domingo 25 de julio de 2021
COLUMNISTAS agotados de la grieta
04-07-2021 02:17

El club de los desencantados

Parece muy difícil que alguna fuerza política logre regenerar la ilusión perdida por amplios sectores de nuestra sociedad.

Cuando se observan las encuestas electorales que comienza a circular, los mayores análisis se centran en la intención de voto en la provincia de Buenos Aires.

Disonancias. Se entiende el interés que genera el distrito electoral que supone el 38% del total del país. Pero lo curioso es que algunas encuestas dan por ganador a Juntos por el Cambio y otras al Frente de Todos.

Los más desconfiados piensan que la publicación de ciertas encuestas (a veces de consultoras desconocidas) conforma más un mensaje destinado a los protagonistas de la interna de los ex Cambiemos que el fruto de una investigación sobre bases científicas. Con mayor voluntad se puede pensar que la distancia temporal a los comicios hace que el voto sea fluctuante al punto que cada muestra capta una realidad diferente por fuera de los núcleos duros del macrismo y del kirchnerismo. Esta distancia a las elecciones primarias es más simbólica que cronológica, faltan apenas setenta días para las PASO. Otra explicación posible para entender la obtención de resultados tan disímiles es que no están planteadas las candidaturas, y por eso los escenarios generan preguntas con categorías extrañas como si “votaría al candidato de JxC apoyado por Macri” o al “candidato de JxC apoyado por Rodríguez Larreta”. “¿Votaría a tal candidato si Macri fuera neutral?”, “¿quién preferiría que encabece fulano o mengano? De esta forma se lleva a la metodología de la investigación a los extremos pues busca trasladar las decisiones políticas a los encuestados. A veces ni realiza el pase correspondiente en el cuestionario que aseguraría que solo respondan a la interna de Juntos por el Cambio sus votantes potenciales, por lo que se generan ensaladas un tanto graciosas.  

El votante y la nada. Más relevante que las internas ajenas es que se observa una invariante: casi una tercera parte de los encuestados en diferentes estudios, manifiestan que no saben a quién van a votar o directamente no van a votar a “ninguno” de los candidatos ofrecidos. Analizar cuantitativamente este electorado “ningunista” es complejo porque no tiene un perfil definido, se puede arriesgar que son mayormente sectores medios y medio bajos, poblaciones de ingreso variable y no mucho más. Hay jóvenes, adultos, hombres y mujeres que comparten esta negatividad, repartidos por todo el territorio nacional.

Solamente es posible acceder a este mundo distante mediante estrategias cualitativas de investigación (entrevistas en profundidad y focus groups), pero tampoco es sencillo. Básicamente estas personas no tienen ningún interés en hablar sobre temas políticos y menos sobre temas electorales: “ese problema de los políticos”. No es correcto decir que sean apolíticos, por el contrario, suelen estar bastante informados, casi demasiado. Tampoco se los puede calificar como de la antipolítica o que sea partidarios del “que se vayan todos”, aunque algún núcleo pueda compartir las consignas del 2001. Simplemente llegaron a la conclusión que ni política ni los políticos les va a generar mejores condiciones de vida.

Say no more. Este enorme sector de desencantados en algún momento creyó que la política podía ser una actividad transformadora, que la democracia era un sistema que iría perfeccionándose con el tiempo, que allí llegarían los mejores hombres y mujeres para construir un país mejor. Hoy, y sintetizando, cree que los únicos que se benefician de la política son los políticos. También considera que la mayor parte de los políticos no son honestos, a borde de la injusticia de meter a todos en la misma bolsa. Tampoco entusiasma candidaturas “nuevas”, de gente ajena a la política tradicional. Es el fin de la “famosocracia”. Esto sucede porque los desencantados tienen una lectura sistémica de la política, creen que puede haber gente “nueva” con buenas intenciones, pero serán cooptados por las maquinarias donde los viejos códigos se imponen. No hace falta decir que muchos de los desencantados actuales votaron en su momento a Cristina Kirchner, Mauricio Macri o Alberto Fernández. En cada momento y contexto creyeron en la palabra (y las promesas) de la política y esperaron los signos de un país que se ordenara y generara un clima distinto (un país normal). Por el contrario, perciben que desde hace aproximadamente una década el país se detuvo, y sus condiciones de vida se fueron progresivamente deteriorando.

Sur, pandemia y ¿ahora?

Para estos espacios sociales por fuera de los núcleos politizados intensos, el auge de la violencia simbólica política en todas las esferas de la vida (incluso la artística, la deportiva, el mundo íntimo y familiar) denominada como la grieta es fuente de un desgaste y angustia permanente. Su estrategia es tratar de mantenerse distante, hartos de los gritos y la confrontación.

Adiós, muchachos. Si no fuera obligatorio, los desencantados no irían a votar. De hecho (aunque por una infinidad de motivos) en 2017 el 22,4% no concurrió al sufragio, aunque en las presidenciales de 2019 los ausentes se redujeron al 19%. Tampoco aparece en este sector una voluntad de votar en blanco, o impugnar el voto. No les quieren enviar un “mensaje” a los políticos. Simplemente no les importa. En este punto es un proceso que va más allá de la despolitización, para avanzar a la desocialización, el lazo está roto.

Muchos sueñan con un futuro mejor, especialmente para sus hijos. Quizás sea el motivo del auge de esas noticias del “argentino que se fue con lo puesto” y triunfó en el exterior vendiendo panchos o haciendo empanadas: “hacer la Europa”. Saben que ese futuro es un poco irreal y no los espera, pero funciona como válvula de escape.

¿Puede algún espacio político regenerar la ilusión perdida de estos amplios sectores? Es muy difícil, la política no sabe cómo reconectarse con los desencantados. Además, las campañas negativas fortalecerán las sospechas generalizadas. Si suena o identifican algún candidato interesante, la lógica de la campaña le dirá “es más de lo mismo” seguramente va a arreglar con tal o cual. La “noticia” que Florencio Randazzo se habría reunido con Alberto Fernández, circuló con velocidad. Luego fue desmentida, pero a quienes construyen las campañas negativas, no les interesa la verdad, sino la verosimilitud. Es solo el inicio.

Sociólogo @cfdeangelis