Salud pública

Aumentan los casos de coqueluche: qué es, cuáles son sus síntomas y qué tratamientos recomiendan los expertos

La patología respiratoria causada por una bacteria registró un ascenso en la curva epidemiológica local. El Ministerio de Salud de la Nación reforzó la vigilancia sobre la inmunización en menores.

Coqueluche Foto: CeDoc

El incremento de diagnósticos de coqueluche, conocida popularmente como tos convulsa, encendió las alarmas de las autoridades sanitarias argentinas durante el primer cuatrimestre de 2026. La enfermedad infecciosa respiratoria aguda, producida por la bacteria Bordetella pertussis, afectó principalmente a la población pediátrica que no completó los esquemas obligatorios de prevención

Según el reporte oficial de la agencia Noticias Argentinas, la dinámica de transmisión se aceleró en áreas urbanas de alta densidad. El Ministerio de Salud de la Nación detectó que la mayor incidencia ocurre en lactantes menores de seis meses, quienes presentan el mayor riesgo de desarrollar cuadros graves o complicaciones fatales. La cartera sanitaria remarcó que la vacunación es la única herramienta eficaz para controlar la propagación del patógeno en el territorio nacional.

El proceso infeccioso de la tos convulsa atraviesa tres etapas diferenciadas.

La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) define a la coqueluche como una afección altamente contagiosa que se transmite por microgotas de saliva expulsadas al toser o estornudar. La bacteria coloniza el epitelio respiratorio y libera toxinas que dañan los cilios de las vías aéreas, lo que provoca una inflamación severa y persistente. El cuadro clínico se caracteriza por accesos de tos violentos que impiden la respiración normal del paciente.

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Qué es la coqueluche y cuáles son sus síntomas principales

El proceso infeccioso de la tos convulsa atraviesa tres etapas diferenciadas. La fase inicial o catarral dura entre una y dos semanas, con síntomas similares a un resfriado común: secreción nasal, fiebre leve y tos ocasional. No obstante, en esta instancia es cuando el individuo posee la mayor capacidad de contagio hacia su entorno cercano.

La segunda etapa, denominada paroxística, presenta los signos más distintivos de la enfermedad. Los pacientes sufren ataques de tos rápidos e ininterrumpidos que finalizan con un sonido inspiratorio agudo conocido como "estridor". Estos episodios derivan frecuentemente en vómitos, agotamiento extremo y cianosis (coloración azulada de la piel por falta de oxígeno).

El Ministerio de Salud de la Nación detectó que la mayor incidencia ocurrió en lactantes menores de seis meses.

En los recién nacidos y lactantes pequeños, los síntomas no siempre incluyen la tos característica. En estos casos, la coqueluche se manifiesta mediante episodios de apnea, donde el bebé deja de respirar por lapsos breves, o dificultades severas para alimentarse. "La detección temprana en neonatos es crítica para evitar fallos respiratorios permanentes", afirmaron especialistas en infectología pediátrica.

Cuál es el tratamiento y cómo se previene la coqueluche

El tratamiento clínico de la afección se basa en la administración de antibióticos específicos como la claritromicina o la azitromicina. Estos fármacos resultaron efectivos para eliminar la bacteria de las vías respiratorias y reducir el periodo de contagio, aunque su impacto en la duración de los síntomas es limitado si no se aplican en la fase inicial del cuadro.

La prevención se centra exclusivamente en el Calendario Nacional de Vacunación. El esquema vigente en Argentina incluye la vacuna quíntuple a los 2, 4 y 6 meses de vida, con un refuerzo a los 15-18 meses. Luego se aplica la triple bacteriana celular al ingreso escolar y la triple bacteriana acelular a los 11 años y en cada embarazo a partir de la semana 20.

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"Resultó fundamental que las personas gestantes se vacunen en cada embarazo para transferir anticuerpos al feto", detalló el último informe técnico de la cartera de salud. Esta estrategia buscó proteger al neonato durante los primeros meses de vida, periodo en el que todavía no completó su propio esquema de inmunización primaria.

 

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