En diálogo con Canal E, Sebastián Waisgold, economista, explicó que la volatilidad global responde a un patrón clásico de crisis geopolítica: fortalecimiento del dólar, suba del petróleo y caída de activos de riesgo, con posibles consecuencias directas sobre la inflación mundial y local.
“Estamos viendo mercados, o sea, una reacción de mercados que es bastante clásica cuando ocurre un conflicto geopolítico”, describió el entrevistado.
En ese marco, detalló tres variables clave: “Suba del petróleo, suba del dólar a nivel mundial y caída de acciones de riesgo”, un combo que presiona a las economías emergentes y complica la estrategia de baja de tasas en el mundo.
Petróleo, Estrecho de Ormuz e inflación global
Waisgold advirtió que el conflicto tiene un punto neurálgico en el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Ese factor explica el salto del crudo y su impacto transversal.
El economista recordó que el encarecimiento del petróleo no sólo afecta la energía, sino toda la cadena productiva: transporte, construcción y alimentos. “Cada vez que aparece este tipo de crisis se hace un risk-off”, insistió, subrayando que la huida hacia activos defensivos es automática.
Además, vinculó la suba del crudo con el desafío inflacionario global: “En el contexto mundial, donde se quiere atacar la inflación y suba del petróleo, creo que acá se puede complicar un poco también la baja más fuerte de tasas”. Es decir, un petróleo caro podría frenar la relajación monetaria en Estados Unidos y Europa.
Argentina ante la “sábana corta”
En clave local, Waisgold planteó un dilema estructural. Por un lado, la Argentina puede beneficiarse por mayores exportaciones energéticas —con foco en Vaca Muerta—, pero al mismo tiempo enfrenta riesgos inflacionarios.
El economista recordó que el país viene de una apreciación del peso y de una baja de tasas en un contexto de inflación estancada en torno al 2,9%. “Si el petróleo sube, eso le va a pegar de lleno a los productos y a todo lo que es la logística”, alertó.
Según mencionó, incluso informes de Morgan Stanley estiman que la suba del crudo podría sumar entre 2% y 4% adicional de inflación, sin contar un eventual rebote del dólar.
El impacto también alcanzaría al gas y a las industrias que lo utilizan como insumo clave. “Cada vez que sube el petróleo le pega generalmente a todos los derivados”, explicó, advirtiendo que un invierno más crudo podría agravar el cuadro.
Para Waisgold, el escenario es desafiante: mayores ingresos por exportaciones pueden fortalecer la balanza comercial, pero el traslado a precios internos podría neutralizar ese beneficio. La incógnita central es si el conflicto será temporal o prolongado, porque de eso dependerá la profundidad del impacto en inflación, dólar y actividad económica.