La supuesta finalización de la ofensiva militar de Estados Unidos contra Irán quedó rápidamente en duda tras declaraciones contradictorias dentro del propio gobierno. Según explicó Henrik Rehbinder, el secretario de Estado había anunciado el cese de hostilidades, pero el propio presidente desmintió esa postura. “Rubio dijo que la guerra había terminado… y hoy el presidente Trump dijo que los va a volver a bombardear”, resumió.
Esta situación, lejos de traer claridad, profundiza la incertidumbre internacional. “Esto nos deja otra vez en la incertidumbre”, sostuvo Rehbinder, al remarcar que no hay una estrategia coherente. Mientras desde el Departamento de Estado se hablaba de una fase humanitaria, el discurso presidencial volvió a escalar el conflicto.
Detrás de este giro, el analista señaló una motivación política interna. “Trump decidió decir que terminó la guerra para no tener que entrar con el Congreso”, explicó, en referencia a la normativa que obliga a solicitar autorización legislativa tras 60 días de conflicto armado.
Un conflicto sin resolución y con impacto global
El escenario actual muestra a ambas partes en una posición de aparente victoria. “Los dos creen que han ganado”, indicó Rehbinder: Estados Unidos por su despliegue militar y ataques, e Irán por haber resistido. Sin embargo, no hay avances concretos en una negociación que permita desescalar el conflicto.
Las diferencias entre las condiciones de ambas partes son profundas. Mientras Washington exige limitaciones nucleares y control estratégico, Irán plantea demandas que resultan inaceptables para la Casa Blanca. “Estamos un poco como en el principio”, graficó el periodista.
La incertidumbre también genera preocupación en los países del Golfo y en Europa. Rehbinder explicó que Estados Unidos busca involucrar a los europeos para garantizar el flujo de petróleo, pero estos evitan tomar partido. “Los europeos no quieren quedar mal con Irán”, afirmó, debido al temor a represalias o escaladas indirectas.
Petróleo, inflación y presión interna en EE.UU.
El impacto económico ya se hace sentir, especialmente en el precio del combustible. “El petróleo sube, la inflación en Estados Unidos sube”, advirtió Rehbinder. Incluso compartió un dato concreto: “He pagado 7 dólares por un galón en Los Ángeles”, reflejando el malestar social creciente.
En el plano político interno, el conflicto tampoco favorece al presidente. “Hay un 56% de los estadounidenses que están en contra de la guerra”, señaló, lo que explica en parte la decisión de evitar al Congreso. A esto se suma un escenario electoral complejo, con avances demócratas en distintos distritos.
Finalmente, Rehbinder destacó que la falta de rumbo claro es el principal problema. “No está claro cuál es la posición de Estados Unidos, si la de Rubio o la de Trump”, concluyó. En ese contexto, el mundo observa con cautela, mientras la tensión geopolítica sigue condicionando tanto la economía global como la estabilidad regional.