Milei en Davos, en medio de la pelea de Trump contra el mundo
El presidente llega hoy a Suiza para participar del Foro Económico Mundial, donde también estará Trump. Es en momentos en que la Casa Blanca busca alinear a decenas de países a su plan de reconstrucción de Gaza, en desafío a la ONU, y recrudece su pulseada con Europa por el control de Groenlandia.
Donald Trump invitó por carta al líder ruso Vladimir Putin y a su subordinado Alexander Lukashenko, presidente de Bielorrusia, a integrar el “Consejo de la Paz”, una iniciativa presidida por Trump y destinada, a su entender, a dar una solución definitiva al conflicto en Oriente Medio y a otras crisis de envergadura en todo el mundo. Un tuitero sagaz en los Estados Unidos posteó: “La próxima vez deberíamos invitar a Kim Jong-un”.
Es conocido el atractivo que despiertan en Trump los autócratas. El encanto se remonta a su primera presidencia (2016-2020), pero ha alcanzado niveles impensados en la actualidad. Es, para decirlo de manera clara, a lo que el mismo Trump aspira a convertirse como presidente de la nación más poderosa —y a la que hasta hace poco considerábamos la democracia más consolidada— del planeta.
Trump también extendió la invitación a su Consejo de Paz a líderes de estados democráticos. Entre unos sesenta países, convocó a los de Italia, Alemania, Francia, India, Brasil y sus aliados de Hungría, Paraguay y la Argentina. Como se supo el fin de semana, Javier Milei respondió en X que consideraba “un honor” el ofrecimiento de Trump a sumarse a esa lista.
Países como el Reino Unido, Canadá, algunos miembros de la Unión Europea, la presidencia de la misma UE y la propia Rusia evalúan en estas horas una respuesta o ya han presentado reservas sobre la convocatoria.
El texto de Trump califica al Consejo como “el más impresionante y trascendental jamás reunido”, dice que “se establecerá como una nueva Organización Internacional” (con mayúsculas originales) y que su objetivo final será alcanzar “una paz duradera, prosperidad y grandeza en todo el mundo”.
Como titular, Trump se atribuye el derecho de elegir a los Estados y a los líderes que la integrarán una junta ejecutiva, “que serán líderes de talla mundial”. También tendrá derecho a removerlos si lo considerara necesario.
“Los europeos creen que ceder Groenlandia apaciguará a Trump. No será así. Volverá por más después"
Se supo también que Trump propuso una membresía de tres años para cada miembro, que podría extenderse de manera indefinida para aquellos que hagan un aporte de más de mil millones de dólares en efectivo durante el primer año de vigencia del Consejo. Advertimos en este último punto un límite infranqueable para las ambiciones de Milei.
La agencia de noticias Bloomberg publicó ayer un artículo de los periodistas Alex Wickham y Alberto Nardelli que asegura que Trump tiene previsto montar este jueves en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza una ceremonia de firma de adhesión a su Consejo de la Paz.
Milei partió ayer a Davos y dará su tercer mensaje ante ese foro el mediodía del miércoles. A continuación lo hará Trump.
Alemania dice que Trump llegó al límite con la amenaza a Groenlandia
La nota de Bloomberg indica que funcionarios europeos sostienen que la propuesta de Trump significa “un claro intento de establecer un rival para la ONU”. “Afirman que se trata de mucho más que la reconstrucción de Gaza, y que (Trump) la ve como un vehículo para resolver otros conflictos y controlar los acontecimientos internacionales”, dice el artículo. Un análisis parecido publicó días antes la periodista Lysa Rosovsky en el sitio israelí Haaretz.
Más perturbadora que ese intento, que se inscribe en la iniciativa “revisionista” del orden internacional que encarna la política exterior de Trump, resulta la paradoja que atribuyó el artículo de Bloomberg a una fuente de la UE: “Calificó la propuesta de absurdo y afirmó que no tenía duda de que todos estarían encantados de aceptar. Advirtió además que esto confirma el dilema para Europa: aceptar lo que Trump quiere o arriesgarse a una mayor división de la alianza transatlántica”.
