viernes 12 de agosto de 2022
COLUMNISTAS UN TIEMPO NUEVO

Movilizaciones incontrolables

La mayoría de los dirigentes políticos de América Latina se dedica a combatir fantasmas en vez de comprender la realidad. Viven en las montañas de la locura a las que aludimos la semana pasada, mientras la gente se angustia cada día más por una realidad concreta que le parece insoportable. Las encuestas dicen que en todos estos países la mayoría está angustiada, insegura, siente que su situación económica es mala y puede agravarse en cualquier momento. El rechazo a los presidentes es masivo, cuando pasa del 70% solo se puede esperar un conflicto grave. Esa cifra fue rebasada por los mandatarios que dejaron el poder y los que ahora gobiernan están en la misma situación o registran síntomas de que se acercan a la crisis.

16-07-2022 23:55

Cuando se produjeron las movilizaciones populares en contra de los gobiernos de Chile, Colombia y Ecuador, algunos dirigentes de esos países los atribuyeron al castrochavismo, al narcotráfico o a “infiltrados”. Un diagnóstico tan irreal solo conduce al desastre. Por eso Piñera, Duque y Moreno sufrieron descomunales derrotas, sus partidos casi desaparecieron. En vez de hablar de seres imaginarios, debieron analizar lo que ocurría en la realidad, comprender por qué la población los rechazaba tan ampliamente, remediar su relación con la gente, tomar nota de que se acabó la Guerra Fría y ni Cuba ni Venezuela tienen nada que ver con sus problemas. Apenas pueden lidiar con los propios. 

Las movilizaciones se producen porque todos los días existen razones objetivas que incrementan la angustia generalizada de la población. La gente se rebela por las equivocaciones de los gobiernos, porque los políticos no entienden el mundo que apareció con la tercera revolución industrial, que arrasó con los viejos valores, fragmentó a la sociedad, incrementó el individualismo y fomentó las expectativas de gente que vive cada vez más en la realidad virtual. 

Las movilizaciones de la edad de internet tienen características comunes. La gente se autoconvoca usando la red, no la manejan partidos u organizaciones, sino diversos grupos con pequeñas utopías, sin estatutos, ideologías globales o voluntad de continuidad. 

Hoy son insurrecciones sin ideología, sin líderes que puedan ordenar el conflicto

El conflicto suele iniciarse por eventos que parecen irrelevantes: en Brasil, por el incremento de la tarifa de los buses; en Chile, el del ticket del subterráneo de Santiago; los chalecos amarillos en Francia; el atropello a un vendedor ambulante de Túnez, que desató la Primavera Árabe, o el precio de los combustibles, que incendió Europa en estas semanas. 

A partir de que se produce el detonante, la movilización involucra a una multitud de pequeños grupos, que concurren espontáneamente, se amontonan y forman mayoría. No mayoría por algo, sino en contra de todo. Se pasa del conflicto local a una amplia movilización que desestabiliza a los gobiernos, y que incluso puede acabar con la Constitución.

Lo que diferencia a estas movilizaciones del conflicto que se daba en la sociedad antigua es que en ese entonces eran partidos o grupos ideológicos los que las organizaban y el gobierno tenía interlocutores válidos con quienes negociar.

Hoy son insurrecciones sin ideología, sin líderes que puedan ordenar el conflicto verticalmente, que amontonan demandas de manera anárquica. No las controla la clase obrera o el Partido Comunista de antes, sino personas de todo tipo, generalmente de clase media, que se conectan por la red. 

Son multitudinarias, cuentan con un amplio apoyo popular, que no siempre se transforma en votos. Durante el apogeo de los Indignados en España, el PP obtuvo un triunfo aplastante, y la movilización del YO SOY 132 en México no impidió la elección de Peña Nieto. 

Estos temas los hemos desarrollado en esta columna desde hace años, pero se fortalecieron con la pandemia.

Las encuestas dicen que en todos estos países la mayoría está angustiada, insegura, siente que su situación económica es mala y puede agravarse en cualquier momento. El rechazo a los presidentes es masivo, cuando pasa del 70% solo se puede esperar un conflicto grave. Esa cifra fue rebasada por los mandatarios que dejaron el poder y los que ahora gobiernan están en la misma situación o registran síntomas de que se acercan a la crisis.

Hoy son insurrecciones sin ideología, sin líderes que puedan ordenar el conflicto

El fenómeno no tiene que ver con las ideologías, el desplome es igual de dramático para presidentes de derecha, como Guillermo Lasso, o de izquierda, como Pedro Castillo. Gabriel Boric, que empezó recién su mandato, ya sufre una caída descomunal, en un país en el que incluso es posible que pierda la consulta la nueva Constitución elaborada después de las protestas de 2019. ¿Será que los políticos del país interpretaron bien lo que exigía la multitud rebelde? Las élites pensaron que la gente ansiaba una Constitución que derogara la que fue aprobada por Pinochet. ¿Habrán investigado cuántos miles de chilenos se despertaban a la madrugada y no lograban conciliar el sueño por la angustia que les producía la vigencia de la vieja Constitución? El divorcio de las élites con la multitud que protagoniza las sublevaciones de la red es total en todo el mundo.

