pedido de auxilio. Los dos aparatos pueden aportar horarios concretos y permitir una reconstrucción menos dependiente de las versiones familiares.

 

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Las cuatro cámaras

La vivienda tenía dos cámaras de seguridad. Una estaba orientada hacia el frente y la otra registraba un sector interior. Según la Fiscalía, ambas funcionaban.

Los investigadores relevaron además dos dispositivos de casas vecinas. Uno no habría grabado, pero el otro apuntaba en diagonal hacia el domicilio de Julián y podría haber captado movimientos durante la madrugada. Los registros quedaron bajo análisis de Cibercrimen.

Las imágenes pueden establecer cuándo llegó la pareja, si ingresó junta, si la discusión comenzó afuera o dentro de la vivienda y cuánto tiempo transcurrió entre el ataque y el pedido de ayuda. También permitirán observar la llegada del hermano, el traslado de Julián y la salida de Cantero hacia el hospital. La fiscal considera que las cámaras podrían reconstruir prácticamente todo el proceso. El análisis, advirtió, demandará tiempo.

Una relación con antecedentes

La familia de Julián describió el vínculo como una relación marcada por celos, separaciones y reconciliaciones. Amigos del joven acercaron fotografías y capturas de conversaciones que, según la querella, mostrarían episodios de violencia que no eran conocidos completamente por sus allegados.

Parte de ese material ya circuló en redes sociales, pero para tener valor judicial deberá ser autenticado. Los investigadores tendrán que identificar los dispositivos originales, verificar las fechas y determinar quiénes participaron de cada conversación.

La Fiscalía también confirmó una denuncia realizada por Julián en noviembre de 2025. Se originó después de una discusión en la que Cantero presuntamente rompió el vidrio de su automóvil. El joven decidió no impulsar penalmente la presentación y la causa fue archivada.

Sus hermanas sostienen que existieron otros episodios. La Fiscalía solicitó información para determinar si hubo más denuncias, exposiciones policiales o intervenciones que no aparezcan inicialmente en el sistema penal. Hasta ahora, no se encontraron denuncias promovidas por Cantero contra Julián.

Por qué apareció el nombre de Nahir Galarza

La comparación con Nahir Galarza no nació dentro del expediente. Surgió en los medios y en las redes sociales.

En diciembre de 2017, Galarza mató a Fernando Pastorizzo en Gualeguaychú con dos disparos realizados con el arma reglamentaria de su padre. Tenía 19 años. En 2018 fue condenada a prisión perpetua por homicidio agravado por la relación de pareja.

 

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El caso se convirtió en un fenómeno nacional. La discusión judicial quedó acompañada por una exposición permanente de la acusada, su aspecto, sus publicaciones, su forma de vestir, sus gestos y la intimidad de la relación. En Resistencia comenzaron a repetirse varios componentes de aquella cobertura: una pareja joven, relatos de una relación conflictiva, una mujer detenida, familias que presentan versiones contrapuestas y una eventual pena de prisión perpetua.

También existe una coincidencia jurídica. Cantero fue imputada provisoriamente bajo la misma figura que derivó en la condena contra Galarza: el homicidio agravado por el vínculo. Pero los expedientes están en momentos completamente diferentes.

Una causa cerrada y otra que recién comienza

En el caso Pastorizzo hubo un juicio oral, testigos, pericias, alegatos y una sentencia. Los jueces tuvieron por probado que Galarza disparó dos veces y que mantenía una relación de pareja con la víctima. En el crimen de Julián todavía no está terminada la autopsia. No se analizaron las cámaras, se desconocen los resultados toxicológicos y no está incorporado el informe definitivo sobre las lesiones de Cantero.

Tampoco se estableció con precisión dónde recibió Julián la herida mortal, cómo comenzó la discusión ni cuál fue la secuencia completa hasta su llegada al hospital. El arma también es distinta. En Gualeguaychú se utilizaron dos disparos en la vía pública. En Resistencia se investiga una agresión con un cuchillo dentro de una vivienda.

Cantero reconoció inicialmente ante policías que había participado y dijo que se defendió. Luego ejerció su derecho a guardar silencio. Su defensa todavía no presentó una teoría definitiva. La comparación, por lo tanto, describe mejor el modo en que se está contando el caso que el contenido actual de la causa.

La comparación con el caso Nahir Galarza resulta inevitable por algunos elementos comunes: una pareja joven, una relación conflictiva, una mujer acusada de matar a su novio y una imputación que podría derivar en prisión perpetua. Ese paralelismo también explica la rápida repercusión nacional que alcanzó el crimen de Julián Álvarez.

Sin embargo, la causa chaqueña recién comienza. La autopsia, las cámaras, los celulares, el cuchillo y los informes médicos deberán establecer si Julián pudo defenderse, si Cantero presentaba lesiones y qué ocurrió desde la discusión hasta el traslado al hospital. Recién entonces podrá determinarse hasta dónde llegan las semejanzas entre ambos casos.