Desde pequeños, todos hemos soñado con ser dueños de mágicos superpoderes: ser invisibles, vivir mil años o mover objetos con el pensamiento, entre otros. Mientras, la ciencia avanza, y demuestra que no se trata de algo tan imposible. A continuación, una lista de los superpoderes “casi posibles”, según publicó la revista El País Semanal en su edición de hoy.
La invisibilidad. El sueño de tornarnos invisibles no será posible, por lo menos en el corto plazo. Pero el año pasado se creó el escudo de invisibilidad que más se asemeja a la capa de Harry Potter. Es de un tipo de material que elimina la reflexión y la sombra de todo lo que cubre. Pero no de la luz que ve el ojo humano, sino de la radiación de microondas. Los investigadores intentan hacer ahora un escudo que funcione así con la luz visible.
Meterse dentro del propio cuerpo. Un proyecto financiado por la Unión Europea, llamado Vector, está desarrollando un microrobot, del mismo tamaño de una píldora, que se traga. El robot posee cámaras, sensores, minipinzas e instrumentos quirúrgicos. Su misión será avanzar por el interior del tubo digestivo para detectar, por ejemplo, lesiones cancerígenas.
Potenciar la memoria. Es posible que pronto lleguen al mercado píldoras sin efectos secundarios capaces de potenciar la memoria. Estas píldoras aspiran a devolver a un cerebro de 60 años la agilidad de uno de 20. Aunque algunos expertos advierten acerca del riesgo de terminar recordando mucho más de lo que queremos. O por el contrario, ¿podremos olvidar voluntariamente a un amante traidor? Un investigador de la Universidad de Nueva York, Joseph Le Doux, asegura que eso será posible.
Teletransportarse. Aunque ningún científico dice que hoy se esté cerca de lograr teletransportar a una persona, la investigación avanza en lo que se refiere a partículas. A pesar de encontrarse lejos, dos partículas pueden permanecer unidas. Así, cuando una de ellas cambia, la otra también lo hace. El año pasado, un grupo de la Universidad de Copenhague logró por primera vez transportar información entre luz y materia, dos objetos diferentes situados a medio metro de distancia.
Vivir mil años. Antes se creía que los seres humanos envejecíamos a una edad ya programada, algo así como un reloj biológico que llevaría a las células a perder su vitalidad en determinado momento. Pero la longevidad parece estar regulada por la acción conjunta de muchos mecanismos de reparación, que eliminan los “errores” acumulados en las células a lo largo de la vida.
“Todo depende de que sepamos cómo “repararnos” y cuánto se invierta en hacerlo. La ciencia ficción de que algún día se podrán reparar los tejidos ( de las células) y vivir muchísimo... a mí me parece que algún día (lejano) será realidad”, dijo Manuel Serrano, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España.
Crear vida artificial. Todo indica que el mito de Frankestein podrá hacerse realidad en este siglo. Pero se tratará de un microorganismo, no de un monstruo, y nacerá de un laboratorio. Craig Venter, el inventor de la técnica que permitió acelerar la secuenciación del genoma humano, este año dio un paso más allá. Y en vez de copiar un organismo presente en la naturaleza, quiere crear el primer micoroorganismo artificial en la Tierra, y para eso está trabajando.
La telequinesia. Los científicos se acercan poco a poco al sueño de controlar objetos con el pensamiento. La revista Nature publicó el caso de un tetrapléjico de 25 años que se implantó un sensor diminuto capaz de registrar la actividad de docenas de neuronas. Las señales eran instantáneamente decodificadas y enviadas a una computadora. El joven aprendió a abrir el correo electrónico moviendo un cursor, por ejemplo, con una simple orden mental.
John Donogue, neurocientífico de la Universidad de Brown, afirma que estos resultados “permiten esperar que algún día podamos activar los músculos de las extremidades con las señales que envían las neuronas, reestableciendo el control cerebro- músculo”.
Pero, otros científicos, advierten que aún falta mucho para eso. José Carmena, investigador de la Universidad de Berkley, dice que la técnica sólo avanzará cuando se aprenda a registrar actividad neuronal con gran detalle desde fuera del cerebro. Esto permitiría, por ejemplo, mientras uno está sentado y controla un robot, escribir un texto sin necesidad de teclear.