ENTREVISTA CLAVE TRAS SU FALLECIMIENTO

Ted Turner con Jorge Fontevecchia: "El futuro está en la Patagonia"

La muerte de Ted Turner resignifica una entrevista clave con Jorge Fontevecchia. En ese diálogo, el fundador de CNN abordó el futuro de los medios, la crisis ambiental, la superpoblación, el riesgo nuclear y el rol de la Patagonia como eje energético global.

Entrevista histórica a Ted Turner junto a Jorge Fontevecchia, hoy de valor documental tras su muerte Foto: CEDOC

La muerte de Ted Turner, ocurrida este miércoles, reabre una de las entrevistas más relevantes publicadas en la historia reciente de PERFIL. En enero de 2011, el empresario estadounidense —fundador de CNN y figura central en la revolución global de la televisión por cable— mantuvo una extensa conversación con Jorge Fontevecchia, en la que dejó definiciones sobre medios, poder, política internacional, medio ambiente y el futuro de la humanidad. La reedición de ese material no solo recupera la voz de uno de los magnates más influyentes del siglo XX, sino también el registro de una conversación que hoy adquiere valor documental.

Turner expresó una mirada amplia sobre el mundo contemporáneo. En un tramo de la charla, advirtió sobre el riesgo nuclear, el colapso ambiental y la desigualdad global, y dejó una frase que atraviesa toda su reflexión: “Tenemos suficientes armas como para poder destruir el mundo en tan sólo una tarde”. Desde allí, la entrevista se desplegó entre la lógica del negocio mediático, la geopolítica y una preocupación constante por el futuro de la especie humana.

De los carteles a la televisión global: la lógica de lo imposible

Turner reconstruyó su ingreso a la industria sin nostalgia y sin azar romántico, sino como una lectura temprana de un cambio estructural. “No. Entré en escena cuando sólo había tres cadenas de televisión en Estados Unidos, y en todo el mundo, prácticamente, había tres o cuatro canales”, recordó. El punto de partida no fue la oportunidad, sino la escasez del sistema.

Su decisión de comprar una cadena de UHF en Atlanta apareció como una apuesta contra la evidencia disponible: “Estaba llegando nueva tecnología que permitía canales adicionales. Lo analicé y, con el propósito de expandir la distribución de mi pequeña cadena de televisión en Atlanta, decidí que estuviera disponible vía satélite para luego ofrecerla a los sistemas de cable de todo el país”.

En ese momento, la certeza era inexistente: “Mientras lo estaba haciendo, pensaba: ‘Parece que va a funcionar’”, explicó, subrayando el carácter intuitivo de la decisión.

El homenaje de Jorge Fontevecchia a Ted Turner: el adiós al visionario que reinventó el periodismo

Pero lo decisivo no era el resultado, sino el método. Turner definió esa etapa como una ruptura con la lógica de validación previa: “Sin embargo, no había ninguna prueba de que aquello funcionaría, porque nunca antes se había hecho. El pasado se supera haciendo cosas que nadie intentó antes”.

En esa línea, encadenó su pensamiento con una genealogía de innovadores que funcionaron como respaldo simbólico de su propia práctica: “Como lo que hizo Bill Gates con Microsoft… o Edison y la bombita de luz, o Alexander Graham Bell y el teléfono”. La comparación no fue decorativa: fue estructural. Lo ubicó dentro de una tradición donde la innovación no fue mejora, sino creación de categoría.

Desde ahí, Turner volvió al centro de su lógica: la anticipación. “una vez que me di cuenta de que aquello podría funcionar, comencé a pensar: ‘¿Cuál sería el próximo paso?’”. Y amplió ese principio más allá del negocio: “Para los negocios, trato de pensar a futuro: ‘¿Cuál es el camino acertado a seguir?; ¿Hacia dónde quiero orientar mis esfuerzos?’”, explicó, extendiendo la idea a otros planos de su vida.

CNN: más tiempo, no más teoría del periodismo

Cuando la conversación ingresó en CNN, Turner desmontó la idea de una revolución conceptual del periodismo. “No creo que realmente estuviéramos intentando cambiar el concepto de las noticias”, dijo sin matices. Lo que existía era una diferencia de escala temporal.

