CIENCIA
Desenterrando mitos y prejuicios

Para la antropología, ricos y famosos eran los de antes

El misterio del cadáver de Facundo Quiroga en el cementerio de la Recoleta. Cómo la antropología ayuda a redescubrir nuestros orígenes. La basura de los tiempos de Rosas y su valor histórico.

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Las búsquedas y descubrimientos de los antropólogos forenses de restos de desaparecidos durante la dictadura quizás contribuya a sepultar la fantasía de algunas personas, que suelen vincular a la antropología con las aventuras de personajes de ficción como Indiana Jones o Lara Croft.

Y, tal vez, también cumplan este objetivo algunos hallazgos de carácter histórico, que permitieron develar misterios no resueltos sobre nuestros orígenes como Nación. Uno de ellos fue, sin dudas, el de la tumba de Facundo Quiroga en el cementerio de la Recoleta, según explican Daniel Schávelzon y Ana Igareta en el libro “Viejos son los trapos. De arqueología, ciudades y cosas que hay debajo de los pisos”.

El escándalo comenzó cuando trascendió, para sorpresa de todos, que en la tumba de Facundo no había ningún cadáver. Asesinado en 1853 en el paraje de Barranca Yaco, su familia había trasladado el cuerpo a Buenos Aires para enterrarlo en el panteón de la familia de su madre, de apellido Demarchi. Hasta ahí, la historia oficial.

“Se había pedido que el panteón fuera declarado Monumento Histórico Nacional y tal declaración se volvía absurda si hacía referencia a una tumba sin muerto. Era necesario explorar la posibilidad de que Quiroga hubiera sido emparedado de pie en algún lugar de la bóveda, tal suposición se basaba en la nunca comprobada leyenda de que los hombres valientes se hacían enterrar parados para mirar a Dios a los ojos”, señalan Schávelzon e Igareta.

El objetivo primordial fue revisar el mausoleo mediante técnicas no destructivas. Una minuciosa revisión de la arquitectura de la bóveda puso en evidencia que por dentro tenía forma de cruz a la que le faltaba un brazo. “Decidimos buscar – agregan los autores de “Viejos son los trapos” (Siglo Veintiuno) - una herramienta de indagación que pudiera leer qué había más allá de esa pared: el uso de un radar de alta tecnología logró hacerlo y el resultado fue la detección de un nicho disimulado tras un muro simple. Ahí, efectivamente, estaba don Facundo. Y estaba de pie en un sarcófago de bronce”. El misterio estaba resuelto.

Basura de valor histórico. Otros descubrimientos trascendentales para los historiadores se alcanzaron a partir de los trabajos de excavación en la casa de María Josefa Ezcurra, cuñada de Juan Manuel de Rosas.

“El pozo de basura de la vivienda puso en evidencia la coexistencia de un impactante lujo europeo, objetos propiedad de la familia Ezcurra, con elementos representativos de la más extrema pobreza, propiedad de sus esclavos, mostrando los dos mundos que convivían en la misma casa, sin siquiera paredes o rejas que los separaran”, concluyen los investigadores.