OPINIóN
Panorama Electoral

La incógnita Milei

El grado de exasperación y de bronca de amplios sectores de la sociedad argentina podría generar condiciones para que Milei obtenga un resultado mayor al que preveen las encuestas respecto a su intención de voto.

Javier Milei
Javier Milei | Télam

Digámoslo de entrada: nadie sabe qué resultado arrojará las PASÓ del 13 de agosto. Las encuestas se contradicen y, como en otros lugares del mundo, no son fiables. A su vez, la abstención y el voto en blanco podrían batir récords. Pero, además y sobre todo, la emergencia de un fenómeno nuevo, Milei, hace más difíciles los pronósticos.

Este fenómeno corresponde a una tendencia observable en el mundo occidental, desde mediados de la década pasada, con la crisis de la globalización y sobre todo con y tras la pandemia: mercantilización y derechización de las sociedades y reforzamiento del individualismo y del discurso anticorrupción y anti-política contra las élites o «castas», a menudo en el marco de la exacerbación de «polarizaciones afectivas».

Sin embargo, cuando se analizan los casos nacionales concretos, se revelan decisivas las especificidades nacionales que desembocan en rasgos singulares, tanto en el discurso como en lo que respecta a las bases de sustentación socioeconómicas y a las configuraciones políticas predominantes, que no han sido las mismas, por ejemplo, en los casos paradigmáticos de Trump o de Bolsonaro.

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En lo que respecta a Milei, el discurso anticorrupción y anti-casta abusa, como en dichos casos, de los exabruptos que acentúan la degradación del debate público, pero adoptando un carácter «doctrinario». Sin descuidar el «orden», su discurso ultraliberal y lleno de referencias a la «escuela austríaca», machaca sobre lo que es el principal punto débil de la Argentina contemporánea : la economía y la fragilidad extrema de su institución monetaria. Los que hemos estudiado los pros y los contras de la dolarización sabemos de la debilidad de su propuesta[1]. Pero la inflación crónica y persistente asociada a la devaluación de la moneda nacional tiene a la sociedad al borde de la crisis de nervios y puede hacerla permeable a soluciones mágicas en un contexto de decadencia económica estructural que pronto va a cumplir 50 años.

¿Cuáles son los puntos fuertes de Milei? Sin duda, ese carácter doctrinario de sus planteamientos que lo hace audible en parte de los sectores medios más ilustrados. También su iracundia irreverente que puede atraer a una parte más o menos importante de los jóvenes y a diversos sectores socio-económicos. Sus puntos débiles son numerosos : Milei vende el «producto Milei», de allí su dificultad para existir en las elecciones provinciales. Además, no ha construido una estructura partidaria (Trump copó el Partido Republicano) ni vínculos muy aceitados con el establishment económico (que sí tuvo Bolsonaro). Asimismo, Milei no está construyendo un nuevo polo político a partir de la crítica virulenta de un largo reinado con el que antagoniza y que es considerado como nocivo : Trump contra los gobiernos de Obama y Bolsonaro contra los gobiernos de Lula y Dilma Roussef. Y, obviamente, no se trata de un largo proceso de acumulación de fuerzas manejando un delicado equilibrio entre fidelidad a las orientaciones básicas y banalización inteligente, como es el caso de Marine Le Pen en Francia.

La configuración en la que emerge Milei se parece más a la que dio origen, con otro signo político, a los indignados y a Podemos en la España de la década pasada y, hasta cierto punto, más recientemente, a Vox en ese mismo país. En principio, no es fácil emerger con posibilidades de triunfo inmediato en un escenario bipartidista relativamente sólido (PSOE-PP en España).

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¿Quiere decir esto que Milei tiene muy poca chance de perturbar seriamente el escenario político nacional articulado alrededor de Juntos por el Cambio y Unión por la Patria ? Nada es seguro en este mundo en el que, como dice Edgar Morin, lo más sensato es esperar lo inesperado…

Tal vez pueda ser útil tener en cuenta el caso de Francia en los últimos diez años. Tras una gestión que no cumplió con las expectativas despertadas, el ex-presidente Nicolas Sarkozy, abanderado de Los Republicanos (derecha), fue derrotado cuando intentó la reelección en 2012. Igual que el ex-presidente Mauricio Macri en Argentina, que no logró ser elegido para un segundo mandato en 2019. En el caso de Francia, el gobierno del presidente François Hollande, del Partido Socialista (izquierda), que venció en las elecciones de 2012 a Sarkozy, tampoco satisfizo las expectativas generadas inicialmente. Hollande no se presentó en 2017, como ocurre con Alberto Fernandez en la Argentina de 2023.

La irrupción de la nueva fuerza de Emmanuel Macron selló una reestructuración del escenario político de Francia y estuvo asociada a una profunda crisis de los partidos y coaliciones hegemónicas hasta ese momento.

Por supuesto, la nueva fuerza que emergió en Francia en 2017 no tiene la misma orientación que la que parece emerger en Argentina. Pero una pregunta es válida : después de un fuerte desgaste de los bloques y coaliciones dominantes, ¿puede abrirse espacio para que sea altamente competitivo un tercero en discordia?

El grado de exasperación y de bronca de amplios sectores de la sociedad argentina podría generar condiciones para un escenario de este tipo. Sin embargo, el sistema político y el federalismo de Argentina no lo favorecen y dificultan enormemente la gobernabilidad en el caso de una victoria del candidato de La Libertad Avanza en la elección presidencial. Además, los puntos débiles de Milei no son menores.De todos modos, habrá que esperar al 13 de agosto para saber el comienzo de la historia, porque los resultados de las PASO marcarán, sin lugar a dudas, el inicio de nuevas dinámicas de campaña.

 


[1] Hay una vasta literatura científica sobre esta cuestión. Nuestros análisis y conclusiones están sintetizados en C. Quenan and E. Torija Zane, « From the debate on full dollarization to de-dollarisation proposals in Latin America », in M. Rioux (Ed.), Building the Americas, Bruylant, Bruselas y Montreal, 2007.