Lo que hacíamos era que las noticias estuvieran disponibles todo el tiempo y se trataran con mayor profundidad, porque teníamos más tiempo que los otros noticieros”, explicó. Y lo tradujo en una comparación casi matemática: “los otros noticieros estaban al aire dos horas al día más o menos; nosotros las 24 horas”.

La consecuencia no fue ideológica, sino estructural: “Era obvio que tuviéramos programas más largos. Presentábamos el doble de noticias que los otros”.

Ted Turner, en Buenos Aires: viajó del sur para operarse de apendicitis

En esa lógica apareció su definición más sintética del sistema informativo. Frente a la pregunta por el famoso eslogan de CNN, Turner lo redujo a una operación de selección bajo saturación: "Es bastante simple. Le llegan todas las noticias, pero no puede abarcarlas todas”. El criterio no fue absoluto, sino probabilístico: “Debe elegir la que crea más importante para los lectores. Básicamente, así es como lo hacíamos nosotros”.

Y allí introdujo una idea clave para entender su visión del periodismo: la noticia no es universal, sino relacional. “Una noticia siempre va a tener alguien a quien le resulte interesante”, afirmó.

Incluso los extremos convivieron en el mismo sistema de valor informativo: “A algunos les resulta interesante que una gata haya tenido 15 gatitos. Para algunos, eso es noticia. Obviamente, un bombardeo es siempre una gran noticia”.

El mundo como sistema bajo presión: armas, hambre y colapso

Aunque el eje de la pregunta fue mediático, Turner desplazó la conversación hacia un plano más amplio sin transición abrupta. “No sé si me preguntará sobre las armas nucleares, pero uno de los temas en los que más estoy trabajando ahora es librar al mundo de las armas nucleares”, introdujo.

El diagnóstico fue directo: “Podríamos destruir el mundo ahora. Tenemos suficientes armas como para poder destruir el mundo en tan sólo una tarde”.

A partir de ahí, el problema dejó de ser tecnológico y se volvió demográfico y ambiental. “Mil millones de personas padecen hambre, y vamos a sumar otras mil millones más”, advirtió. Y proyectó una línea de colapso: “Dentro de 15 años, va a ser imposible”.

Su razonamiento no fue moral sino sistémico: “Sería mejor que hubiera menos gente pero que viviera bien, en lugar de mucha gente que viviera mal”. Y conectó supervivencia con conducta: “Quién está viviendo mal no puede pensar demasiado en preservar el medio ambiente: tiene que cortar un árbol porque necesita leña”. El resultado, según su lectura, fue acumulativo: “Si continuamos cortando todos los árboles, es el fin”.

Desde CNN compararon a Javier Milei con un “Wolverine de bajo presupuesto”

Cuando el diálogo volvió explícitamente al terreno político, Turner endureció su posición. “Deben terminar con las guerras”, dijo, sin condicionales. Y extendió el argumento a la región: “No puede haber más guerras. Las armas son demasiado destructivas: con ellas volamos las escuelas, los puentes, los hospitales”. El énfasis no estuvo en la geopolítica sino en la destrucción de infraestructura civil: “Todo ello fue muy difícil de construir, ¿verdad?”.

Su conclusión fue casi normativa: “Debemos comenzar a actuar con inteligencia”.

Sobre el origen de CNN como fenómeno global, Turner también bajó cualquier épica fundacional. No hubo teoría del cambio, sino extensión del tiempo disponible: “Lo que hacíamos era que las noticias estuvieran disponibles todo el tiempo”.

Y el impacto no estuvo en la intención, sino en la consecuencia: más horas, más volumen, más continuidad, donde la transformación apareció como efecto directo de la escala.

Turner también habló sobre el origen de CNN Internacional, pero desde una lógica de expansión casi orgánica, atravesada por un episodio inesperado que terminó de definir el rumbo del proyecto. “Yo lo venía pensando pero luego, me dijo que me invitó porque había leído acerca de CNN”, recordó. En ese proceso, apareció una circulación no prevista del canal más allá de las fronteras estadounidenses: “Había averiguado y descubrió que podía tener CNN en Cuba, porque en esos tiempos no controlaban si la señal iba más allá de las fronteras”.

