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Dolores de parto

El frenesí de la semana en torno a la conformación de su gobierno ofrece ciertas señales confusas, contradictorias. Convendría calmar las ansiedades. Las que hay en La Libertad Avanza y en el sector pactista del PRO. Las que hay en la dirigencia política, el círculo rojo, el periodismo y gran parte de la sociedad. Pero es difícil ese control ante la magnitud de la crisis.

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Milei resiste. Cúneo Libarona, y no Garavano, a Justicia; Marín, y no Iguacel, a YPF. | cedoc

Hace apenas siete días Javier Milei fue electo presidente. El frenesí de la semana en torno a la conformación de su gobierno ofrece ciertas señales confusas, contradictorias. Trascienden a los nombres –pero los incluyen– y plantean interrogantes sobre los ejes de la futura administración y cómo se gestionará.

Convendría calmar las ansiedades. Las que hay en La Libertad Avanza y en el sector pactista del PRO. Las que hay en la dirigencia política, el círculo rojo, el periodismo y gran parte de la sociedad. Pero es difícil ese control ante la magnitud de la crisis y de la posibilidad de que detone.

La primera sensación que se comparte desde dentro de LLA es el nivel de pragmatismo de Milei. Durante la campaña ya había dado algunos ejemplos. Caso la alianza efímera con Luis Barrionuevo, la “tábula rasa” al pasar al balotaje y su acuerdo con Mauricio Macri y, sobre todo, con Patricia Bullrich.

Esa edulcoración fue acompañada por la reducción de la conflictividad temática que partía de su boca. Les bajó el tono a la dolarización, al cierre del Banco Central, al arancelamiento de la salud y de la educación públicas y a un largo etcétera.

Píparo posteó su reunión de transición con Raverta en la Anses cuando su cargo ya tambaleaba

Solo en su primera semana como mandatario electo extremó su nivel de flexibilidad. Sabía y asumió el riesgo respecto a que la posible llegada de Luis Caputo iba a disparar el alejamiento de Emilio Ocampo, el único sobreviviente de su equipo económico inicial y guardián de la propuesta dolarizadora. Poco le importó que lo hubiera designado al frente del BCRA una vez que asumiera la presidencia. Fuera.

Algo similar hizo con Carolina Píparo, a quien catapultó a la Anses (el área estatal con mayor presupuesto y extensión territorial) a menos de 24 horas del triunfo electoral. El jueves fue eyectada para que en su lugar fuera el economista Osvaldo Giordano, un cuadro de la Fundación Mediterránea y actual ministro de Finanzas del gobierno cordobés de Juan Schiaretti. Es posible que la excandidata a la gobernación bonaerense obtenga un cargo consuelo.

Un apunte al pasar sobre ese tema. Fue generalizado el malestar en el nuevo círculo de poder libertario la unción de Píparo, que encima tuvo la maldad de postear su reunión de transición con Fernanda Raverta, la actual directora de la Anses, cuando ya le habían avisado que su futuro cargo tambaleaba. “Si a Carolina le dan la Anses, yo quiero la AFIP”, dicen que planteó Ramiro Marra, que lo niega.

Según revelan fuentes libertarias, la baja de Píparo fue pedida por su jefa directa en el organigrama, la cada vez más influyente Sandra Pettovello. La ministra de Capital Humano acumula áreas claves a su cargo (Salud, Educación, Desarrollo Social, Vivienda, Trabajo, Anses, PAMI) al mismo tiempo que gana peso por la confianza que le tiene el presidente electo, a quien contiene en varias oportunidades.

Milei tampoco tuvo problemas en desdecirse nada menos que con su compañera de fórmula, Victoria Villarruel. Hasta en los debates presidenciales la presentó como una experta en Seguridad y Defensa. Debió informarle que se ocupará solamente de la vicepresidencia. Ni siquiera le permitió influir en el armado de la nueva cúpula de la AFI, que por ahora dependerá del jefe de Gabinete, Nicolás Posse. Por ahora, se insiste.

Buena parte de estas idas y vueltas frenéticas obedecen a los tira y afloje entre Milei y Macri. Sería un simplismo caer en la tentación de sostener que el expresidente le intervino el gobierno al líder libertario.

Es cierto que los posibles arribos de Caputo, Bullrich, Demian Reidel y otros funcionarios pueden dar la sensación de entrega. Una exageración.

Milei admite que tiene un equipo para gobernar muy limitado, pero en la mesa chica no hay macristas: su hermana Karina, el mencionado Posse y Guillermo Francos. Lo más cerca sería Santiago Caputo, su joven estratega de campaña, aunque por simple portación de apellido (es hijo de un primo del factible ministro de Economía).

Es más. Fuentes libertarias sostienen que Milei decidió resistir “sugerencias” de Macri. Mariano Cúneo Libarona a cargo de Justicia, y no Germán Garavano. Horacio Marín en YPF, y no Javier Iguacel.

Lo mismo sucede en torno a la postulación de la presidencia de la Cámara de Diputados. Cristian Ritondo cuenta con mayor espesura política para quedarse con el puesto, pero Milei se tienta con Florencio Randazzo. En parte, para ampliar los puentes con el peronismo antikirchnerista. En parte, para no quedar como copado por el PRO.

Habrá que seguir con atención el devenir de ese vínculo entre Macri y el presidente electo. Las designaciones constituyen el primer capítulo de muchos. En teoría, claro.

Habrá que seguir con atención el devenir de ese vínculo entre Macri y el presidente electo

La inexperiencia de Milei y su equipo en la toma de decisiones rápidas podría explicar los sucesivos vaivenes de estos días, una suerte de los dolores previos a parir. Hay que incluir entre ellos el viaje a EE.UU. de este fin de semana, que fue suspendido a último momento. El prometido a Israel también quedó para más adelante.

Es cierto que la plasticidad libertaria podría ampliar su capacidad de gobernabilidad, que está puesta en duda ante el plus de escasez legislativa y en las provincias.

Sin embargo, el riesgo es que su base electoral perciba que se bajaron las banderas que la convertían en algo distinto al resto de la dirigencia. Volverse casta.

Acaso ese sentimiento no solo se alimente de la conformación del nuevo gobierno: dependerá de las primeras medidas a partir del 10 de diciembre. A propósito, Francos ya hizo contacto presencial y telefónico con un puñado de gobernadores de JxC y peronistas para calmarlos sobre los fondos para sus distritos. La ductilidad avanza.