Rebrote de casos

El científico que descubrió el hantavirus había advertido: “Las ratas infectadas están por todo el mundo”

La trayectoria del virólogo que identificó el hantavirus vuelve al centro del debate sanitario tras nuevos episodios que reactivaron la vigilancia internacional. Sus hallazgos demostraron que los roedores urbanos pueden portar virus peligrosos mucho más allá de zonas rurales.

Ho Wang Lee, el científico que descubrió el hantavirus Foto: Academia Nacional de Ciencias de la República de Corea

El hantavirus volvió a instalarse en la agenda sanitaria internacional tras la detección de nuevos casos de la cepa Andes en el sur argentino y reactivó una advertencia clave para epidemiólogos y autoridades de salud. Se trata de un virus transmitido por roedores, con circulación global y potencial para provocar cuadros graves.

La preocupación actual remite a una advertencia formulada hace décadas por Ho Wang Lee, el científico que logró identificar por primera vez al patógeno responsable de la fiebre hemorrágica con síndrome renal. “Las ratas infectadas están por todo el mundo”, había asegurado, al demostrar que el riesgo no era local ni excepcional, sino que desde 1950 se estaba extendiendo a escala global.

El tema volvió a la agenda pública tras un brote reciente detectado en el crucero MV Hondius, que activó protocolos de vigilancia sanitaria internacional. Según datos informados por la Organización Mundial de la Salud, el episodio afectó a 11 pasajeros de distintos países que viajaban por Argentina y Chile y obligó a reforzar tareas de rastreo, aunque el riesgo para la población general sigue siendo considerado bajo.

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Durante la Guerra de Corea, entre 1951 y 1953, más de 3.000 soldados coreanos y de las Naciones Unidas enfermaron gravemente por una dolencia desconocida. Presentaban fiebre alta, hemorragias, shock e insuficiencia renal, y la mortalidad rondaba el 10%. La enfermedad fue bautizada como fiebre hemorrágica coreana, pero su causa permaneció sin explicación durante más de veinte años.

Ho Wang Lee, nacido en 1928 en una región montañosa que hoy pertenece a Corea del Norte, se formó como médico en la Universidad Nacional de Seúl y amplió sus estudios en la Universidad de Minnesota. Tras especializarse en encefalitis japonesa, regresó a su país y comenzó a interesarse por aquella enfermedad que había golpeado con fuerza a soldados y campesinos.

En la década de 1970, junto a su equipo, inició una investigación de alto riesgo que consistía en capturar roedores cerca de la línea de alto el fuego entre Corea del Norte y Corea del Sur. El trabajo era peligroso y precario. En una ocasión, Lee fue confundido con un espía y arrestado por militares; en otras, investigadores de su equipo contrajeron la enfermedad durante las tareas de campo.

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Tras años de fracasos y falta de financiación, el punto de inflexión llegó cuando decidió analizar un órgano que hasta entonces había sido descartado: los pulmones de ratones de campo. Al aplicar técnicas de inmunofluorescencia, observó una reacción luminosa inesperada. Según describió más tarde: “Apareció una luz amarilla, como la Vía Láctea en el cielo nocturno. Había descubierto una nueva estrella.”

En 1976, Lee anunció el descubrimiento del virus causante de la fiebre hemorrágica, que luego fue denominado Hantavirus, en honor al río Hantaan cercano a la zona donde se capturaron los roedores. Según la investigación, los humanos se infectaban al inhalar partículas en suspensión liberadas al remover orina, saliva o heces de roedores infectados, o al tocar objetos contaminados.

A partir de allí, desarrolló un kit diagnóstico y, en 1990, impulsó la primera vacuna, Hantavax, aplicada masivamente a soldados surcoreanos en áreas de riesgo, aunque su eficacia sigue siendo discutida y nunca fue aprobada en Estados Unidos ni Europa.

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De un problema rural a una amenaza urbana y global

Durante años se creyó que la enfermedad solo afectaba a zonas rurales de Asia y que los principales grupos de riesgo eran agricultores y soldados. Esa idea cambió radicalmente en 1980, cuando Lee identificó una cepa distinta del virus en ratas pardas que vivían en un edificio de departamentos en Seúl.

El descubrimiento del llamado virus de Seúl encendió las alarmas. La rata parda (Rattus norvegicus) es una de las especies más comunes del mundo y se desplaza junto a los humanos en barcos, trenes y aviones. Esto implicaba que el hantavirus podía circular silenciosamente en grandes ciudades y puertos internacionales.

Los estudios posteriores confirmaron esa sospecha. En una investigación internacional de 1985, se analizaron sueros de 3.137 ratas urbanas recolectadas en Corea, Japón, Estados Unidos y varios países del Mediterráneo. El resultado fue contundente: “Estos resultados indican que las ratas infectadas por Hantavirus están ampliamente distribuidas en áreas urbanas y puertos del mundo.”

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Sin embargo, el legado de Lee no se limitó al descubrimiento del virus. También impulsó el desarrollo de un kit diagnóstico y participó en la creación de la primera vacuna, Hantavax, autorizada en Corea del Sur en 1990 y aplicada durante años a soldados en zonas de alto riesgo, aunque su eficacia sigue siendo motivo de debate y no fue aprobada en Estados Unidos ni en Europa.

Lee se desempeñó como director del Instituto de Enfermedades Virales de la Universidad de Corea y, a partir de 1980, encabezó el centro de investigación sobre fiebre hemorrágica con síndrome renal de la Organización Mundial de la Salud. En 2021, la firma de análisis científico Clarivate lo incorporó a su lista de investigadores considerados “merecedores del Premio Nobel”, en función del impacto de trabajos que superaron las 2.000 citas académicas. El científico murió en Seúl el 5 de julio de 2022.