La emotiva carta del periodista de la CNN José Levy al Papa Francisco: "Descanse en paz, mi amigo"

En ese punto, la historia se vuelve concreta y casi cinematográfica. “Así que tenía una antena parabólica y lo veía”, explicó. El impacto del medio ya no era teórico, sino inmediato. Turner reconstruyó el momento clave que terminó de consolidar la idea de una señal global: “Me comentó que la noche en que asesinaron al presidente de Egipto, Sadat, fue a su oficina –que es donde estaba su televisor– y se pasó toda la noche allí”.

El relato adquiere densidad en la rutina interrumpida: “Nunca pasaba una noche entera allí, o casi nunca. Iba a lugares diferentes porque nunca sabía cuándo Estados Unidos nuevamente intentaría asesinarlo. Lo intentaron unas veinte veces más o menos. Eso es lo que me han dicho”.

En ese contexto de tensión política global, la televisión pasó a ser un dispositivo de vigilancia permanente del mundo. “Me contó que estuvo despierto toda la noche para ver lo que sucedería después de Sadat”, recordó Turner. Y allí aparece la frase que reordena todo el proyecto: “Me dijo: ‘Tengo que tener CNN’”.

La consecuencia fue inmediata en su razonamiento empresarial: “No sólo yo tengo que tenerlo, sino también todos los líderes del mundo”. A partir de esa demanda, Turner condensó el giro conceptual del canal: “Entonces, pensé: ‘Tiene que estar disponible para todo el mundo. Porque si Fidel Castro, un comunista, pidió tenerlo, la gente en Nigeria, en Egipto y en todo el mundo también necesitan tenerlo’”.

Desde esa expansión, CNN se consolidó como el dispositivo que hizo posible una nueva relación con el acontecimiento: la noticia en tiempo real.

Internet, el futuro del periodismo y el final de las “revoluciones únicas”

Ante la pregunta de Jorge Fontevecchia sobre el futuro de las noticias en Internet y su impacto en los medios tradicionales, Turner planteó una visión de transformación continua, sin punto de estabilización. “Ya ha afectado enormemente al periodismo y a todo en general. Creo que seguirá haciéndolo”, respondió, ubicando el fenómeno como irreversible.

Pero inmediatamente introdujo una idea de desplazamiento permanente de la innovación: “Quizás aparezca algo más moderno que Internet. Eso es lo que ha estado pasando”. En su lectura, la tecnología no se consolida: se reemplaza.

El diagnóstico se volvió más estructural cuando analizó la aceleración del cambio: “La velocidad a la que la tecnología está cambiando y evolucionando parece estar aumentando, no disminuyendo”. Y añadió una dimensión histórica al proceso: “Transcurrió mucho tiempo antes de que las mejoras tecnológicas se convirtieran en algo de todos los días. Ahora todo se mueve más rápido”.

Desde esa aceleración, Turner cerró su respuesta con una conclusión de incertidumbre controlada: “Por ello, es muy difícil predecir cuál será el futuro de los medios dentro de veinte años”.

El intercambio con Fontevecchia derivó luego hacia el reconocimiento de nuevas figuras tecnológicas y la comparación con el propio Turner como referente histórico de los medios globales. Consultado sobre la elección de Mark Zuckerberg como “Hombre del Año” por Time, respondió sin atribuirle demasiada carga simbólica: “No lo he pensado demasiado”.

Javier Milei cruzó al periodismo, en medio de un fuerte bloqueo a la prensa en Casa Rosada

En cambio, volvió a ubicar su centro de interés en otra agenda: “Mi mayor esfuerzo está centrado en el tema de las armas nucleares, el calentamiento global, el medio ambiente y mis restaurantes”. Y justificó ese desplazamiento con una lógica de ritmo vital: “Lo bueno de estar en el negocio de los restaurantes es que la tecnología no cambia mucho. He trabajado a un ritmo vertiginoso durante muchos años y entonces es agradable desacelerar un poco”.

Sin embargo, al ser interpelado por el rol de la tecnología como herramienta en su carrera —en la conversación con el CEO de PERFIL—, Turner introdujo una idea más conceptual: “No ha existido una sola persona que a lo largo de su vida haya liderado más de una revolución”.

