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COLUMNISTAS / Intereses privados y públicos
sábado 28 marzo, 2020

Crisis de paradigma

Tras la mega crisis del coronavirus está claro que en clave neoliberal ya no se puede pensar más.

Unidad. “Solo el trabajo mancomunado logrará atenuar el mal. Hoy, la Patria es el otro.” Foto: AFP
sábado 28 marzo, 2020

Cuando Milton Friedman daba cuenta de la contundencia de las crisis para alterar paradigmas de pensamiento, estaba lejos de imaginar que su brillante percepción también sería aplicable para desmoronar todo lo dicho a partir de su propia cosmovisión económica y social que está en las bases del neoliberalismo planetario. Sostuvo entonces el economista estadounidense: “Solo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”.

Friedman tenía razón y la mega crisis sanitaria, económica y social inducida por el coronavirus ha sido el punto de quiebre para dar por iniciado un proceso inexorable que el filósofo Thomas Kuhn definiera como “crisis de paradigma”.

En la visión de Kuhn se considerará a una anomalía particularmente grave si se advierte que afecta a los propios fundamentos de un paradigma y resiste cualquier intento de resolverla por parte de los miembros de la comunidad profesional hegemónica. También se considera que las anomalías son serias si incumben a alguna demanda o necesidad social apremiante.

Nos enfrentamos a problemas conceptuales inherentes al corpus doctrinal del neoliberalismo en este caso, más que a otros de índole metodológica y/o tecnológica

Este podría ser el caso, por ejemplo, de la actual necesidad -sostenida además por la mayoría de la opinión pública- de disponer de presupuesto liberado, desequilibrio fiscal y fuerte intervención estatal para atender cuestiones sociales y sanitarias urgentes, con vistas a resolver problemas acuciantes para la comunidad y que sujetos al paradigma socioeconómico neoliberal no tendrían solución adecuada.

Nos enfrentamos a problemas conceptuales inherentes al corpus doctrinal del neoliberalismo en este caso, más que a otros de índole metodológica y/o tecnológica. Thomás Kuhn da prioridad entonces a las crisis conceptuales frente a las de otro orden. Lógicamente, la severidad de una anomalía conceptual también se encuentra relacionada con el tiempo trascurrido desde que se detectó, obligando a parte de la comunidad profesional hegemónica a intentar dar cuenta de ella, es decir a eliminarla.

Con el transcurrir del tiempo, los intentos con vistas a resolver el problema o anomalía, devienen gradualmente más radicales, debilitando progresivamente las reglas conceptuales y metodológicas establecidas por el paradigma en crisis, en este caso el neoliberal. Una vez que el paradigma ha sido debilitado y socavado tanto hasta que sus defensores pierden confianza en él, llega el momento de la revolución de paradigmas. La gravedad de la crisis aumenta cuando hace su aparición un paradigma rival.

La gravedad de la crisis aumenta cuando hace su aparición un paradigma rival

Esto es exactamente lo que hoy sucede con el paradigma de pensamiento neoliberal. Todo lo dicho y escrito sobre la organización económica y social sujetos a este vetusto paradigma ha sido abolido, tras la mega crisis del coronavirus está claro que en clave neoliberal ya no se puede pensar más.

Como señala el economista Ricardo Aronskind en su reciente texto “Un experimento”: Hay una tensión tremenda entre la lógica humanista y la lógica neoliberal. La Confederación de la Industria de Italia se opuso a las medidas de salud pública que pudieran perjudicarlos. Trump no toma medidas serias. Bolsonaro pidió levantar las medidas protectivas.

Los neoliberales están ante el dilema de ningunear la pandemia mostrando su obscena fidelidad suprema a las corporaciones, y el peligro de tener que usar al Estado para que saque a flote la economía, luego de haber logrado lavarle el cerebro a la población con el cuco del Estado.

Fundamentalistas fanáticos, la “iniciativa privada” y anti estatal que apologizan hoy resulta una pobre iniciativa frente a los desastres globales, resultado frecuente de la propia “iniciativa privada” hecha religión. Solo el trabajo mancomunado logrará atenuar el mal. Y esa unidad colectiva se condensa en la figura del Estado-Nación. Hoy más que nunca y conceptualmente, la Patria es el otro.

 

*Director de Consultora Equis.


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