En diálogo con Canal E, Juan Antonio Lázara, profesor titular de Historia del Arte, analizó el impacto cultural y económico del caso de Nicolás Rupani, el cartonero que recuperó archivos históricos del Teatro Colón tirados a la basura.
Pasaron 15 años de un episodio que expuso la fragilidad del patrimonio cultural argentino, el profesor Lázara volvió sobre la historia de Nicolás Rupani, el cartonero que encontró partituras y programas originales del Teatro Colón en un contenedor frente al teatro.
“Nicolás Rupani, un cartonero que merodeaba por Barrio Norte, pasó frente al Teatro Colón y juntó gran parte del archivo del Teatro Colón, partituras, programas, cartoneando, y la juntó justamente porque la habían tirado a la basura”, relató Lázara. El hallazgo, lejos de ser celebrado, derivó en una intervención policial y en la devolución del material por parte del recolector.
Según el historiador, el problema excede un caso puntual. “Se tiran a la basura todos los días decenas de archivos, bibliotecas, hemerotecas”, advirtió, y vinculó este fenómeno con la crisis del formato papel y la digitalización de contenidos.
La crisis del papel y el descarte del patrimonio
Lázara explicó que el pasaje al formato digital funciona como argumento para justificar la eliminación de bibliotecas y archivos físicos. “El paso del formato papel al formato digital ha determinado que en muchos colegios, institutos científicos, se tiran a la basura las bibliotecas y los archivos porque argumentan que ocupan lugar y nadie va”, sostuvo.
En esa línea, remarcó que el fenómeno se vuelve más grave cuando el material descartado posee valor histórico. “El fenómeno más grave es cuando esas bibliotecas, esos archivos tienen un valor además patrimonial, por lo cual fue el caso del Teatro Colón”, afirmó.
El especialista también denunció la estigmatización de quienes viven del reciclaje urbano. “Hay algo de estigmatización del cartonero”, señaló, y fue más allá al comparar niveles culturales: “Te puedo asegurar que hay muchos entrevistados por vos, que son grandes economistas y referentes, que algunos tienen menos cultura que estos cartoneros”.
Coleccionismo popular y economía emergente
Para Lázara, lejos de ser un circuito marginal, el trabajo de los cartoneros activa un mercado virtuoso. “Lo que estaba en la basura entra a circular en un mercado que yo le llamo coleccionismo popular, que habría que premiar y distinguir”, explicó.
Ese circuito incluye ferias como Parque Rivadavia o San Telmo, donde objetos rescatados adquieren nueva vida. Sin embargo, también denunció procesos de regulación que, a su juicio, empobrecen la diversidad de la oferta. “Ahora se acabó la sorpresa, porque el que tiene el permiso municipal se estandariza, te vende las mismas cosas que están en el Once”, criticó.
En su análisis, la economía popular no es residual: “En algunos países de Latinoamérica abarcan el 70% de la economía”, concluyó, al destacar la relevancia estructural de estos circuitos emergentes.
El caso de Rupani, que incluso debió recurrir a un abogado tras devolver el material, deja una pregunta abierta sobre la gestión cultural y el reconocimiento social: ¿quién protege realmente el patrimonio cuando el Estado lo descarta?