La comunicación de las ballenas, en particular la de los cachalotes, podría estar mucho más cerca del lenguaje humano de lo que se creía hasta ahora. Un estudio científico reciente concluyó que estos cetáceos utilizan estructuras vocales que presentan paralelismos claros con la fonética y la fonología de las lenguas humanas, un descubrimiento que redefine los límites conocidos de la comunicación animal.
La investigación se centró en el análisis de los sonidos que producen los cachalotes -conocidos como codas- y determinó que no se trata solo de clics repetitivos, sino de secuencias organizadas con variaciones comparables a vocales humanas. Según los científicos, estos patrones no solo transmiten información, sino que lo hacen mediante reglas estructurales complejas.
El trabajo señala que los cachalotes comparten con los humanos un ancestro común de hace más de 90 millones de años, pero que estas similitudes en la comunicación no responden a un origen compartido, sino a una evolución independiente. Esto refuerza la idea de que sistemas comunicativos avanzados pueden surgir en contextos biológicos muy distintos.
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El trabajo fue publicado en la revista científica Proceedings B y forman parte de los avances más recientes del Proyecto CETI, una iniciativa dedicada a estudiar y traducir la comunicación de los cetáceos mediante tecnologías avanzadas, incluida la inteligencia artificial.
Cómo se comunican los cachalotes y por qué su sistema se parece al lenguaje humano
Los cachalotes se comunican mediante secuencias de clics cortos llamadas "codas", que durante décadas fueron interpretadas como señales simples. Sin embargo, el nuevo análisis mostró que estas codas varían en duración, ritmo y tono, generando combinaciones que funcionan de forma análoga a las vocales del habla humana.
Los investigadores identificaron que los cachalotes pueden modificar los clics para producir efectos similares a tonos ascendentes y descendentes, un recurso comparable al que utilizan lenguas humanas como el mandarín. También se observaron diferencias entre clics breves y prolongados, que cumplen funciones distintivas dentro de la comunicación.

El estudio sostiene que la estructura de estas vocalizaciones presenta “paralelismos estrechos con la fonética y la fonología de las lenguas humanas, lo que sugiere una evolución independiente”. Además, subraya que las codas de los cachalotes son “sumamente complejas y representan uno de los paralelismos más cercanos a la fonología humana de cualquier sistema de comunicación animal analizado”.
Durante el trabajo de campo, los científicos comprobaron que estos intercambios vocales se producen principalmente cerca de la superficie, cuando los animales emergen tras inmersiones profundas que pueden durar hasta 50 minutos. Es en esos breves momentos cuando los cachalotes “conversan”, manteniendo sus cabezas muy próximas entre sí.
Según explicó David Gruber, fundador y presidente del Proyecto CETI, este hallazgo obliga a revisar la mirada antropocéntrica sobre la inteligencia: “Creo que es otro momento que nos invita a la humildad, al darnos cuenta de que no somos la única especie con vidas ricas, comunicativas, comunitarias y culturales”.
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Gruber añadió que “estas ballenas podrían haber estado transmitiendo información de generación en generación durante más de 20 millones de años” y subrayó que recién ahora los humanos cuentan con herramientas capaces de analizar esa complejidad de manera sistemática.
Inteligencia, cultura y el desafío de comprender el lenguaje de las ballenas
El nivel de sofisticación detectado en la comunicación de los cachalotes sorprendió incluso a especialistas en lingüística animal. Gašper Beguš, director del estudio, afirmó que la complejidad observada supera la registrada en otras especies estudiadas, como loros o elefantes.
“Ellos llevan una vida muy diferente a la nuestra: no están pegados al suelo todo el tiempo, flotan en el agua, duermen en posición vertical”, explicó Beguš. Y agregó: “Sin embargo, te das cuenta de que hay mucho que nos une. Tienen abuelas, se cuidan las crías unas a otras, dan a luz en colaboración, son muy ruidosas durante el parto. Es una inteligencia muy lejana, pero en muchos sentidos muy cercana”.

Desde una mirada externa al estudio, el ecólogo del comportamiento Mauricio Cantor señaló que la investigación demuestra que “la comunicación de los cachalotes no se limita a patrones de clics, sino que implica múltiples capas de estructura interconectadas”. Para el especialista, este trabajo permite entender que esas señales “se organizan de maneras que antes no habíamos apreciado del todo”.
El Proyecto CETI se propuso como objetivo identificar y comprender al menos 20 expresiones vocales distintas asociadas a acciones concretas, como bucear o dormir, en los próximos cinco años. La meta final es lograr una interpretación más completa del significado de estos sonidos.
Para Gruber, la posibilidad de comprender plenamente lo que dicen las ballenas, o incluso comunicarse con ellas, sigue siendo un desafío a largo plazo, pero no imposible: “Está totalmente a nuestro alcance. Ya hemos avanzado mucho más de lo que creía posible. Pero requerirá tiempo y financiación. En este momento somos como un niño de dos años, que apenas dice unas pocas palabras. Dentro de unos años, tal vez seamos como un niño de cinco años”.