En esas movilizaciones se producen siempre desmanes que se atribuyen a infiltrados, un lugar común aceptado por todos que carece de consistencia lógica. No existe un pueblo pacífico, que protesta por causas justas, compuesto por jóvenes que acarrean piedras y cocteles molotov solo por hacer ejercicio, y que la violencia proviene de unos pocos vándalos que se infiltran en las manifestaciones, queman el subte de Santiago, atacan al ejército en Ecuador, provocan una mortandad en Colombia y agreden a todo el que se pone a mano. ¿De dónde salen y adónde van los que se infiltran?

Existe un continuo entre el señor que aplaude a los movilizados desde el balcón de su casa y quienes lanzan bombas a la policía. Los que fuimos estudiantes y participamos de las manifestaciones propias de la Guerra Fría sabemos que no hay una línea clara que divida a los violentos de los simples protestantes. 

En los estudios realizados en los últimos años se dice que los manifestantes en general ejercitan una violencia de menor intensidad, siendo al mismo tiempo permisivos con grupos extremos que actúan bajo su protección. La academia los llama Black Blocs. 

Las empresas pobristas quieren expandir su negocio con la pensión universal

Son grupos que saquean y destruyen bienes públicos y privados, integrados generalmente por personas marginales que a veces adhieren al anarquismo. Tienen comportamientos e indumentarias semejantes en todos lados, sea el Reino Unido o Argentina.

En medio del caos también se suman delincuentes comunes que aprovechan la situación. 

En Brasil existe una extensa bibliografía sobre el tema en la que se destacan los textos de Flavio Morgenstern “Por trás da máscara: do passe livre aos Black Blocs, as manifestações que tomaram as ruas do Brasil” y de Esther Solano, de la Universidad Federal de San Pablo, “Mascarados: a verdadeira história dos adeptos da tática Black Bloc”.

La crisis de la democracia representativa se evidenció en estas semanas con la renuncia de Boris Johnson como primer ministro de Inglaterra y una entrevista dramática de Emmanuel Macron, en la que manifestó su cansancio para manejar tanto las revueltas populares como las demandas de los grupos políticos importantes de Francia.

Hubo movilizaciones en los lugares más diversos. Los destrozos en Roma y las carreteras italianas fueron dramáticos. El primer ministro de Italia, Mario Draghi, presentó su renuncia tras perder el apoyo del Movimiento Cinco Estrellas (M5S). Se dieron movilizaciones, sobre todo de campesinos, en varios países europeos, siendo las más dramáticas las de Dinamarca y Albania.

Fue asesinado el ex primer ministro japonés Shinzo Abe cuando daba un discurso en la ciudad de Nara, en el sur de Japón. Abe fue un político brillante, que gobernó uno de los países más ordenados del mundo, en el que la población no puede portar armas de fuego. 

El Palacio Nacional de Sri Lanka fue tomado por una multitud descomunal. Se pudo ver a personas nadando en la piscina del palacio y acostándose en la cama del presidente del país. Esto dio lugar para todo tipo de comentarios racistas en los medios argentinos. Para quienes creen en esos conceptos, deberían saber que los cingaleses serían la envidia de los nazis, porque son arios procedentes del norte del Punjab. Morenitos, pero arios. 

Algunos dijeron que la movilización ocurrió porque Sri Lanka es un país muy pobre, víctima del nepotismo. La verdad es que su ingreso per cápita es por lo general un tercio mayor que el de Argentina. Mejor no lo comparemos con cuando vivimos la gran expansión económica del kirchnerismo. Sobre nepotismo tenemos poco de que hablar: Argentina es el único país del continente que ha sido gobernado por un matrimonio en binomio, Perón-Perón, ha debatido la alternativa pingüino o pingüina, y en el que muchos colocan en sitios de poder a su esposa, hermanos y demás parientes y relaciones. Perdón, no el único. Está también la hacienda de los Ortega en Nicaragua. 

Una democracia imposible

Sri Lanka significa, en sánscrito, “tierra resplandeciente”. Es uno de los países más pacíficos y acogedores de Asia, con una cultura budista muy arraigada. Hasta hace poco era difícil encontrarse en la calle con personas peleando o gritándose, porque los cingaleses buscan el equilibrio, el justo centro del que habló Gautama. 

En Argentina sube todos los días la posibilidad de que estalle un conflicto difícil de controlar. Como lo anunciamos hace meses, el modelo clientelar es inviable. Durante mucho tiempo hubo riqueza suficiente para mantenerlo, pero ahora no da para más. 

En medio de la inflación más grande de la historia, con una radical crisis de empleo y cuando la pobreza pasa del 50%, las empresas pobristas quieren expandir su negocio de manera descontrolada. Si los planes y los ingresos de la gente que controlan se incrementan con la pensión universal, sus negocios crecerán exponencialmente.

Administran ambos lados del mostrador, reparten los fondos sociales y los reciben en sus empresas privadas. Financian las movilizaciones en contra del Gobierno, del que forman parte, para chantajearlo e incrementar tanto el monto como el número de las pensiones de sus explotados. 

En nuestra Stultifera Navis, el Presidente protesta porque la policía descubre decenas de miles de dólares y millones de pesos en poder de quienes organizan las movilizaciones en su contra. Parece que disfruta cuando lo golpean sus aliados de la élite, y también las empresas pobristas. 

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.