Groenlandia
Milei desechó la oportunidad a comienzos de diciembre de reunirse con el primer ministro de Noruega Jonas Gahr Støre, jefe del Partido Laborista que volvió al poder en Noruega en 2021, tras la experiencia de ocho años de Gobierno conservador. Se contó aquí. Fue en ocasión de la entrega del Nobel de la Paz a María Corina Machado, quien no llegó a tiempo a la ceremonia. En el Gobierno no dieron un argumento convincente sobre los motivos por los que Milei renunció a los encuentros con el jefe de Gobierno noruego y con el rey Harald V, como indicaba su agenda.
Støre fue un protagonista lateral este lunes de la obsesión de Trump por poseer Groenlandia. El premier noruego recibió una insospechada carta del presidente de los Estados Unidos que aludía a dos decisiones del Comité Noruego del Nobel: ignorar su deseo de ser premiado, y advertir que el premio no es transferible en ninguna circunstancia. Machado había cedido la medalla de su Nobel a Trump durante su reciente encuentro en Washington.
La carta del magnate fue también una respuesta al mensaje que el propio premier noruego le envió un día antes, buscando disuadir a Trump de su amenaza de imponer aranceles adicionales a varios países europeos que se oponen a que tome el control de Groenlandia. Trump vinculó así el episodio del Nobel con su reclamo de propiedad de la enorme isla del Ártico, parte integrante del Reino de Dinamarca. La asociación dejó perplejos a sus destinatarios, según recoge la prensa norteamericana.
Milei aprovechó la ceremonia en Paraguay para soltar un elogio a la reciente intervención norteamericana en Caracas
“Teniendo en cuenta que tu país decidió no concederme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido ocho guerras y MÁS, ya no me siento obligado a pensar puramente en la Paz, aunque siempre será predominante, sino que ahora puedo pensar en lo que es bueno y apropiado para Estados Unidos de América”, dice el mensaje de Trump, cuya copia fue enviada a distintas embajadas europeas en Washington, según informó el NYT. “Dinamarca no puede proteger esa tierra (Groenlandia) de Rusia ni de China, y, de todos modos, ¿por qué tienen un "derecho de propiedad"? No hay documentos escritos, solo que un barco atracó allí hace cientos de años”.
Este aceite hirviendo está a punto de derramarse sobre Europa, esta semana, en Davos.
Milei ha demostrado repetidas veces que su alineamiento con Trump es incondicional. De manera que este miércoles, además de escuchar su receta para recuperar la moral de Occidente, asistiremos a un nuevo ejercicio de subordinación sin límites de la Argentina a los Estados Unidos de Trump, como el demostrado el sábado por el Presidente durante el discurso en Asunción por el acuerdo comercial con la Unión Europea.
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Cuando en el contexto actual el acuerdo Mercosur-UE es considerado una señal geopolítica a Washington de ambos lados del Atlántico, Milei aprovechó la ceremonia en Paraguay para soltar un elogio a la reciente intervención norteamericana en Caracas: “Valoramos la determinación y decisión demostradas por el presidente de los Estados Unidos en las acciones adoptadas en Venezuela que derivaron en la captura del narcoterrorista, dictador, Nicolás Maduro”.
En un mensaje de tono dramático destinado a Europa en medio de la cruda confrontación con Trump, el politólogo Francis Fukuyama advirtió ayer en X: “Los europeos creen que ceder Groenlandia apaciguará a Trump. No será así. Volverá por más después. Los países que resistieron las amenazas de Trump —Brasil, India, China— han tenido buenos resultados. Trump no es Estados Unidos: la mayoría de los estadounidenses están consternados por sus políticas y es probable que voten en su contra”.
Lo más grave no es la dependencia argentina de Washington. Es la dependencia de Trump.
ML