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Macri odia más a Massa que a Cristina y a los K

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Distintos e iguales. Fueron aliados, combatieron al kirchnerismo y son igualmente ambiciosos. | presidencia

Es la vieja historia de la política argentina, las ideologías a veces pueden ser máscaras de posicionamientos por ambición de poder y odios personales. Ya pasó con Duhalde y Menem: el encono de Duhalde con Menem era tan grande que para herirlo promovió a Néstor Kirchner, aun siendo su ideología contraria a la propia, para terminar construyendo también su futuro verdugo. Para Mauricio Macri, que un socio electoral suyo, con quien hizo alianza en las elecciones legislativas de 2013 contra Cristina Kirchner, encima un ex Ucedé, un ventajita de clase media como Sergio Massa, le termine ganando ofende su ego y ciega su razón. Ya le había pasado en 2003, cuando contrató a Jaime Duran Barba enfurecido porque un abogado de clase media –Aníbal Ibarra– le había ganado la jefatura de la Ciudad de Buenos Aires, y acostumbrado a no haber perdido nunca en su vida le dijo al asesor ecuatoriano que estaba dispuesto a hacer lo que fuese necesario para poder volver a vencer y así vengarse de su propio espejo. Incluso esconder su propia ideología y hasta ser otro: lo que fuera necesario para triunfar. Duran Barba, durante la campaña, y Marcos Peña, en el ejercicio del gobierno como comisario cultural, extirparon de la apariencia los componentes conservadores y neoliberales de Macri para adaptar el ethos de Cambiemos a formas compatibles con la UCR y la Coalición Cívica. Marcos Peña, literalmente en un reportaje de PERFIL, dijo: “Cambiemos es una evolución del PRO”.

Probablemente Cambiemos haya sido antes que nada una primera creación de Lilita Carrió para ponerle límite a la hegemonía kirchnerista en 2015 “blanqueando” a Macri con agua bendita y arrastrando a los radicales hacia la real politic, porque era la única forma de ser competitivos. Carrió, la primera antikirchnerista, fue quien desde 2003 inició en soledad las denuncias de corrupción contra Néstor Kirchner, enfrentó electoralmente a Cristina Kirchner en 2007, saliendo segunda con el 27% de los votos, pero cuatro años después, al volver a enfrentarla en 2011, terminó con menos del 2%. Los radicales ni siquiera pudieron tener un candidato propio en 2007 y en 2011 salieron terceros, con 11% de los votos, tras la candidatura de Ricardo Alfonsín. Y el PRO, gracias a la sabiduría de Duran Barba, se ahorró la derrota sin siquiera competir.

El PRO nunca hubiera podido ganar una elección presidencial en 2011 ni en 2015, ni tampoco Cambiemos hubiera podido ganar las elecciones de medio turno de 2017 si hubiera hecho un ajuste neoliberal de la economía como del que ahora se arrepiente Mauricio Macri no haber hecho. En 2019, cuando dijo que de ser reelecto haría “lo mismo más rápido”, perdió estrepitosamente las PASO de su reelección por la abismal diferencia de 16 puntos contra un entonces ignoto neocristinista Alberto Fernández, quien obtuvo el 48% de los votos contra el 32% de Macri.

Lo que Macri nunca imaginó fue que Sergio Massa sería quien ganaría la primera vuelta.

Por eso Macri no compitió por ser él mismo candidato en 2023: tiene más negativas que Cristina Kirchner.  Eligió a Patricia Bullrich para enfrentar a Horacio Rodríguez Larreta solo para no perder el control del partido en manos de su mejor discípulo, para terminar siendo el “ángel exterminador” de ambos ante la irrupción de Javier Milei, a quien también alentó.

