Julio Gambina, especialista en economía y política, aseguró en diálogo con Canal E que la Argentina atraviesa un proceso de desindustrialización vinculado a la apertura importadora y a un cambio estructural del modelo productivo.
El cierre de la empresa de neumáticos FATE reavivó el debate sobre la industria nacional y el empleo. Para Gambina, el fenómeno es claro: “Sí, y hay que asociarlo a dos temas muy importantes”, afirmó al ser consultado sobre si existe una desindustrialización en marcha.
Según explicó, uno de los factores es coyuntural y responde al objetivo oficial de bajar la inflación. “Una forma de bajar la inflación es la apertura indiscriminada, que está generando impacto en los precios”, señaló. En ese marco, describió el comportamiento del consumidor: “La lógica del consumidor es buscar algo barato y bueno”, en un contexto donde los ingresos de trabajadores, jubilados y también empresarios se encuentran deteriorados.
Apertura importadora y cierre de empresas
Gambina vinculó directamente esta dinámica con el cierre de firmas y la pérdida de empleo. “Todo industrial que puede sustituir producción por importación lo hace”, sostuvo, al explicar que si producir localmente resulta más costoso, las empresas optan por importar.
En ese sentido, fue contundente: “La apertura importadora, política pública, política deliberada, consciente como te decía para bajar la inflación, es lo que está destruyendo estas más de 21 mil empresas que han cerrado”. Además, citó cifras preocupantes: “65 mil puestos de trabajo perdidos hasta noviembre del año pasado en el sector industrial”, a los que se suman los meses recientes.
El economista también mencionó el caso del aluminio y la competencia con China, al advertir que incluso grandes compañías reclaman condiciones para competir. El problema, explicó, no se limita a una empresa puntual, sino que atraviesa a todos los rubros industriales.
Reestructuración productiva y precarización laboral
Para Gambina, el fenómeno no es solo coyuntural. “Acá hay una política deliberada de reestructuración productiva de la Argentina”, afirmó. A su entender, el objetivo es transformar al país en una plataforma de servicios y proveedora de recursos para grandes inversores en agro, energía y minería.
En paralelo, describió un fuerte cambio en el mercado laboral: “Tenés pérdida de trabajadores regularizados”, con alrededor de 320 mil empleos formales menos, mientras crece el trabajo por cuenta propia y en plataformas digitales. Aunque la tasa de desempleo no se dispara, aclaró que eso responde a una redefinición estadística: personas que realizan “changas” o trabajan en aplicaciones son consideradas ocupadas. El resultado, advirtió, es precarización.
Sobre la competencia internacional, reconoció: “China se ha transformado en la fábrica del mundo, casi no hay producto que China no fabrique”. Frente a ese escenario, planteó la necesidad de un debate estratégico: “Hay que discutir qué producir, cómo producir, para quién producir, cómo distribuir”, y aprovechar ventajas comparativas como la producción de alimentos con mayor valor agregado y desarrollo científico-tecnológico.
Para el especialista, la discusión de fondo pasa por definir un modelo productivo que priorice empleo de calidad e ingresos, evitando que la competitividad se base en salarios más bajos o peores condiciones laborales.