Y amplió esa idea con un ejemplo histórico: “¿Cuál fue el revolucionario que trajo libertad a Sudamérica?”. Ante la respuesta de Fontevecchia —“San Martín y Bolívar”—, Turner cerró su argumento: “Bueno, a lo largo de sus vidas, hicieron sólo una revolución. Yo hice la revolución de la televisión por cable. Es bastante. No más, amigos”.

La conclusión no fue solo autobiográfica, sino generacional: “Eso queda para los más jóvenes. Yo ya hice una. Tengo 72 años, quiero ir a pescar. Intento desacelerar un poco”.

Encuesta: quiénes son los periodistas más influyentes en el mundo digital en Argentina

Ted Turner: periodismo, inmediatez y exceso de información

Cuando Fontevecchia introdujo el problema de la inmediatez extrema en los medios contemporáneos —todo visible, todo registrado en tiempo real—, Turner respondió con una forma de cautela intelectual: “Esta es una pregunta muy compleja. Se podría escribir un libro entero sobre esta pregunta”.

Al ser consultado sobre el rol de Fox News en la era Obama, fue pragmático: “Veo más que nada CNN, porque quiero ver qué están haciendo, pero no he notado que en Fox News sean súper críticos de Obama”. Y relativizó el fenómeno: “En algún momento, todo el mundo es crítico del presidente”.

Sobre la tensión entre audiencias y sensacionalismo, evitó juicios normativos: “cada lector o televidente es diferente. El periodismo sensacionalista ha existido siempre”. Y concluyó que no existía una ruptura estructural en el comportamiento del público: “La gente que ve los noticieros más serios y la gente que ve los noticieros sensacionalistas son más o menos la misma proporción de siempre”.

Respecto al caso argentino y al enfrentamiento entre gobiernos y medios, Turner evitó pronunciarse: “Como no hablo español, no leo ni veo las noticias locales. No puedo responder esa pregunta con precisión”.

El periodismo no defiende el bolsillo de la gente

Incluso en el análisis de sistemas mediáticos más pequeños, mantuvo una lógica comparativa abierta: “Me parece genial. Mejor que haya más canales de noticias. Creo que cuanta más información tengamos de puntos de vista diferentes, mejor”.

En otro tramo final de la conversación con el CEO de PERFIL, el eje se desplazó hacia la regulación de medios y el caso argentino. Turner comenzó por una observación técnica de su propia estrategia global: “Cuando comencé, quería llegar a todo el mundo en la mayor cantidad de idiomas posible”.

Y explicó el crecimiento regional de CNN desde una ventaja lingüística: “Es muy conveniente que en Latinoamérica todos los países, excepto Brasil, sean hispanohablantes. De este modo, un único idioma sirve para todos”.

Desde allí, justificó su expansión histórica: “Fue tan fácil traer CNN en español. Fui el primero en programar televisión satelital en español”. Y reforzó su narrativa de pionero: “Fui el primero en lograr muchas cosas, pero esa fue muy importante porque fuimos los primeros en llegar antes que las empresas locales. Muchos años”.

El peligroso asedio de Javier Milei contra el periodismo profesional

Ante la advertencia de Fontevecchia sobre el impacto de una eventual Ley de Medios en Argentina, Turner respondió con una síntesis pragmática: “Roguemos que no suceda”.

La Patagonia como laboratorio del futuro energético

La conversación que mantuvo Ted Turner con Jorge Fontevecchia derivó, en un momento clave, hacia una lectura global del presente atravesada por la demografía, el ambiente y la energía. El empresario partió de una idea que repitió con insistencia a lo largo del diálogo: el crecimiento poblacional como eje del colapso sistémico.

“Cuando yo nací, hace setenta años, había 2 mil millones de personas. Durante la vida de un solo hombre… la población se ha cuadruplicado”, señaló Turner ante el CEO de PERFIL, antes de trazar una comparación directa con otras especies: “La población de elefantes se redujo en el 90%. Los océanos están colapsando. Todo está colapsando”.

