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Empiria advierte que el mercado cambiario llegará sin aliento al segundo semestre y necesitará USD 19.000 millones

La consultora de Hernán Lacunza anticipó que la menor oferta estacional de divisas obligará a sostener el ingreso de préstamos e inversiones para evitar tensiones sobre el dólar y las reservas.

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Banco Central de la República Argentina | Cedoc Perfil

La economía argentina se aproxima a un segundo semestre con menos margen en el mercado de cambios. Un informe de la consultora Empiria, fundada por el exministro de Economía Hernán Lacunza, advierte que se termina la etapa de “abundancia relativa” de divisas y comienza un período en el que la oferta ya no alcanzará holgadamente para cubrir la demanda. El cálculo central indica que, después de descontar las obligaciones del sector público y el aporte esperado del comercio exterior, la cuenta financiera deberá proveer alrededor de USD 19.000 millones.

El análisis aparece en la edición 530 del informe de Empiria, titulada “Mercado cambiario sin holguras en el segundo semestre”. La expresión no supone necesariamente una crisis cambiaria inminente, sino un escenario en el que cualquier reducción del financiamiento o aumento de la demanda podría sentirse con mayor intensidad sobre el dólar. La estabilidad dependerá de que continúen ingresando préstamos, inversiones y colocaciones de deuda de empresas, provincias y otros actores privados.

Durante la primera mitad del año, la Argentina habría contado con fuentes de divisas por aproximadamente USD 37.000 millones. Esos recursos permitieron cubrir una demanda cercana a USD 30.000 millones vinculada con la dolarización de carteras, los viajes al exterior, los pagos de deuda y el giro de utilidades y dividendos. La diferencia positiva explica por qué el mercado pudo absorber compras privadas y, al mismo tiempo, permitir que el Banco Central adquiriera reservas.

Un primer semestre sostenido por el comercio exterior y los préstamos

El principal respaldo del mercado cambiario durante los primeros meses de 2026 fue el superávit comercial. Entre enero y mayo, la balanza de bienes acumuló un resultado positivo de USD 11.783 millones, impulsado por exportaciones por USD 40.359 millones e importaciones por USD 28.575 millones. Solo en mayo, el superávit alcanzó los USD 3.504 millones, con exportaciones que crecieron 34,4% interanual e importaciones que se redujeron 7%.

La fuerte oferta comercial coincidió con el período de mayor liquidación del complejo agroexportador. La cosecha gruesa concentra buena parte de sus ventas externas durante el segundo trimestre, por lo que el ingreso de dólares suele ser más elevado entre abril y junio. Esa estacionalidad cambia durante la segunda mitad del año, cuando el aporte del agro pierde intensidad y el mercado debe buscar divisas en otras fuentes.

A los dólares comerciales se sumaron los desembolsos y la liquidación de préstamos financieros. Empiria calcula que esa combinación permitió alcanzar fuentes totales cercanas a USD 37.000 millones y cubrir la salida de divisas sin una tensión significativa. La abundancia fue relativa porque una porción importante de los dólares recibidos fue absorbida rápidamente por las necesidades del sector privado y del sector público.

Los datos del Banco Central muestran la magnitud de esa demanda. En abril, las personas humanas realizaron compras netas de moneda extranjera por USD 3.199 millones, principalmente mediante la adquisición de billetes y transferencias sin destino específico. El mismo mes también registró salidas por viajes, servicios, intereses, utilidades y dividendos, aunque la cuenta corriente cambiaria terminó con un superávit de USD 1.333 millones.

Pese a esas salidas, el Banco Central consiguió comprar USD 2.770 millones en abril y otros USD 2.601 millones en mayo. A comienzos de junio, la autoridad monetaria ya había superado los USD 10.000 millones de compras acumuladas durante el año. Sin embargo, comprar dólares en el mercado no implica que todo ese monto termine aumentando las reservas netas, ya que también existen pagos de deuda, movimientos de encajes y cancelaciones con organismos internacionales.

El segundo semestre y una demanda de USD 36.000 millones

La ecuación se vuelve más exigente para el período comprendido entre julio y diciembre. Empiria estima que, con el tipo de cambio real vigente, la demanda total de divisas podría ascender a USD 36.000 millones. Ese monto contempla las necesidades del sector público, los pagos privados, la dolarización de carteras, el turismo y otros egresos de la cuenta corriente y financiera.

Dentro de esos USD 36.000 millones aparecen aproximadamente USD 11.000 millones correspondientes al sector público. La consultora considera que esos vencimientos se encuentran cubiertos mediante distintas fuentes de financiamiento, por lo que los excluye del cálculo sobre la presión que recaerá directamente en el mercado privado. Al retirar esa porción, quedan necesidades por unos USD 25.000 millones.

El problema es que el superávit comercial aportaría bastante menos que durante la primera mitad del año. Empiria proyecta que la balanza de bienes podría suministrar alrededor de USD 6.000 millones entre julio y diciembre. La diferencia entre los USD 25.000 millones de demanda privada y esos USD 6.000 millones comerciales deja una necesidad de financiamiento de USD 19.000 millones.

