miércoles 28 de septiembre de 2022
COLUMNISTAS UN TIEMPO NUEVO

De la transformación al caos

En el campo de la política, en todos los países se han organizado grupos estrafalarios, sin peso electoral, que saben que no pueden ganar las elecciones y por eso tratan de tomar el poder por la fuerza o por la intervención de seres sobrenaturales. En Argentina algunos de estos forman parte de la coalición de gobierno, están cerca de sus grupos más radicales o simplemente gozan de la trifulca callejera, coordinados con ellos.

20-08-2022 23:55

Salvo algunos dirigentes del frente gubernamental, Amontonamiento de Todos, no existen dirigentes que quieran que Argentina se incendie y que el gobierno de Alberto Fernández no llegue al fin de su período. Por lo general los líderes de la oposición expresan a un sector de la sociedad que respalda la democracia y quiere que se consolide. 

Los que han desestabilizado a este gobierno y al anterior son activistas de una franja variopinta que se sitúa entre el kirchnerismo y sectores radicales que, blandiendo un helicóptero, atacaron a los gobiernos elegidos en las urnas y propiciaron la instauración de algún autoritarismo mesiánico. 

Estos grupos florecieron en la edad de la posverdad, en la que los conceptos y versiones novelados de la historia se licuaron de manera insólita. La red permite que se formen y difundan todo tipo de supersticiones y creencias mágicas. Existen terraplanistas, teóricos de los antiguos astronautas, defensores de los derechos humanos que respaldan a sectas de pedófilos, terroristas islámicos que quieren provocar el fin del mundo. 

En el campo de la política, en todos los países se han organizado grupos estrafalarios, sin peso electoral, que saben que no pueden ganar las elecciones y por eso tratan de tomar el poder por la fuerza o por la intervención de seres sobrenaturales. En Argentina algunos de estos forman parte de la coalición de gobierno, están cerca de sus grupos más radicales o simplemente gozan de la trifulca callejera, coordinados con ellos. 

Es malo que se discuta por mucho tiempo un tema que afecta al presidente o al candidato

Por lo general, mantienen una posición equívoca frente a este gobierno con tres presidentes, uno de los cuales alienta su negación de la democracia y del respeto a la libertad de prensa, propios de la democracia representativa. 

Combaten al gobierno de Alberto, un presidente que a veces defiende la democracia, pero al mismo tiempo viven del Estado, son funcionarios, reparten recursos enormes a sus empresas para poner en jaque el sistema y ayudan a veces a un club terrorista que declaró la guerra al país. Este es el único gobierno del mundo que financia a quienes lo combaten y hacen la guerra al país.

Algunos creen en teorías que estuvieron vigentes el siglo pasado, son maoístas, creen que el acorazado Potemkin arribará pronto al puerto de Buenos Aires o que la revolución proletaria avanza en el mundo con el liderazgo de un exjefe de la KGB que invadió Ucrania. 

Otros están todavía más retrasados, defienden una ideología medieval que exaltaba la pobreza, que es la principal línea de su negocio, o auspician las actividades de supuestos mapuches que quieren desmembrar varias provincias del país. 

Coinciden con los kirchneristas en su rechazo a la división de poderes, pretenden armar una gran movilización para que no se respeten las sentencias de la Justicia, odian a la prensa independiente, a la que acusan de coprófaga, no creen en las instituciones democráticas.

Es malo que se discuta por mucho tiempo un tema que afecta al presidente o al candidato

En una democracia consolidada, sería ideal que todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso dialogaran, aclararan sus coincidencias y diferencias, y pudieran elaborar una plataforma que estabilizara el país en el mediano plazo. Pero esto no es posible cuando uno de los miembros necesarios para ese diálogo no cree en las instituciones democráticas y su fanatismo lo lleva a fantasear todo el tiempo, sin ningún contacto con la realidad. 

Pablo Moyano, líder de la CGT, viajó al Vaticano a pedir la bendición papal, antes de iniciar una movilización de las organizaciones sindicales protestando por la catastrófica situación de la economía, la inflación descontrolada, la agonía de los ingresos de los pobres y de la clase media. En la manifestación no hubo un orador que pudiera explicar a los asistentes cómo todas estas calamidades, provocadas por este gobierno en estos meses, son culpa del gobierno de Mauricio Macri, la Unión Industrial, la Sociedad Rural y la prensa independiente.

El Gobierno tuvo la peregrina idea de publicar una lista de personas ricas y famosas que viven en algunos edificios del norte de la Ciudad de Buenos Aires, acusándolos de recibir subsidios en los servicios básicos. Olvidó que todos sus integrantes viven en los mejores barrios de esta ciudad, a la que odian, y que su máxima mentora es vecina de Recoleta. La verdad es que los servicios están subsidiados para todos los habitantes del país, y publicar las direcciones de personajes conocidos es una medida fascista que puede rebotar. Si, como es lo más probable, falla el esfuerzo del tercer presidente y sale de las sombras la segunda presidenta, habrá un estallido social de proporciones y muchos buscarán las direcciones de los domicilios de los actuales funcionarios para hacerles una visita poco cortés. Si algún fascista identificado con la oposición publica esa información en las redes, puede darse una masacre.