En su razonamiento, el problema no era solo el número, sino la relación entre población y calidad de vida. “Si la población mundial fuese de 2 mil millones, todos tendrían una calidad de vida como la de los Estados Unidos y Europa”, sostuvo, y agregó una hipótesis de equilibrio ambiental: “Estaríamos viviendo de un modo mucho más sustentable. Tendríamos más bosques y más pesquerías”.

Turner vinculó ese diagnóstico con prácticas productivas contemporáneas: “Estamos llevando a cabo todas las actividades del sector primario… de una manera muy poco sustentable”, advirtió, al tiempo que describía fenómenos climáticos extremos que observaba durante su estadía en la región. El empresario conectó la escena local con una escala planetaria.

¿El periodismo es el guardián de lo justo?

El eje de la entrevista giró cuando Turner introdujo la Patagonia como posibilidad energética. “Tenemos el viento. Aquí, en la Argentina, tienen a un paso miles de millones de dólares en energía eólica”, afirmó. Y propuso una transformación estructural: “Tenemos que crear una conexión digital desde la Patagonia… y así la Argentina podría quedar libre de combustibles y de cualquier problema de contaminación”.

En su visión, la transición energética era total. “Los motores a nafta son cosa del pasado, así como la energía generada a través de la quema de carbón”, sostuvo. Y proyectó un futuro completamente electrificado: “Vamos a cargar nuestros autos a la noche con la energía eólica… vamos a limpiar la contaminación de las ciudades”.

Fontevecchia intervino para llevar la idea a su síntesis geográfica: “El futuro está en la Patagonia”. Turner coincidió sin matices: “Absolutamente. El futuro está en la Patagonia. El viento sopla casi todos los días. Es uno de los recursos más grandes del mundo”.

La discusión se volvió más concreta cuando Fontevecchia le preguntó por la posibilidad real de ese desarrollo. Turner insistió en la diferencia entre potencial y ejecución: “Es una excelente oportunidad pero hay que trabajar en ella. No se está haciendo mucho actualmente. Hay mucho debate, pero lo que necesitamos es acción”.

El periodismo es actor de conflictos

Ted Turner sobre la planificación global

El diálogo con Jorge Fontevecchia se desplazó hacia la política demográfica global. Turner retomó su argumento central: la superpoblación como variable crítica del sistema mundial.

Yo creo que el aborto es algo terrible”, dijo al abordar el caso de China, aunque inmediatamente enmarcó su respuesta en términos estructurales. “Si no hubiesen tenido la política de un solo hijo, habría 250 millones más chinos… y el país ya está superpoblado”.

Frente a una pregunta de Fontevecchia sobre su propuesta de planificación poblacional, Turner amplió su enfoque hacia una lógica de administración global: “No tenemos un plan para el mundo. No tenemos una planificación poblacional para el mundo”, sostuvo.

Su razonamiento se apoyó en una analogía con el mundo editorial: “Cuando estás planificando una publicación… planea cuál será su circulación, cuál es su mercado… y, a partir de ese plan, hace los cálculos económicos necesarios”.

¿Hacia un periodismo de editores y opinadores, sin ladrilleros?

En ese marco, planteó la necesidad de acceso universal a métodos de control de natalidad: “Sabemos que, como mínimo, debemos proveer a las mujeres que así lo deseen con mecanismos de control de natalidad”, afirmó. Y agregó una cifra que reforzó su diagnóstico: “Hay 500 millones de mujeres en el mundo que quisieran usar mecanismos de control de natalidad pero no pueden solventar ese gasto”.

Turner cerró el argumento con una idea de equilibrio social y económico global, que el CEO de PERFIL recogía en el intercambio como parte de una conversación más amplia sobre desarrollo: “De lograrlo, estaríamos reduciendo el crecimiento poblacional y, así, podríamos igualar las posibilidades educativas y de crecimiento profesional de hombres y mujeres”.

Ted Turner: vida, legado y el borde del tiempo

La conversación con Jorge Fontevecchia ya se acercaba a su tramo final cuando Ted Turner introdujo, sin preguntas de por medio, una imagen que funcionó como síntesis de toda su visión del mundo: la de su propia tumba. “Aquí yace Ted Turner”. Lo dijo como quien ordena un pensamiento que lo había acompañado durante años, casi como un ejercicio de cierre anticipado.

