Grifos sin agua, vitrinas cerradas, pocas llegadas, pocas salidas.
Así ha sido la difícil situación del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Venezuela en Maiquetía, aproximadamente a una hora de la capital, Caracas, tras años de mala gestión y sanciones económicas de Estados Unidos. A medida que los inversionistas regresan, poco a poco va recuperando color.
La mayoría de los baños ya están funcionando nuevamente. Los locales comerciales que llevaban años vacíos están reabriendo. Los servicios para pasajeros, como las salas VIP, las zonas de espera, el alquiler de autos y los hoteles cercanos, están mejorando a medida que las autoridades dan la bienvenida a aerolíneas internacionales, como parte de un esfuerzo más amplio por restaurar la principal puerta de entrada del país tras una prolongada era de aislamiento.
“Por primera vez en una década y media, hay mucha anticipación positiva hacia el mercado aeronáutico en Venezuela”, dijo Peter Cerdá, vicepresidente regional en la Asociación de Transporte Aéreo Internacional para las Américas (IATA, por sus siglas en inglés).
“Debe haber mejoras de infraestructura, terminal, pistas y servicios. Eso requiere inversión, entrenamiento y recursos que en estos momentos han sido muy limitados”, señaló Cerdá. “Estamos al comienzo de un proceso que va a ser largo”.

Al menos seis aerolíneas internacionales reanudaron sus vuelos en marzo, entre ellas Avianca, de Colombia, Latam Airlines, de Chile, Turkish Airlines, Air Europa y la brasileña Gol. American Airlines, a través de su aerolínea regional Envoy, tiene previsto volver tras la aprobación a principios de marzo por parte del Departamento de Transporte de EE.UU. de su solicitud para operar vuelos a Caracas y Maracaibo desde Miami. Aún no se ha anunciado ninguna fecha oficial.
El renacimiento está empezando a desplazar a un grupo de aerolíneas emergentes como Laser y Avior, que prestaban servicio a Venezuela cuando las aerolíneas más consolidadas no lo hacían.
La reapertura cobra impulso ya que la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, está desmantelando rápidamente las sanciones y fomentando la inversión extranjera en la golpeada industria petrolera de Venezuela. Hace unas semanas, el Departamento de Estado moderó su advertencia de viajes a Venezuela al nivel 3, “reconsiderar el viaje”, desde el anterior nivel 4, “no viajar”.
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Saliendo del olvido
El restablecimiento de la conectividad podría eliminar una de las barreras más prácticas para los viajes de ejecutivos, las visitas a instalaciones y la negociación de acuerdos, y ya están surgiendo los primeros indicios de una actividad renovada. A finales de marzo, decenas de ejecutivos de fondos de cobertura y de la industria petrolera, entre ellos empresas como Kirkoswald Asset Management, T Rowe Price Group Inc. y la firma de inversión privada de Michael Platt, BlueCrest Capital, se reunieron en Caracas con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, lo que supone un giro para un país rico en recursos que durante mucho tiempo ha sido rechazado por los mercados mundiales.
“El transporte aéreo es un motor fundamental para cualquier país que quiera desarrollarse económicamente”, dijo Rodolfo Ruiz, abogado aeronáutico. “La reactivación de aerolíneas nos vuelve a poner en el mapa”.

Aunque Caracas está a un paso de Miami, Bogotá y Panamá, las conexiones internacionales actuales siguen siendo una fracción de lo que eran hace una década, con solo unos 90 vuelos semanales. Esto contrasta con los casi 360 que había antes de que las principales aerolíneas se retiraran en la década de 2010, cuando los controles de divisas, las deudas impagas y las preocupaciones de seguridad las obligaran a salir del país. La mayor parte de los atrasos heredados, que la IATA cifra en un total de US$3.800 millones, fueron finalmente dados por perdidos por las aerolíneas.
“Ya estamos casi como estábamos antes de noviembre de 2025”, comentó Marisela de Loaiza, presidenta de la Asociación de Líneas Aérea en Venezuela. “La idea es volver a lo que era antes de 2013”.
Aunque expertos afirman que el aeropuerto tiene capacidad para absorber más tráfico, la recuperación llevará tiempo para superar obstáculos estructurales, como la escasez de mano de obra y los riesgos de seguridad.
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“Si comparamos Maiquetía con aeropuertos de otros países cercanos como Colombia, vemos los años de atraso”, señaló el empresario venezolano Pedro Figueroa. “Hay poca tecnología. Los pasajeros tenemos que seguir llegando con horas de anticipación y recoger el equipaje te puede tomar más de una hora. El servicio en general no funciona como debería”.
La Administración Federal de Aviación de EE.UU. rebajó la calificación de Venezuela a la Categoría 2 de la IATA en 2019, alegando que el país ya no cumplía con las normas internacionales de seguridad aérea, con deficiencias en áreas como la experiencia técnica, las inspecciones y el mantenimiento de registros.
“Llegar al pico que tuvimos en 2013 es una meta bastante ambiciosa”, dijo Ruiz. Volver a una época en la que aerolíneas como Air France, Lufthansa y American Airlines operaban vuelos diarios será difícil debido a los cambios en el sector de la aviación, el impacto de la pandemia y la escasez de profesionales de la aviación, añadió.
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Un pasado glorioso
En su día, Maiquetía fue una de las principales puertas de entrada internacionales de América Latina, conectando a Venezuela con las principales ciudades de Europa, Norteamérica y el Caribe. En las décadas de 1970 y 1980, la riqueza petrolera impulsó un auge del transporte aéreo, y la desaparecida aerolínea estatal Viasa conectaba al país con docenas de destinos e incluso acogía vuelos del Concorde procedentes de París, un símbolo de la prosperidad pasada de Venezuela.
La ubicación geográfica del país caribeño hace que tenga el potencial para recuperar eventualmente su posición y convertirse en un hub regional, un papel que ahora desempeñan Panamá y Colombia. Según Rafael Echevarne, director general de Airports Council International para América Latina y el Caribe, el mayor obstáculo es que Venezuela no cuenta con una aerolínea de bandera comparable a Copa en Panamá.
“Para ser un hub se necesita tener una empresa que se encargue de realizar todas esas conexiones, en este momento ese elemento falta en Venezuela”, dijo Echevarne.

Mientras los operadores turísticos se preparan para una afluencia de viajeros, líderes industriales dicen que las implicaciones económicas más generales podrían ser más significativas.
“Es una bendición que teníamos tiempo esperando y que ahora vamos a aprovechar a su máximo”, indicó Dora Ríos, presidenta de la Asociación Venezolana de Mayoristas y Empresas de Representaciones Turísticas.
Viajar a Venezuela hoy en día sigue reflejando un país en transición. Los viajeros cuentan que las operaciones son más fluidas y los servicios básicos más fiables que en los últimos años.
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A pesar de los avances graduales, algo que no ha desaparecido son los omnipresentes carteles de “se busca” del líder opositor Edmundo González, un recordatorio de que a Venezuela aún le queda un largo camino por recorrer antes de volver a tiempos mejores.
GZ