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Defensor de los Lectores

Los números pueden ser reveladores o tramposos

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Maraña. A veces, administrar cifras conlleva el riesgo de cometer errores. | shutterstock

El lector Ernesto Hernández cuestiona en su correo publicado hoy la administración de datos estadísticos contenidos en la columna “De Smata a Starbucks”, incluida en la edición del domingo 7, página 29. Se trata de la habitual nota de opinión del editor jefe de la sección Economía, Jairo Straccia.

Este ombudsman pidió al autor del artículo una respuesta para el lector. Coincido con su explicación, breve pero concreta: “El artículo cita un diálogo con un lobista y a él se le atribuyen los dichos. De hecho dice “sus números”.  Porque lo más relevante que busca mostrar el diálogo es la mirada que tiene un lobista de los más importantes del país sobre el rumbo que tiene que tomar la dinámica del trabajo. Sin embargo, es atendible lo que marca el lector y hubiera estado bien una aclaración de los datos correctos”.

Error propio. La columna del ombudsman publicada el domingo 7 fue escrita a último momento como homenaje a quien fuera el antecesor en este espacio, Andrew Graham-Yooll, quien falleció sobre la hora del cierre. Ello impidió dar respuesta a un comentario del lector Gabriel Wolf, quien indicó un error de quien esto escribe incluido en su espacio de la semana anterior, en el que comentaba la carta del señor Wolf publicada ese mismo día. Es cierto lo que dijo: escribí por equivocación “400 casos” en lugar de 700, al analizar una encuesta publicada por un medio que no es PERFIL. Insisto en un concepto que vengo reiterando cuantas veces puedo: las encuestas y estudios de opinión merecen una mayor seriedad, tanto de parte de las consultoras que se ocupan de esos recursos cuanto de los medios que los replican. Sin indicar cuál ha sido la metodología, la ficha técnica del estudio, deja los resultados en un territorio cenagoso. En verdad, estos son tiempos en los que analistas, sociólogos y consultores tienen un protagonismo que la opinión pública debe evaluar con mucho cuidado porque sus producciones suelen estar contaminadas por simpatías, contratos o subordinación a intereses no científicos.

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Incoherencia. En la edición de ayer se registró una diferencia entre dos notas que trataron un mismo tema: el de la situación de la editorial de libros infantiles, juveniles y religiosos SM, en crítica situación económica. En la página 21 (Economía), el tema forma parte de un texto titulado “Cierran empresas. Hay 71% más de concursos que en 2018”; se dice allí que SM “envió telegramas de despidos a noventa de 150 empleados, poniendo en duda su operación en el país”.En la página 49 (Cultura), el caso da origen al título principal: “La oferta editorial (de libros infantiles y juveniles) se sigue achicando”; en el copete de la nota se dice que “el grupo español SM despidió a más de doscientos trabajadores de la filial argentina”. La cifra se repite en el texto de Rubén Ríos, en el que se agrega que la empresa dejó “solo a cinco para administrar una oficina comercial en Buenos Aires”.

Con el título “SM inicia el camino hacia un nuevo modelo de presencia en Argentina”, el grupo español publicó un comunicado el jueves, pasado el mediodía, en el que aclaró que no cierra su filial sino que “inicia un nuevo modelo de presencia” en la Argentina “que permita alcanzar la rentabilidad necesaria para hacer viable la operación en el país, sin repercutir negativamente en el resto del grupo”. Aclara, a continuación, que esa decisión conlleva la desvinculación de noventa personas, y que el resto de los empleados –veinte– “seguirá atendiendo los compromisos de la compañía con clientes y proveedores”. En lo que va de 2018, SM se había desprendido ya de otros noventa empleados.

En definitiva: el total de despidos o retiros es de 180, y por el momento no concluyen las operaciones de la editorial, aunque la permanencia en el país está en la cuerda floja.