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¿Dónde te firmo?

Selección Argentina
Selección Argentina | NA

¿Por qué tiene tan mala fama la victoria? ¿O es solo cuando les toca a los desposeídos, a los argentinos? El rejunte de firmas en Francia para volver a jugar la final da que pensar. Se cierne sobre la épica e impensada victoria que supimos conseguir una mácula imprecisa que hacía falta para avinagrar el dulce logro. De nada sirven los videos desde distintos puntos del campo de juego, donde los supuestos reclamos franceses no tienen ni pizca de lugar; lo que inquieta es que unos y otros se ciñen a unas leyes de la FIFA que pocos conocen en detalle. Si hubo invasión de campo, la hubo de ambos equipos. Si los penales son dudosos, lo es porque el penal es una falta y no necesariamente un logro.

También da que pensar cuando todo un planeta (y justo este) quiere ver derrotados a los franceses en su ley. Quizás sea porque el mundo entero quería consagrar a Messi. O quizás porque una vez que tu país ya no está en combate las simpatías recaen con el pueblo más impensado. ¿Somos ese país más impensado?

Da que pensar que todo un planeta quiera ver derrotados a los franceses en su ley

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La campaña por las firmas no pasó de ser broma, supongo. Quedó bien demostrado con la oportuna contracampaña argentina, donde se juntaron firmas para que “Francia deje de llorar” y el número de estas superó a aquellas con holgura, llevando al campo de unas matemáticas criollas lo que sigue siendo una disputa por ver quién la tiene más grande. ¿Con cuántas firmas deja efectivamente de llorar Francia? ¿O con cuántas deja un país de invadir a otro? Las campañas son una extensión imaginaria de esa justicia profunda que se llama sentido común y que no va de la mano de la justicia real.

Pero más allá de bromas (si es que ambas lo fueron), existió la idea de que algo no nos correspondía y que lo obtuvimos con picardía, valor y desparpajo. Nuestros goles serán siempre un poco con la mano de dios, o con los pícaros pies alados de Hermes, porque no nos ha sido dada la calma de los ganadores. Nuestros triunfos no podrán ser nunca objetivos y ejemplares, porque no somos ejemplo de nada para el espectáculo del mundo: eso hemos aprendido para cerrar el año.

Por eso se sigue celebrando. Hay en esta victoria una autoafirmación retorcida como un ceibo: acá es así, acá se gana así, con sufrimiento, con épica, con agonía, con amor.