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Intereses, ambiciones, promesas sin cumplir

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Una disputa. La salida de Carolina Píparo de Anses, con el ingreso de Sandra Pettovello, solo una de las muestras de lo que pasa. | cedoc

“Billetera mata galán”. Frase de un pensador callejero aplicada vulgarmente al viaje de esta noche de Javier Milei a Nueva York y Washington, avión alquilado por Gerardo Werthein (candidato a la embajada en EE.UU. o a Naciones Unidas) que parecía de agradecimiento religioso al corazón Lubavitch en Brooklyn que fue la sede del mítico rabino Schneerson. También se volvió político el periplo por el compañero de vuelo: el embajador norteamericano Marc Stanley, hombre de un Joe Biden inquieto por la cercanía del próximo mandatario argentino al republicano Donald Trump. La filosófica frase de la billetera también apela a Luis “Toto” Caputo, el financista que ya habla como ministro de Economía luego de haber desplazado a Emilio Ocampo del futuro Banco Central. Según parece, consiguió un crédito puente para atravesar la sequía del ingreso de dólares hasta mediados de año. Algunos dicen que Toto, vinculado a los grandes fondos Black Rock y Black Stone, en este caso obtendría el préstamo de árabes saudíes ya instalados en la Argentina como el poderoso Ali Albwardy, dueño entre otras inversiones del hotel Four Seasons (curiosamente, el lugar donde coincidieron en reunirse hace días Caputo y el jefe de Gabinete de Javier Milei, Nicolás Posse, tan poderoso como la hermana Karina en el entorno del mandatario). Una rama crediticia distinta del mundo musulmán a la que le concedió a Mauricio Macri los 400 millones de dólares para realizar la nueva cancha de Boca Juniors, si en la inminente elección del club vence a Román Riquelme.

Contrario a ciertas versiones, Toto no llegó a Milei de la mano del expresidente a pesar de que haya sido uno de sus controvertidos funcionarios. Fue un pariente lejano al que Milei le otorga gran parte de su triunfo electoral como organizador de su campaña, Santiago Caputo, el responsable de esa aproximación, para indignación de su esposa Ximena – custodia de sus bienes y amenazante rebeldía para que no vuelva al sector público–, quien operó el ascenso de su marido, desde los tiempos de la interna con Patricia Bullrich. Aunque resulte paradójico por las enemistades pasadas con Milei, Toto es mucho más íntimo de Horacio Rodríguez Larreta que de Macri, versión fácilmente reconocible en la murmurante colectividad del Newman, donde ambos tienen casa.

Como en el fútbol, quienes ganaron el ascenso, no siempre disputan las grandes ligas

Al boquense hoy se lo advierte irritable por cierta avidez de la Bullrich para satisfacer demandas de su sector, la mujer a la que justamente él y su mundo le reconocen una honestidad infrecuente al devolver los fondos que no se consumieron en la última etapa electoral. Pero considera que ella, ahora, no debiera pugnar por ubicar gente propia en el futuro gobierno y ella misma debería tal vez desertar de esa posibilidad. Aunque, se sabe, ha dispuesto aceptar la responsabilidad del área de seguridad. Ese nombramiento no solo molesta a Macri, también enloquece a Cristina Fernández de Kirchner, quien considera que Patricia estaba en connivencia con los personajes que la acecharon y organizaron el fallido atentado en su contra. Como Gerardo Milman.

Tal vez sería lógico atribuirle a Macri la designación de Osvaldo Giordano en Anses –quizás la “caja” más importante de todas las estatales y de excesiva atención de los bancos– ya que no solo son amigos sino que el técnico cordobés lo ha asistido en numerosas ocasiones y participó de sus equipos. Pero el cavallista Giordano aterriza en el gobierno por obra y gracia de convenios con el exgobernador Juan Schiaretti, una nueva entente con tornillos legislativos. Como se sabe, el ingreso de Giordano significó el apartamiento de Carolina Píparo, quien se había enfrentado en las preliminares con su jefa en el área, Sandra Pettovello. Hubo un estrépito sobre incapacidades de una y falta de títulos de la otra, la pelea femenina determinó el hartazgo de la ministra por continuar, impotente Milei para contenerla y hasta la propia custodia que no pudo impedirle la salida del hotel para convencerla. Duró 24 horas ese episodio: con el despido de la Píparo, todo volvió a la tensa normalidad.

El cavallista Giordano aterriza en el gobierno por acuerdos con Juan Schiaretti

Flotaba en el aire el conflicto Ocampo-Toto, el propio Milei se deshacía de sus propias declaraciones y no atendía las llamadas del nominado titular del BCRA. Extraña conducción frente a quien confesaba admirar. Además del crédito privado, Caputo esboza nuevos aportes del FMI además de la renegociación y un tratamiento técnico diferente a Ocampo sobre las Leliqs: a la nada de emisión propone una reducción gradual, distinción en la aplicación de tasas, un canje parcial del instrumento entre el Central y el Tesoro,  y su eliminación gradual en lugar de un saque definitivo que las proscriba. Los bancos respaldan esa iniciativa, los mercados para arriba y Ocampo debe pensar que es un disparate el proyecto y que nadie quiere ver la ciénaga.

Como en todo flamante gobierno, proliferan intereses y ambiciones, promesas no cumplidas o imposibles de cumplir. Se advierte en el malestar y atrevimiento de la vicepresidenta Villarruel, quien además de ese cargo y la titularidad del Senado, se consideraba la dueña de las áreas de seguridad, inteligencia, militares, etcétera. Parece que Posse decidió cortarle algunos gajos, ella se volvió rabiosa invocando violación de compromisos. Suele ocurrir, futbolísticamente hablando, que quienes jugaron y ganaron el ascenso distrital después son apartados o reemplazados cuando se disputa la liga europea. Dilema habitual, partida de iniciáticos como Carlos Kikuchi (álter ego de Karina) o el mismo Carlos Rodríguez, quien nadie lo imaginaba en un cargo, pero sí convocado como asesor. Insólita su despedida: tampoco le atendían el teléfono y debió marcharse por declaraciones incómodas, como si en una gestión “liberal libertaria” fuera admisible una forma de censura.