LA ARGENTINA QUE VIENE

Mientras la energía impulsa el crecimiento, la industria y la construcción vuelven a encender alarmas

Mientras el Gobierno celebra el impulso de las exportaciones energéticas y el potencial de Vaca Muerta, los últimos datos muestran caídas en la industria y la construcción. Las advertencias de Ricardo Arriazu reabren el debate sobre los tiempos de la economía, la política y la continuidad del rumbo económico.

Vaca Muerta Foto: Cedoc

Se conoció un dato que el Gobierno celebró con entusiasmo: el impulso de las exportaciones energéticas, particularmente a partir del desarrollo de Vaca Muerta, volvió a mostrar un potencial enorme para la economía argentina. En ese contexto apareció una frase llamativa. “La fiesta recién empieza”. No quedó del todo claro a qué fiesta se refería exactamente el ministro, pero se trata de una de esas expresiones que suelen generar polémica porque contrastan con la percepción que todavía tienen amplios sectores de la sociedad.

Mientras el Gobierno exhibe con razón los buenos resultados del sector energético, al mismo tiempo se conocieron datos que muestran una realidad menos favorable para otros segmentos de la economía. Tanto la industria como la construcción registraron en abril una caída del 2,8%. Es decir, mientras algunos sectores avanzan, otros siguen atravesando dificultades importantes.

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El propio ministro admitió que la economía argentina continúa mostrando niveles relevantes de volatilidad. Se trata de un reconocimiento razonable. Porque si bien existen indicadores positivos, especialmente vinculados con la energía, todavía resulta prematuro afirmar que el conjunto de la economía haya ingresado en una etapa de crecimiento consolidado.

El freno de la industria y la construcción

La fotografía actual de la economía argentina muestra dos velocidades. Por un lado, sectores como la energía, el gas, el petróleo y la minería presentan perspectivas favorables impulsadas por inversiones de largo plazo y por un régimen que promueve su desarrollo. Por otro, actividades más vinculadas al mercado interno continúan mostrando señales de debilidad.

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La caída registrada en la industria y la construcción refleja precisamente esa realidad. Son sectores que suelen tener un impacto directo sobre el empleo y el nivel de actividad, por lo que sus retrocesos generan preocupación incluso cuando otros indicadores muestran mejoras.

Destrucción primero, creación después

En este contexto resultaron especialmente interesantes las declaraciones del economista Ricardo Arriazu durante una convención de la Cámara Argentina de la Construcción. Arriazu, uno de los analistas más respetados e influyentes del país y habitualmente favorable a las políticas económicas del presidente Javier Milei, dejó una definición que merece atención: “La destrucción está avanzando más rápido que la creación”.

El argumento oficial sostiene que la economía está atravesando un proceso de transformación profunda. En ese esquema, ciertas actividades, empresas o empleos desaparecen antes de que surjan nuevas inversiones capaces de reemplazarlos. Es la vieja idea de la destrucción creativa.

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El problema es que la destrucción suele ser inmediata, mientras que la creación demanda tiempo. Cerrar una empresa puede ocurrir en semanas. Abrir una nueva, invertir, contratar personal y desarrollar una actividad rentable puede llevar años.

Incluso quienes respaldan el rumbo económico actual deberían admitir que existe una diferencia evidente entre los tiempos de la economía y los tiempos de la política. Y allí aparece uno de los grandes desafíos del Gobierno.

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La recuperación económica tiene plazos largos. La política, en cambio, funciona a una velocidad mucho mayor. Las elecciones llegan antes que los resultados definitivos. Los votantes evalúan su situación presente, no las promesas futuras. Y por eso puede ocurrir que un gobierno enfrente exámenes electorales mientras la economía todavía atraviesa la etapa más compleja del proceso de ajuste.

Como alguna vez observó Henry Kissinger, los ciclos económicos suelen ser más extensos que los ciclos políticos. Una economía puede necesitar años para consolidar una recuperación, pero las urnas aparecen mucho antes para juzgar los resultados.

La principal amenaza, según Arriazu

Arriazu agregó otra observación igualmente relevante. A su juicio, la principal amenaza para la economía argentina es la política.

La afirmación parece establecer un matiz respecto del optimismo expresado por el ministro Luis Caputo. Mientras el Gobierno sostiene que la mejora económica terminará fortaleciendo naturalmente su posición política, Arriazu advierte que la continuidad política es una condición indispensable para que el programa económico llegue a completarse.

En otras palabras, el economista plantea que el riesgo no está necesariamente en los mercados, ni en el tipo de cambio, ni siquiera en la inflación. El riesgo podría estar en la capacidad del sistema político para sostener durante varios años un proceso que todavía no terminó de mostrar todos sus resultados.

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Por eso la discusión central de la Argentina actual probablemente no sea si existen algunos datos positivos. Los hay. Tampoco si persisten sectores con dificultades. También los hay.

La verdadera pregunta es otra: si la política será capaz de acompañar el tiempo que la economía necesita para demostrar si este proceso de transformación termina efectivamente generando prosperidad o si quedará, una vez más, inconcluso en el medio del camino.

La economía muestra señales mixtas. La energía empuja, la industria retrocede, la construcción se frena y la inflación sigue siendo observada con atención. Entre la celebración de una supuesta fiesta que recién comienza y la volatilidad que aún persiste, la Argentina vuelve a enfrentarse a un viejo desafío: lograr que los tiempos de la política no interrumpan los tiempos de la economía.