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Hebe de Bonafini convoca a una “pueblada” para impedir que se cumple una sentencia condenatoria de Cristina, que todos ven venir. Les sentencias del Poder Judicial deben ser respetadas, aunque no sean del gusto de autoridades de otros poderes del Estado o de activistas políticos. Argentina no se ha degradado al nivel de algunos pequeños países del Caribe en los que se hace lo que quiere el dictador. 

El alegato del fiscal Luciani en el juicio en contra de Cristina ha sido sorprendente por su meticulosidad. Algunos canales lo transmitieron en vivo y han dado que hablar a la mayoría de los ciudadanos. Por habilidad de los abogados defensores de Cristina, parece que el show podría extenderse hasta el mes de diciembre. Los estrategas del Instituto Patria calculan que eso los puede favorecer en el foro. Se trata de superar el tiempo del mundial de fútbol, el mes de fiestas, el verano, y llegar a las elecciones con una candidata sin condena. 

Desde la comunicación política están equivocados. Este será otro factor que contribuirá para su desastre electoral. Desde los textos clásicos de Napolitan es sabido que, más allá de quién tenga la razón, es malo que se discuta por mucho tiempo un tema que afecta al presidente o al candidato. 

El maestro solía relatar el resultado de una elección en un condado en el que se enfrentaron un prestigioso candidato republicano, con una reputación impecable, y un joven demócrata con pocos recursos, que no lograba bajar la gran ventaja que le sacaba el republicano en todas las encuestas. 

Un mes antes de la elección, el demócrata acusó al republicano de que en sus patios de venta de coches usados comercializaba automóviles adulterados, para que parecieran mejores de lo que eran en la realidad. Casi nadie se percató del ataque, pero el republicano se encargó de difundirlo defendiéndose con páginas enteras de los diarios en las que defendía su honestidad.

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Los estrategas demócratas consiguieron su objetivo. Durante el último mes de la campaña solo se discutió un tema negativo para el republicano: si estafaba o no a la gente con coches trucados. Desde la comunicación política no importaba quién tenía la razón, sino el tema que se discutía. Los electores no son jueces ni abogados que estudian pruebas y documentos, simplemente se quedaron con la sensación de que “algo sucio pasa con los negocios de este señor”. El republicano perdió las elecciones no porque se demostrara nada en su contra, sino porque no recordó que desde las reglas de la comunicación política hay que evitar toda discusión acerca de temas que afectan al candidato. Prolongarla es suicida. 

Si en los próximos meses se sigue discutiendo si Cristina cometió o no delitos cuando se concedieron los contratos a Lázaro Báez, su imagen solo puede deteriorarse. En encuestas realizadas recientemente, su imagen registra los peores números que ha obtenido en veinte años. Pasa lo mismo con otros dirigentes de su espacio. Los otros dos presidentes, Alberto y Massa, la acompañan en el cuadro de dirigentes políticos más rechazados del momento. 

Pero esto no debe ser motivo de alegría para todos sus adversarios. En muchos países han existido sistemas binarios en los que la identidad de un partido se ha formado en mucho por la oposición a otro. Cuando colapsó el PRI en México, pasó lo mismo con su adversario, el PAN; también en Venezuela la crisis de AD se llevó por delante al Copei; en Perú murieron juntos APRA y Acción Popular; en Ecuador la Izquierda Democrática y el Partido Social Cristiano; en Colombia acaban de colapsar simultáneamente el partido liberal y el conservador; en las elecciones chilenas salieron cuarta y quinta la Concertación y la alianza de derecha, que se alternaron en el poder mucho tiempo; pasó algo semejante con el PT y el PSDB en Brasil y con Arena y el FNLM en El Salvador. 

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Cuando entran en crisis estos sistemas binarios, no triunfa uno de los contendientes, sino que aparecen dirigentes de otras fuerzas distintas a las dos principales contendientes como Chávez, Boric, Bukele, Bolsonaro, Castillo, AMLO. 

No solo han caído los números de los dirigentes del Frente de Todos, sino también los de todos los políticos, de las instituciones, del Congreso, los medios de comunicación, los sindicatos, la Iglesia Católica, las organizaciones que luchan por los derechos humanos y todo lo que es parte del sistema, ya sea ejerciendo el poder o criticándolo. 

Alberto es un presidente que toca el bombo y canta recorriendo las provincias. Sergio Massa intenta dibujar un círculo cuadrado bajando los subsidios y poniendo orden en la economía, mientras imprime billetes a un ritmo demencial y trata de mantener la unidad con quienes quieren gastar mucho más. La segunda presidenta acecha. 

La violencia crece día a día en las familias, en las calles, entre los piqueteros, entre viejos políticos que olfatean que armando escándalos podrían obtener algún provecho y desatan sus pulsiones para buscar un bocado de poder. 

Es el caldo de cultivo para la explosión de la supernova que venimos anunciando en esta columna desde hace mucho tiempo y que analizamos en nuestro último libro, La nueva sociedad, de la transformación al caos. 

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.