1. La “seguridad” ha sido siempre una coartada odiosa. “Por su seguridad” hacemos esto o prohibimos aquello. Pero “nuestra seguridad” es una amenaza todavía más intolerable, porque justifica violaciones de las condiciones de vida de quienes quedan fuera del “nosotros”. La seguridad de unos se convierte lisa y llanamente en la aniquilación de otros. Eso es la política después de Gaza. Y a esa cristalización de falsas certezas hay que oponerse.
2. Leo Cine vivo de Albertina Carri. No es una mera recopilación de textos. Es un libro muy orgánico, que desarrolla un pensamiento y que usa piezas viejas reescritas y reensambladas ahora para dar cuenta de un pensamiento. Un pensamiento sobre cine, claro, pero también sobre la vida,
porque ambas cosas no pueden pensarse por separado. Albertina continúa la pista propuesta por Manuel Puig: no es tanto que el inconsciente esté articulado como un lenguaje (hipótesis decisiva, pero un tanto trivial de Lacan) sino que está articulado como el lenguaje cinematográfico.
3. A Mar del Plata cada tanto se la lleva el viento. Huimos a tiempo de la sudestada y nos volvimos al campo nuestro, bonaerense y pobre como una araña. Encontramos los pastos quemados por un sol de una agresividad pretérita, como de formación del sistema solar. Me puse a regar como un bombero desesperado, aún sabiendo que el agua no repararía lo incinerado. Ya crecerán nuevas gramas, agradecidas por mi atención aquífera. Los pajaritos, todavía agobiados, vienen a bañarse y a sacar gusanos gordos de la tierra blanda. Lo importante no es tanto lo que nos pasa sino de qué lado nos colocamos: del lado del cuidado, de la reparación, de la atención a lo otro o del lado de la amenaza, la hostilidad, la destrucción del ambiente (ecológico o estilístico) en el que vivimos.
4. La rabia de Pasolini es un texto decisivo porque desmiente cualquier ilusión “progresiva” en relación con su obra que, ya desde el comienzo (La rabia es su tercera película, de 1963), oscila entre el documento y la ficción, entre la apropiación y la creación, entre lo personal y lo apersonal, (Pasolini afirma que no filmó ni una sola imagen para esa película, extraída de un archivo de 90 mil metros de película preexistente), entre el furor y el erotismo. El texto, que acompañó su tercera película, aparece ahora en una impecable edición de El Cuenco de Plata, al cuidado de Diego Bentivegna. Diego no sólo traduce bellamente el largo comentario poético que funcionó como banda sonora, sino que lo sitúa con una precisión y un alcance de perspectiva que exceden largamente la competencia del erudito: es un libro hecho por un poeta para otro poeta. Por supuesto, hace juego con su Queda un cuerpo. Clases y apuntes sobre Pier Paolo Pasolini que yo tuve el privilegio de leer en su versión manuscrita. Ahí Diego desarrolla la noción de lo “informe”, que tan bien le cabe, también, a La rabia.
5. El verano sigue con sus extrañas circunvalaciones. Las sigo, sin pensar demasiado.