A fines de 2021, tras el 8% de los votos en la provincia de Buenos Aires de Avanza Libertad con Espert y el 15% de los votos en la Ciudad de Buenos Aires  de  La Libertad Avanza con Milei, Mauricio Macri percibió a los libertarios como su caballo de Troya. Y en 2022 se dedicó a empujar definitivamente a Javier Milei teniendo claro que con la ayuda de los libertarios conseguiría desamar la construcción de Carrió, Duran Barba y Marcos Peña llamada Cambiemos, rebautizada Juntos por el Cambio, sacándose a los radicales (ahora “yrigoyenistas”) para reemplazarlos por los libertarios y formar una nueva mayoría pero con otra masa crítica más representativa de su verdadera ideología.

Pero lo que Macri nunca imaginó fue que Sergio Massa sería quien ganaría la primera vuelta, menos podía imaginar un año atrás, cuando su plan de un PRO-Libertario ya estaba lanzado, que Sergio Masa siquiera podría ser el candidato del oficialismo. ¿Cómo este ventajita, que había sacado solo el 5% de los votos en las elecciones de medio término de 2017, cuando Macri se había dado el gusto de ganarle a Cristina Kirchner con el desconocido Esteban Bullrich, se iba a quedar con el cien por ciento del peronismo seis años después? Peor aún, con un Sergio Massa apoyado por Francisco De Narváez, el otro socio electoral de Macri en el pasado cuando, aliados, le ganaron a Néstor Kirchner en las elecciones bonaerenses de medio término en 2009 con “alica-alicante” y “tengo un plan” de seguridad. Francisco De Narváez fue el mayor contribuyente en la campaña de Sergio Massa y, al revés de Macri, quien creía que había que crear un nuevo partido para cambiar la Argentina, De Narváez siempre insistía con que se tenía que hacer desde dentro del peronismo, como hicieron Menem y Cavallo. Paradojas de la vida: De Narváez defendió la dolarización más que el propio Milei.

Macri los odia, odia primero a Rodríguez Larreta, a quien considera un subalterno que ha osado desafiar el control del partido que él mismo creó. Odia a Francisco De Narváez por ser mucho más exitoso económicamente que él, igualmente exitoso en el amor y no haber tenido nunca a nadie que obedecer. Y odia, por sobre todo, a Sergio Massa por ser un “lumpen” con las virtudes silvestres de la viveza criolla que le pueda ganar a las cartas en el bridge de la vida real.

Macri sabe que Massa tiene de kirchnerista menos que su padre Franco. En más, si Sergio Massa hubiese nacido medio siglo antes en Italia podría haber sido del partido que fundó el padre de Franco Macri, Giorgio: el Frente del Uomo Qualunque, el qualinquismo. Los padres de Sergio Massa, al igual que Franco Macri, son inmigrantes italianos de primera generación, don Alfonso Massa era del sur, de Sicilia, vecino a la Calabria natal de los Macri. El padre de Massa, al igual que Franco Macri, tenía una empresa de construcción, pero en su caso una pyme.

Macri sabe que Massa tienen como inspirador económico a Roberto Lavagna, a quien el propio Macri tentó para que fuera el candidato a primer senador del PRO en 2009, que privilegia igual que él las relaciones con los Estados Unidos y que el riesgo a la venezualización de la Argentina que sirvió como amenaza para cohesionar a la oposición en 2015 hoy es inexistente. Cuando se refieren a vencer al kirchnerismo, utilizan un significante tan vacío como cuando Milei habla de los comunistas (como Rodríguez Larreta).

El kirchnerismo no es hoy el enemigo de Macri, lo es Massa.

El kirchnerismo no es hoy el enemigo de Macri, lo es Massa. Él lo sabe bien aunque Milei siga viendo molinos de viento como gigantes a vencer y Macri use esos desvaríos a su servicio. Como sabiamente escribió Freud, no hay nada peor que las enemistadas  creadas por el “narcisismo de las pequeñas diferencias”.

El caso de Patricia Bullrich tiene otras disculpas, honrada, como lo demuestra a los 67 años, por no tener patrimonio personal, habiendo dedicado toda su vida a la actividad pública,  tras la derrota presidencial su vida política podría quedar vacía sin la participación en un gobierno triunfante.

El Big Bang político recién está comenzando.

 

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