España atraviesa una transformación demográfica sin precedentes, con un crecimiento sostenido de la población extranjera en las últimas décadas. Según Lucas Luchilo, profesor de Historia Latinoamericana en Ciencias Políticas, el cambio ha sido profundo y estructural: “España tuvo una transformación migratoria sustancial en los últimos 25 años”.
El especialista detalló la magnitud del fenómeno con cifras contundentes: “en el 2000 había un millón y medio de inmigrantes que eran alrededor del 4% de la población”, mientras que en la actualidad “hay cerca de 10 millones de nacidos en el extranjero que son cerca del 20% de la población española”.
Este crecimiento no fue lineal, sino que estuvo marcado por distintas etapas. Luchilo explicó que hubo dos grandes ciclos de expansión: “con dos momentos de expansión entre 2000 y 2009... y de 2016 a 2026”, ambos vinculados a contextos económicos favorables.
América Latina, protagonista del nuevo flujo migratorio
En la etapa más reciente, el perfil migratorio cambió significativamente. Luchilo destacó: “esta última etapa... lo que aumentó más significativamente fue la cantidad de personas originarias de América Latina”, con fuerte presencia de países como Colombia, Venezuela y Argentina.
El especialista explicó que, a diferencia de la primera ola migratoria —donde predominaban europeos del Este y africanos—, el nuevo flujo tiene una marcada identidad latinoamericana. Este cambio responde tanto a factores de atracción en España como a crisis en los países de origen.
En ese sentido, subrayó el caso venezolano como ejemplo paradigmático: “la salida venezolana... está asociada a las condiciones políticas y económicas de Venezuela después de 2014”, lo que impulsó la migración hacia territorio español.
Economía y política migratoria: factores determinantes
Para Luchilo, el principal motor de la inmigración está vinculado al mercado laboral. En sus palabras: “los ciclos de crecimiento de la inmigración están asociados con ciclos económicos de cierta bonanza en España”.
De hecho, durante la crisis económica global, el flujo migratorio se frenó: “entre 2009 y 2016... se paró la inmigración e incluso cayó”, evidenciando la fuerte relación entre empleo y migración.
En paralelo, el especialista señaló desafíos en la gestión estatal. “España tiene una política de inmigración bastante abierta, pero con algunas dificultades serias de diseño y de gestión”, afirmó.
Uno de los principales problemas es la recurrencia de regularizaciones masivas. Luchilo explicó: “es un país que no tiene una administración migratoria muy estricta”, lo que genera un aumento de la población en situación irregular.
Como consecuencia, estas políticas derivan en tensiones internas: “esto tienda a resolverse con procesos de regularización que generan también algunas tensiones sociales y políticas importantes”.
En este contexto, España enfrenta el desafío de sostener su crecimiento económico sin descuidar la cohesión social, en un escenario donde la inmigración ya es un componente central de su estructura poblacional.