La Argentina dio un paso inédito en su comercio exterior de economías regionales: por primera vez, el SENASA certificó la exportación de nueve toneladas de dorado y surubí cultivados en Misiones con destino a Brasil. El hito lo protagoniza Gerula Sociedad Anónima, una empresa que integró toda la cadena productiva y logró cumplir con los exigentes requisitos sanitarios del país vecino.
Miguel Ángel Gerula, director y cofundador de la firma explicó a Canal E, el alcance del logro: “Por primera vez vamos a estar hablando de dorado y surubí argentinos en el mercado brasileño”. Se trata de un avance estratégico que combina innovación productiva, agregado de valor y apertura de mercados.
De la piscicultura experimental a un modelo integrado
Gerula detalló que la piscicultura comenzó como una actividad secundaria en 2007. “Arrancamos tímidamente, nadie nos aseguraba que fuera posible reproducir estas especies”, recordó. El proyecto se desarrolló en tres etapas: reproducción, engorde y procesamiento. Para lograrlo, la empresa construyó reservorios de agua y una estación de reproducción propia.
El segundo gran desafío fue la calidad del producto. “Yo quería acercarme al sabor del pescado de río”, afirmó Gerula. Y fue más allá: “Hoy le puedo asegurar que el producto que hacemos tiene mejor calidad que el pescado extraído del medio natural”. La clave estuvo en protocolos estrictos, control del ciclo de vida y cuidado del sabor final.
Exportar con reglas claras y mirada de largo plazo
El ingreso a Brasil demandó meses de trabajo. “Pensamos que iba a durar una semana y nos llevó tres o cuatro meses”, señaló el empresario, al describir la meticulosidad del proceso de inscripción, rotulado en portugués y auditorías. Sin embargo, el resultado fue positivo: “Estamos teniendo muy buenas críticas con relación al producto”.
Gerula subrayó que la exportación no puede comprometer el mercado interno. “No podemos dejar sin producto a nuestros clientes locales”, sostuvo. Por eso, el crecimiento será gradual. “Hoy estamos trabajando para lo que vamos a vender dentro de doce meses”, explicó, considerando que el ciclo productivo del pez lleva entre 12 y 18 meses.
Respecto al impacto económico, fue cauto: “Vamos a dejar que el tiempo diga cuánto representa en divisas”. Destacó además que el precio de exportación es similar al local y que el tipo de cambio actual permite planificar. “Hoy las condiciones están dadas para exportar; antes era imposible”, concluyó.