El comportamiento de los precios en alimentos y productos básicos muestra señales de desaceleración, pero el panorama para los comercios sigue siendo complejo. Fernando Savore, representante de la Federación Nacional de Almaceneros, explicó en Canal E que el inicio del año estuvo marcado por fuertes aumentos: “Si hacemos un arco desde enero al día de la fecha, enero fue un mes de muchos aumentos”, detalló, con subas acumuladas cercanas al 10% en rubros como lácteos.
Sin embargo, ese incremento no vino acompañado de una mejora en las ventas. Por el contrario, el dirigente señaló que “febrero fue un mes de caída de ventas importante”, situación que se profundizó en marzo, donde “no llegamos al nivel de ventas que necesitábamos”. A pesar de que en la última semana se percibe cierta calma en los aumentos, Savore advirtió que los incrementos previos ya impactaron en el consumo.
Inflación moderada, pero alimentos por encima del promedio
En cuanto a la evolución de precios, Savore estimó que la inflación general se mantendría en niveles similares al mes anterior. “Seguiremos en un 3,5% nuevamente y sí, la inflación será de un 2,9%”, proyectó, marcando que los alimentos continúan por encima del índice general.
El comerciante también cuestionó la lógica de formación de precios: “Parece que siempre los empresarios intentan el abuso”, afirmó, en referencia a subas vinculadas al combustible que, según indicó, no justifican los incrementos finales.
Además, remarcó que el consumidor tiene un rol clave: “Después está el tema si la gente lo convalida o no”, lo que se traduce en una menor rotación de productos cuando los precios se disparan.
La caída del consumo, el mayor desafío
Para el sector, el problema central no es la inflación sino la pérdida de ventas. Savore fue contundente: “La caída del consumo es lo que más preocupa”, ya que impacta directamente en la capacidad de los comercios para sostener sus costos operativos.
En ese sentido, describió la situación límite que enfrentan muchos comerciantes: “¿Compramos mercadería o vamos a pagar la luz?”, planteó, reflejando la tensión entre mantener el stock y cumplir con los gastos fijos.
La dinámica del consumo también obliga a ajustar las compras: “Yo compro en función del cliente, si el cliente no compra, yo no necesito abastecer”, explicó. Esto genera un efecto en cadena que impacta en proveedores y fabricantes, quienes se ven obligados a retroceder precios ante la falta de ventas.
Finalmente, Savore resumió el contexto que enfrentan las familias: “Cada vez puede comprar menos”, debido al aumento de tarifas y servicios que no es acompañado por los salarios. Así, el comercio minorista queda atrapado entre precios en alza y un consumo cada vez más restringido.