COLUMNISTAS
Presupuesto en el piso

La desatención del instrumento militar

FFAA con equipos obsoletos, sin submarinos y con el presupuesto más bajo de la historia: once presidentes sin lograr un Sistema de Defensa Nacional serio.

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¡Que mala honda¡ | Pablo Temes

El mensaje público del presidente de la Nación y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas (FFAA), del 3 de septiembre, puso nuevamente en agenda temas sensibles de la Cuestión Malvinas. Durante años hemos tenido una política incoherente sobre unas islas incuestionablemente argentinas desde el punto de vista histórico, geográfico y jurídico, y que nuestro pueblo valora como un sentimiento. El mensaje guarda relación, directa o indirectamente, con la política de Defensa Nacional y con las FFAA, que existen en función de un patrimonio a asegurar y forman parte de las pautas básicas sobre las que un pueblo constituye un Estado.

Me pregunto si nuestra dirigencia política lo ha valorado así, principalmente en este siglo, acorde con lo que prescribe la Constitución Nacional, que establece al Poder Legislativo fijar las FFAA en tiempo de paz y guerra y dictar las normas para su organización y gobierno (Art. 75, Inc. 27), y al Poder Ejecutivo su comando en jefe, la provisión de empleos militares con acuerdo del Senado, su organización y distribución, y la declaración de guerra con autorización del Congreso (Art. 99, Inc. 12/15).

Desde el advenimiento de la democracia hasta hoy pasaron once presidentes, veintidós ministros de Defensa y cientos de miembros de las Comisiones de Defensa de ambas cámaras, y no recuerdo que se haya instrumentado ningún Sistema de Defensa Nacional serio y consensuado. En 2017, el exministro Horacio Jaunarena lo resumió bien: “Urge realizar desde el Gobierno una convocatoria para que todas las fuerzas representadas en el Parlamento diseñen el futuro de nuestra defensa”. Sigue siendo una tarea pendiente.

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Lamentablemente, en la década anterior, un ministro de Defensa había asegurado que no teníamos hipótesis de conflicto, pues resultaban contradictorias con la política exterior del país y dificultaban la integración con los países vecinos. Un grave error en un área tan sensible: no tener hipótesis de conflicto no significa que no exista una posibilidad, cercana o lejana, de guerra. Vivimos en una región de paz y confianza, pero el mundo actual está lleno de conflictos, unos visibles y otros latentes, y son un fenómeno constitutivo e inseparable de las relaciones humanas, de policausalidad y consecuencias difíciles de vaticinar. Recordemos que en 1938 el diario británico Daily Express auguró que Gran Bretaña no se vería involucrada en una guerra europea; entre 1939 y 1945 se vio envuelta en la Segunda Guerra Mundial. En 1989 cayó el Muro de Berlín, pese a que Günter Grass había vaticinado, dos semanas antes, que faltaban al menos veinte años para eso.

La Argentina es el octavo país en extensión del mundo, con apetecibles recursos, y sobre ella se ciernen riesgos que no dependen de nuestra voluntad sino de las circunstancias, en un contexto internacional impredecible. La Patagonia, joya de materias primas, es un vacío geopolítico: 30% de la superficie del país y solo 5% de su población. El mar argentino –quinto litoral marítimo del mundo–, con más de 6 mil kilómetros de costas y una extensa plataforma continental rica en recursos minerales, hidrocarburos y pesca, está totalmente desprotegido, con proyección al continente antártico. A eso se suman el Acuífero Guaraní, tercer reservorio mundial de agua dulce, y la cuarta reserva mundial de litio, en Jujuy, Salta y Catamarca.

La paulatina desatención de las FFAA en este siglo nos llevó a un estado en el que hoy, según distintas fuentes, resulta difícil imponer una disuasión creíble en defensa de nuestros objetivos estratégicos. El Ejército tiene gran parte de sus elementos anticuados u obsoletos, y otros con operatividad limitada por falta de repuestos y mantenimiento. La Fuerza Aérea no puede controlar eficientemente el espacio aéreo por insuficiencia de radares adecuados, y cuenta con pocos aviones interceptores operativos y muy pocos de transporte. La Armada no dispone de ningún submarino y tiene serias dificultades para operar su flota de superficie, como lo expresó el almirante retirado Jorge Enrico en “La decadencia de la Armada Argentina” (La Política Online, 25 de agosto de 2026). Las FFAA disponen de cuotas limitadas de munición para instrucción, y el presupuesto actual –0,5% del PBI– es el más bajo de la historia.

Pese a las gestiones de los jefes de las FFAA en este siglo, se llegó progresivamente a esta situación con gobiernos de distinta orientación política, y superarla –aun con un presupuesto aceptable– demandará varios mandatos presidenciales. Me pregunto si nuestra dirigencia valora que el componente humano es lo más valioso del instrumento militar: con vocación de servicio y sano espíritu de cuerpo, evitó la desmoralización y mantuvo un ejemplar nivel profesional. Siempre me impactó una sentencia vigente: “Una diplomacia sin el respaldo de fuerzas disuasivas es como interpretar a Mozart con una murga de carnaval”. Pero para ello, quienes mandan deben conocer a Mozart.