La inteligencia artificial avanza con fuerza en el ámbito de la salud y comienza a transformar la práctica médica. Según explicó Sebastián Di Doménica, especialista en IA, a Canal E, su uso se expandió rápidamente en los últimos años.
“Se calcula que a nivel mundial, de 2024 a 2026, se duplicó el uso de la IA a nivel medicina”, señaló, destacando que Argentina sigue esta tendencia, aunque desde una base más baja.
El especialista remarcó que, por ahora, la inteligencia artificial cumple principalmente un rol de apoyo: “Se empieza a usar como asistente”, explicó. En este sentido, se aplica en la mejora de diagnósticos, análisis de datos y desarrollo de tratamientos más precisos.
Este enfoque se conoce como medicina aumentada: “Poner al servicio de la medicina la guía para lograr mejores diagnósticos”, resumió.
Terapias personalizadas: avances y límites actuales
Uno de los casos recientes que despertó interés global fue el desarrollo de una vacuna personalizada para tratar el cáncer en un animal, utilizando herramientas como ChatGPT y AlphaFold.
Sobre este punto, Di Doménica aclaró el alcance real: “Para que esto se generalice en seres humanos falta mucho”, advirtió.
El tratamiento se basa en terapias genéticas personalizadas, que comparan ADN sano y enfermo para diseñar soluciones específicas. Sin embargo, hoy presentan grandes limitaciones: “Estamos hablando de terapias personalizadas”, remarcó, lo que implica altos costos y complejidad.
Además, el especialista estimó que su aplicación masiva aún está lejos: “Van a faltar 10, 15 años para que esto se pueda generalizar”.
Uso en Argentina y desafíos pendientes
En el ámbito local, la IA ya tiene aplicaciones concretas, principalmente en asistencia médica. “Se está utilizando mucho la inteligencia artificial a nivel médico, pero en asistencia”, explicó.
Entre sus usos más frecuentes se encuentran la interpretación de estudios clínicos, la personalización de tratamientos y la vigilancia epidemiológica. “Se pueden avanzar en vigilancia epidemiológica”, destacó, mencionando su aplicación en enfermedades como el dengue.
Sin embargo, también existen riesgos y desafíos. “Puede generar un problema entre la relación médico-paciente”, advirtió, señalando la posible dependencia tecnológica.
A esto se suman cuestiones clave como la falta de regulación y la privacidad de los datos: “Hay un problema con la privacidad”, indicó.
Pese a estos obstáculos, el especialista se mostró optimista: “Es una mirada muy optimista la que hay que plantear”, concluyó, resaltando el enorme potencial de la inteligencia artificial para revolucionar la medicina en los próximos años.