Ese monto debería llegar a través de la cuenta financiera. En términos prácticos, la Argentina necesitará nuevas emisiones de deuda corporativa y provincial, préstamos bancarios, inversión extranjera, financiamiento comercial y otros ingresos de capital. Si esos flujos no aparecen al ritmo esperado, el equilibrio podría alcanzarse mediante una suba del tipo de cambio, tasas de interés más altas, una reducción de importaciones o menores compras de reservas.

La desaceleración del financiamiento privado enciende una señal de alerta

La necesidad de obtener USD 19.000 millones no sería especialmente problemática si el acceso al financiamiento continuara expandiéndose. Sin embargo, Empiria detectó una desaceleración importante en las colocaciones de deuda de empresas y provincias durante los últimos meses. Las emisiones habrían pasado de aproximadamente USD 10.000 millones entre octubre y enero a unos USD 4.000 millones entre febrero y mayo.

La comparación muestra que el ritmo reciente de financiamiento se ubica por debajo de lo necesario para cerrar cómodamente la ecuación del segundo semestre. No significa que los USD 19.000 millones deban obtenerse exclusivamente mediante bonos, pero sí que el mercado necesitará una combinación más amplia y sostenida de ingresos financieros. La inversión directa y los desembolsos asociados con energía, minería e infraestructura serán fundamentales para reducir la dependencia de colocaciones de corto plazo.

El contexto financiero internacional también será determinante. Una suba de las tasas estadounidenses, un aumento de la aversión global al riesgo o un deterioro del precio de las materias primas podría encarecer el crédito y disminuir la oferta de dólares hacia los mercados emergentes. Por el contrario, una reducción del riesgo argentino y una mejora en la confianza podrían facilitar nuevas operaciones de empresas y gobiernos provinciales.

La evolución del tipo de cambio real también influirá sobre la demanda. Un dólar que avance por debajo de la inflación puede incentivar importaciones, turismo y dolarización, mientras reduce la competitividad de algunas exportaciones. En cambio, una corrección cambiaria moderada podría reducir la demanda de divisas, aunque también tendría consecuencias sobre los precios internos y el proceso de desinflación.

El Gobierno tendría cubiertos los vencimientos de 2026

La situación del sector público aparece como el elemento más favorable del informe. Según Empiria, el Gobierno consolidado enfrenta vencimientos en moneda extranjera por aproximadamente USD 11.000 millones hasta fin de año, pero podría reunir fuentes por cerca de USD 14.000 millones. Ese excedente teórico permitiría cumplir las obligaciones sin competir agresivamente con el sector privado por los dólares disponibles.

Entre las fuentes conocidas se encuentra el desembolso de USD 1.000 millones aprobado por el Fondo Monetario Internacional después de la segunda revisión del programa. El giro elevó los desembolsos acumulados del acuerdo y reforzó temporalmente la posición de liquidez del Gobierno. El cumplimiento del programa sigue condicionado, sin embargo, a la acumulación de reservas y a la recuperación de un acceso sostenible al crédito privado.

También se suma el paquete aprobado por el Banco Mundial para movilizar hasta USD 2.000 millones en préstamos comerciales. La operación combina garantías del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y de la Agencia Multilateral de Garantía de Inversiones, con el objetivo de reducir el costo financiero de la Argentina. El préstamo respaldado tendría un plazo de seis años y un período de gracia de tres años.

El Tesoro también recurrió a emisiones de deuda en dólares bajo legislación local y a otras herramientas para obtener divisas sin volver plenamente al mercado internacional. Estas operaciones forman parte de una estrategia destinada a refinanciar vencimientos y evitar que los pagos soberanos reduzcan directamente las reservas del Banco Central. El programa público puede estar cubierto, pero eso no elimina la necesidad de que el sector privado genere sus propios dólares.

Qué variables definirán la estabilidad del dólar

El informe de Empiria ubica a la cuenta financiera en el centro de la discusión económica para el segundo semestre. El comercio exterior seguirá mostrando superávit, pero ese resultado ya no sería suficiente para atender todas las necesidades del mercado cambiario. La diferencia deberá cubrirse con financiamiento, inversiones o una modificación en los precios relativos que reduzca la demanda.

Una de las principales variables será el ritmo de acumulación de reservas. Las reservas brutas finalizaron abril en USD 44.516 millones, aunque el nivel neto es considerablemente menor por los pasivos del Banco Central y los compromisos pendientes. Por ese motivo, el mercado observará no solo cuánto compra el organismo, sino cuánto consigue conservar después de afrontar pagos y movimientos financieros.

También será relevante la evolución del superávit energético. El crecimiento de las exportaciones de petróleo y gas puede compensar parcialmente la menor liquidación agrícola y reducir la histórica dependencia de las importaciones energéticas. Sin embargo, el desarrollo de Vaca Muerta y de la minería todavía debe sostener un flujo creciente de inversiones para transformarse en una fuente estructural de divisas.