La paradoja del dólar: “¿querés que no cuide lo poco que tengo?”
“Así como puede salvarnos, también es la clave para hundirnos” resume el autor y aclara que “al país le hace mucho daño que ahorremos en dólares” y que “alguna vez deberíamos reflexionar sobre el efecto que produce este hábito que compite con el mate, el fútbol y el asado cuando definimos la argentinidad”.
Así como en el psicoanálisis hay temas complejos que se analizan una y otra vez, descubriendo en cada ronda implicancias más profundas y controversiales, podríamos abordar la cuestión de “la divisa” con una pretensión similar para llegar al fondo de la cuestión.
La paradoja sería que, así como puede salvarnos, también es la clave para hundirnos. No abordamos el tema desde la perspectiva de “la macro” economía, sino ajustados al ámbito personal. De allí la referencia inicial a la psicología y no a la sociología, aunque -con atrevimiento- rondaremos también cuestiones que atañen a lo colectivo. Volvamos a la economía.
En nuestro país, cualquiera que tenga la posibilidad de ahorrar unos pesos, pensará rápidamente en comprar dólares; está grabado en el inconsciente colectivo como un mantra. Quienes tengan más información sobre la coyuntura quizás consideren la posibilidad del plazo fijo, aún con tasas bajas, que ofrece rendimiento asegurado frente a un dólar cuya cotización está oscilante, que ha tocado en estos días mínimos impensados hace seis meses atrás.
Desde el interés puramente individual, comprar dólares es una apuesta relativamente segura en el mediano y largo plazo. Alcanza con recordar la super devaluación post cambio de gobierno, cuando el tipo de cambio oficial pasó de 366 a 800 pesos por dólar, un incremento del 118,6% en un día (hoy está 385% por encima de aquel valor del 12 de diciembre del ‘23).
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La mayoría de las personas no analiza tantos números; piensa en la moneda norteamericana como un resguardo confiable, una divisa fuerte. Dejaremos para los historiadores comentar la relación entre esta creencia (casi religiosa) y la política monetaria de la última Dictadura y del gobierno encabezado por Menem y Cavallo.
El punto es que esa forma de pensar pasa por alto un detalle no menor: al país le hace mucho daño que ahorremos en dólares.
“¡Ingenuo!”“¿Qué querés, que no cuide lo poco que tengo?” “¡Que al país lo arreglen los políticos!” Excede el alcance de esta columna explicar cómo funciona el manejo de divisas por parte del Banco Central de la República Argentina; pero alguna vez tenemos que reflexionar sobre el efecto que produce este hábito que compite con el mate, el fútbol y el asado cuando pensamos en definir la argentinidad. Quizás, en algún momento, deberíamos empezar a desarmar esa estructura de razonamiento que guía la gestión de la economía personal. Lo micro y lo macro se cruzan sistémica e inexorablemente.
La deuda externa, esa que se paga en moneda extranjera, está acercándose al medio billón de dólares (algo así como 700 billones de pesos, o sea, setecientos seguido de doce ceros). Nota al margen, algún día habría que analizar judicialmente cada uno de los momentos en los que creció significativamente, ¿no?
¿Compramos espacio de almacenamiento en alguno de los servicios online de uso común? Comprometemos dólares del país. ¿Contratamos una plataforma de videos o música extranjera? Lo mismo. ¿Compramos ‘barato’ en algún sitio o perfil de redes sociales del exterior? Idem. ¿Viajamos al exterior?, ¡también! Compramos dólares para ahorro… no necesariamente aumentamos la deuda externa pero sí ponemos en jaque la posibilidad de pagarla.
¿Es culpa suya lector, lectora? Naaaa, pero todos tenemos un poquito de responsabilidad. En principio, hacer consciente y entender. Y empezar a hacernos la idea de cambiar de mantra: quizás algo que contribuya un poco más al desarrollo nacional.
Mientras tanto, en los últimos cinco meses se difundieron datos que señalan que fueron “personas humanas” las que compraron muchos dólares para “atesoramiento” (ahorro, inversión o resguardo de valor). Esto se explica, en parte, porque aún hay “cepo” para las “personas jurídicas” (empresas, asociaciones, etc.).
Lo importante es que (y, créanme, aunque no haga todo un desarrollo matemático aquí que sería largo y aburrido), de las casi 2 millones de personas que habrían comprado divisas, apenas un 0,5% del total (una enorme minoría) habrían adquirido el 99,5% de los miles de millones adquiridos (casi todo, una fortuna).
Corrijan los números con rigurosidad y precisión utilizando los datos actualizados, no cambiará mucho la proporción. Lo significativo, entonces, es que la compra de dólares no es ‘equitativa’ ni expresa que un montón de gente tenga capacidad de ahorro. Mientras, el país sigue teniendo un fuerte déficit en sus cuentas externas y se complican las reservas del BCRA.
Suelo preguntarle a mis estudiantes: “si somos sólo dos personas y hay dos pollos, ¿cómo te parece que repartamos los pollos?”, “uno para cada uno” responden siempre. Les digo que son muy buenas personas, pero que en el mundo real, por ahora, las cosas no suceden así; en el terreno del ‘oro verde’, tampoco.
* Profesor de Economía
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