En su libro —que le leyó a Fontevecchia durante la entrevista— reconstruyó ese gesto con mayor amplitud. “Al acercarme a mi cumpleaños número 72, estoy completamente agradecido por la increíblemente apasionante vida que tuve la suerte de vivir”, escribió. Y allí, en medio de la enumeración de logros, vínculos y proyectos, colocó el centro emocional de su relato: “De todos mis logros, de lo que más orgulloso estoy es de mis hijos”.

Turner detalló el recorrido de su familia como si también formara parte de su obra. Habló de Laura, de Teddy, de Rhett y de Beauregard, y de cómo cada uno había construido su propio camino. “Mis cinco hijos pertenecen a la comisión directiva de la Fundación y los veo hoy más que nunca reflejados en mis once bisnietos”, escribió.

ADEPA cuestionó la exclusión de periodistas tras la reapertura de la sala de prensa en Casa Rosada

A Fontevecchia le señaló, con una mezcla de orgullo y distancia, que su mayor aprendizaje no había sido empresarial sino humano: “Hice lo mejor que pude para lograr que mis matrimonios funcionen y es un gran orgullo para mí haber visto crecer a mis hijos y convertirse en adultos tan humanitarios, bondadosos y productivos”.

Luego volvió sobre CNN, el proyecto que lo había convertido en figura global. “Con respecto a mi carrera, estoy particularmente orgulloso de haber creado CNN y espero que esta fuerte señal global continúe siendo una fuerza utilizada para hacer el bien”, dijo, advirtiendo al mismo tiempo sobre su posible deriva: “y que resista la tentación de ser arrastrada por la creciente caída del periodismo en el amarillismo”.

El tono se volvió más íntimo cuando recordó su relación con la filantropía y con otros grandes donantes. “He disfrutado la donación de mil millones de dólares a las Naciones Unidas. Ha sido una gran emoción y ver todo el bien que se ha hecho con ese dinero ha sido increíblemente gratificante”, afirmó ante el CEO de PERFIL.

Y en esa misma línea, dejó una reflexión sobre el tiempo vivido y el que quedaba. “Mirando hacia atrás, como cualquiera lo haría, si tuviera que vivir mi vida nuevamente, hay cosas que haría diferente pero ha sido un recorrido sorprendente y hay muy pocas cosas de las que me arrepiento”.

También evocó a su padre como origen de su impulso. “Estoy particularmente agradecido por el consejo de mi padre de establecer objetivos tan altos que no pueda alcanzarlos en toda mi vida”, recordó.

El diablo viste de Wintour: el perfil de la mujer que transformó la industria global del lujo y el periodismo

Antes de cerrar ese tramo, Turner se permitió un juego con su propia memoria futura. “Solía pensar en qué me gustaría que dijera la lápida de mi tumba”, le dijo a Fontevecchia, casi como una confidencia final. Y ensayó distintas versiones de ese epitafio imaginario, hasta llegar a una síntesis más definitiva: “Hoy me inclino por la idea de que ya no hay más nada que decir”.

En el tramo final de la entrevista, el tono se desplazó hacia una dimensión casi histórica. Turner amplió su mirada sobre la especie humana como si hablara desde una escala temporal distinta. “Nos debemos a los 3 millones de años que nuestros ancestros han vivido aquí para asegurarnos que vamos a proteger nuestro futuro en los próximos 3 millones de años”, sostuvo.

Ante Fontevecchia, insistió en una idea de responsabilidad colectiva que atravesó toda su conversación: “Tenemos que eliminar el analfabetismo, las enfermedades, la pobreza, el dolor y el sufrimiento”.

Y cerró con una síntesis que condensó su pensamiento político, ambiental y moral: “Estamos a un paso de la catástrofe pero estamos, también, a un paso del paraíso. Sé que podemos hacerlo pero tenemos que trabajar juntos y empezar ahora mismo”.

La entrevista terminó sin estridencias. Turner dejó flotando la imagen de un hombre que había hablado durante horas sobre el futuro del mundo, pero que al final regresaba una y otra vez a la misma idea: todo depende del tiempo, de lo que todavía pueda hacerse antes de que el tiempo se nos agote.

 

NG