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Lo que el marketing no puede ocultar

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Píparo. Cuando acusa el Gobierno de fascista no se sabe si es por los desplantes o vio algo. | prensa HCDN

A la luz de lo ocurrido en las últimas jornadas queda claro que el Gobierno carece de espadas parlamentarias y tiene problemas de ejecución administrativa. Es más, carece de cuadros técnicos para llenar todo el organigrama del Estado a tal punto que en muchas reparticiones quedan funcionarios de la administración anterior por falta de reemplazo propio.

El espectáculo de la semana que termina no estaba en los cálculos de casi nadie. Se sabía de la prédica anticasta del Presidente, expresada en la falta de un discurso ante la Legislatura el día de su asunción, pero si presentas un proyecto de ley y un DNU, lo lógico es que el Congreso lo discuta y se inicie un periodo de negociación. Más cuando careces de mayorías propias en ambas cámaras.

Lo que estaba mal durante el kirchnerismo no puede estar bien ahora. Salvo que se piense que como se obtuvo 56% de los votos en segunda vuelta todos los que no apoyaban al peronismo o a la izquierda estaban obligados a votar a favor sin modificar nada.

Hoy no hay ley, y el Gobierno parece decidido a gobernar a decretazo limpio

En las vueltas del marketing electoral se intenta disfrazar de estrategia exitosa lo que fue una brutal derrota parlamentaria. A pesar de que se intente decir que todo se trató de algo premeditado, para que quede claro quiénes están con el cambio y quiénes son casta, mi hipótesis es que se pensó que los votos daban derecho a un levantamanos sin discusión.

Hoy no hay ley, y el Gobierno parece decidido a gobernar a decretazo limpio. No es un escenario muy auspicioso para potenciales inversores extranjeros. Sin ley nada es seguro. Habría que preguntarles a los empresarios israelíes qué conclusiones sacaron de la reunión que tuvieron en su país con el Presidente, quien se mostró más preocupado por hablarles de la casta y las traiciones que sobre las oportunidades de inversión que ofrece la Argentina.

Lo preocupante es la sensación de fragilidad que da el Gobierno y sus contradicciones permanentes. Vimos a un ministro del Interior que se enteró en TV de que la ley ómnibus se había caído y de que al pasar a comisión todo el proceso volvía a comenzar, nos desayunamos que el supuesto renunciado secretario de Infraestructura Ferraro continuaba en su puesto a pesar de los comunicados vía redes sociales de que había renunciado. Escuchamos al ministro de Economía hablar de la necesidad que tenía de contar con la aprobación de la ley ómnibus para poder desarrollar su plan para luego decir que no necesitaba de la misma para ejecutar su estrategia. Escuchamos declamar todo el tiempo de que la ley no se negociaba y terminaron acusando a sectores de la oposición de no cumplir su palabra, que es lo mismo que decir nos sentamos, negociamos y al final no nos cumplieron.

Culparon al conjunto de gobernadores de ser los artífices de la traición y luego corrigieron publicando una lista acotada de mandatarios, los que ya habían dicho con antelación que había puntos específicos de la ley ómnibus que perjudicaban a sus provincias y encima enojaron a todo el radicalismo incluyendo a quienes se sienten cercanos al Gobierno.

Milei y la balcanización política

Pero volvamos sobre el punto de la publicación de listas de buenos y malos. Parte de las prácticas por las que se viene bregando en nuestra democracia es ponerles límites a los escraches sean físicos, sean simbólicos. La publicación o réplicas de tuits dando listados de acólitos y traidores es un modo explícito de escrache que puede terminar en violencia física.

Cuando Carolina Píparo acusa al Gobierno de actitudes fascistas nos preguntamos si lo hizo porque está enojada por los desplantes que le hicieron o es que en las cercanías del poder vio algo que no le gustó. Decir fascista es decir autoritario y antidemocrático y en eso termina coincidiendo con Carrió.

Debemos prepararnos para próximas semanas de alta tensión política. No solo el peronismo pretende rechazar el DNU. y si ello sucede en ambas cámaras, es muy probable que volvamos a vivir tiempos de fuerte confrontación. Si el Gobierno no pone calma y sigue imaginando escenarios de polarizacion como sería llamar a una consulta popular, corre el riesgo de acelerar tiempos políticos sobre los que nadie tiene control.

*Consultor y analista político.