La industria pesquera argentina atraviesa uno de sus momentos más complejos en años. Con costos en alza, precios congelados y una rentabilidad en caída, el sector enfrenta una combinación de factores que ponen en riesgo su operatividad. Enrique Di Costanzo, gerente de la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera, fue contundente al definir el escenario: “estamos pasando una crisis terrible por el tema del combustible”, señalando que este insumo representa hoy más del 55% del valor de cada marea.
El impacto no se limita al combustible. Según explicó, la actividad enfrenta una “tormenta perfecta” marcada por suba de costos, precios atrasados y baja demanda. En ese contexto, sostuvo: “no hay manera de que el barco salga adelante”, lo que ya está provocando que muchas embarcaciones queden amarradas sin operar.
Costos en alza y rentabilidad negativa
Uno de los factores más preocupantes es la estructura de costos. A la suba del combustible —que registró incrementos del 34,6% en el último período— se suman cargas sociales cada vez más elevadas. Di Costanzo detalló que este componente pasó de niveles históricos bajos a cifras actuales alarmantes: “hoy estamos en el 25% de la masa salarial, es terrible”.
Además, explicó que el desfasaje financiero complica aún más la actividad: los costos se pagan de manera inmediata, mientras que los ingresos por la venta del pescado pueden demorar hasta 60 días. Esto genera un fuerte problema de liquidez en las empresas.
En cuanto a los ingresos, el panorama tampoco es alentador. El valor del cajón de pescado ronda entre 30.000 y 35.000 pesos, pero con costos crecientes, la ecuación ya no cierra. En ese sentido, afirmó: “hoy va a estar pérdida”, dejando en claro que la actividad dejó de ser rentable.
Exportaciones, impuestos y mercado deprimido
El sector depende en gran medida del mercado externo: alrededor del 95% de la producción se exporta. Sin embargo, el tipo de cambio actual y la presión impositiva afectan la competitividad. “Estamos con un dólar muy bajo”, explicó, lo que reduce los márgenes de ganancia.
A esto se suma un mercado interno debilitado. Según Di Costanzo, el bajo consumo también impacta en las ventas locales: “el mercado interno está deprimido, entonces no hay venta”. La combinación de ambos factores complica tanto a exportadores como a quienes abastecen el consumo doméstico.
Pese a los reclamos del sector, las respuestas oficiales no han sido suficientes. El dirigente señaló que se solicitaron medidas como reducción de impuestos o asistencia con el combustible, pero sin resultados concretos: “tuvimos varias reuniones y el resultado es totalmente negativo”.
La consecuencia directa de este escenario es la paralización parcial de la actividad. Muchas empresas optan por reducir la cantidad de salidas o directamente detener operaciones: “si hacíamos tres viajes, ahora hacemos uno o dos”, explicó.
Finalmente, advirtió que la situación podría agravarse si continúan las subas internacionales del petróleo: “si hay barcos parados van a quedar todos parados, va a ser imposible salir”, concluyó