La escalada de tensión en el Estrecho de Ormuz vuelve a encender las alarmas globales, aunque detrás del despliegue militar se esconde una dinámica menos visible. Según explicó Juan Negri, analista internacional, el escenario actual no responde a una inminente guerra, sino a una estrategia de presión.
“En este momento tenemos a Estados Unidos bloqueando el Estrecho de Ormuz”, afirmó, y detalló que el objetivo es trasladar el conflicto a un terreno donde Washington tiene ventaja. “La estrategia estadounidense es forzar a Irán a rendirse de alguna manera o llegar a un acuerdo desde una posición de debilidad”, agregó.
En ese sentido, el especialista sostuvo que la posibilidad de un enfrentamiento directo es prácticamente nula. “Irán no tiene la capacidad de enfrentar directamente a Estados Unidos mano a mano”, explicó, dejando en claro la asimetría militar entre ambas potencias.
Una negociación bajo presión
Lejos de una guerra convencional, Negri definió el escenario como una instancia de diálogo indirecto. “Lo que estamos viendo, aunque no parezca, es una negociación”, subrayó. Sin embargo, aclaró que se trata de un proceso condicionado: “Es una negociación coercionada”.
El despliegue militar estadounidense —con portaaviones y flotas en la zona— funciona como herramienta de presión. “Este ahorcamiento que está intentando Estados Unidos es para provocar un acuerdo más cercano a sus intereses”, sostuvo.
La estrategia apunta a debilitar a Irán antes de cualquier mesa de diálogo. De este modo, Washington busca imponer condiciones favorables en temas clave como el desarrollo nuclear y la influencia regional iraní.
Los puntos de conflicto que traban el acuerdo
Uno de los principales obstáculos para un entendimiento es el programa nuclear iraní. Según Negri, este tema constituye una línea roja para Estados Unidos. “Irán plantea la continuidad del programa nuclear, y eso es inaceptable para Washington”, explicó.
No obstante, dejó abierta la posibilidad de un compromiso intermedio. “Irán podría posponer por algunos años ese programa, en línea con acuerdos previos”, señaló, en referencia a negociaciones pasadas.
Otro punto de tensión es el reclamo de reparaciones por parte de Irán, algo que Estados Unidos rechaza de plano. A esto se suma la preocupación de Israel por el financiamiento de grupos como Hamas o Hezbollah. “Es un tema sensible porque representa una amenaza existencial para Israel”, indicó.
En este contexto, el conflicto en el Estrecho de Ormuz se mantiene en un delicado equilibrio: sin guerra abierta, pero con una fuerte presión geopolítica que redefine el tablero internacional.