Con el paso de los días, los rimbombantes anuncios por cadena nacional de Javier Milei sobre la nueva política de su gestión sobre la cuestión Malvinas empezaron a desnudar muchas de sus limitaciones.
La súbita “malvinización” libertaria, ideada por el resucitado asesor Santiago Caputo, obtuvo rindes políticos y comunicacionales rápidos. El Gobierno impuso en la agenda un tema que impacta como pocos y que hasta le generaba algún demérito.
Lo que generó el triunfo ante Inglaterra en el Mundial y la bandera reivindicativa sobre la soberanía argentina de las islas (que los jugadores tomaron de los hinchas pese a los avisos represores previos de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva) activaron una señal de alerta para además dejar atrás el archivo de Milei sobre su admiración a Margaret Thatcher.
Pero la gran oportunidad la propició, una vez más, Donald Trump. En su tensión con Gran Bretaña por su nulo apoyo en la guerra con Irán y su resistencia a aportar mayores fondos a la OTAN, al presidente de EE.UU. se le ocurrió que una buena manera de presionar era admitir que la tradicional postura de respaldo a Londres en el conflicto por Malvinas podía ser objeto de revisión. En las últimas horas, durante una visita a Irlanda, volvió a repetir que podría intervenir en el diferendo. La gran Trump.
Con esas gotas, Milei y Caputo se tiraron a la pileta. Sanciones para las empresas que formen parte de la exploración y explotación petrolera en los alrededores malvinenses, acelerar la reconstrucción de la base naval en Ushuaia y la formación de un Consejo de Seguridad Nacional, otro viejo anhelo del asesor.
Como un rayo, se reasignaron partidas para reforzar el presupuesto de la SIDE (bajo el control de Caputo, casualmente) y de Defensa, sin que quede en claro qué áreas del Estado perdieron recursos.
Se anticipó también que se iban a armar proyectos de ley para sostener esta ofensiva, en el que están trabajando la Secretaría de Legal y Técnica (con la caputista María Ibarzábal Murphy al frente), Cancillería y Defensa.
La puesta en marcha de este andamiaje incluyó una llamativa reacción empresaria. El propio Gobierno se encargó de propalar que tres de las principales compañías globales de servicios petroleros no iban a trabajar en Malvinas, como sí lo hacen en Vaca Muerta.
Fuentes del ámbito energético confiaron que ninguna de esas tres firmas tenía previsto involucrarse en el posible negocio malvinero, al igual que las grandes petroleras, por los riesgos que tiene para cualquier gran inversión un espacio en disputa internacional. Mucho antes del inesperado nacionalismo de Milei.
Esas mismas fuentes señalaron que para que tres empresas informaran que no iban a tener actividad en un lugar donde no proyectaban hacerlo se recurrió a los buenos oficios de algunos directivos y empresarios argentinos del negocio petrolero. Tal sería el caso de Horacio Marín, presidente y CEO de YPF.
Marín, además, debió recurrir a sus saberes tenísticos de antaño para resistir con consistencia el dato de que una empresa neerlandesa que participa en el megaproyecto para llevar gas de Vaca Muerta a la futura terminal marítima rionegrina de Punta Colorada, que lidera YPF asociada a otras firmas, participa como proveedor en Malvinas.
Esta compañía, llamada Bluewater, aún no fue denunciada por el Gobierno, como sí lo fueron cerca de medio centenar de firmas. Tampoco fue observada la británica Harbour Energy, a la que YPF sumó en la sociedad para el plan de gas licuado Argentina LNG, y había absorbido a una petrolera ya sancionada años atrás por operar en Malvinas.
Este tipo de episodios reflejan tanto el muñequeo estatal ante los intereses del sector privado como las dificultades para desatar los enmarañados nudos societarios en el ancho mundo de los mercados internacionales.
Con la misma lógica de mirar para otro lado, horas antes de la cadena nacional, Milei prescindió de cualquier consulta o queja en la cumbre con su colega de Chile, José Antonio Kast. El día previo, en Santiago, se informaba que una compañía naviera chilena cerró un acuerdo para llevar provisiones de Punta Arenas a Puerto Argentino, en las islas, de manera directa y regular.
La campaña “malvinizadora” continuó esta semana y tuvo pico de acciones el viernes 11. Ese día, el ministro de Defensa, Carlos Presti, y el canciller Pablo Quirno viajaron a Tierra del Fuego a verificar las obras que deben hacerse para actualizar la base naval. Las obras están avanzadas apenas un 10% y se hallaban paralizadas por la motosierra mileísta.
Fuentes oficiales revelan que los 142 millones de dólares reasignados a Presti para acelerar la construcción de la base serán insuficientes. Administrativos del Ministerio están viendo qué magia pueden hacer para que Carlos Guberman, el secretario de Hacienda de Luis “Toto” Caputo, les acepte cambiar los números del área en el Presupuesto 2027. Ni hablar de la asistencia a la casi quebrada obra social de las Fuerzas Armadas, de la que al parecer salió indemne el exministro Luis Petri.
El viernes mismo se dejó trascender que Milei finalmente desactivaba su posible viaje a Gran Bretaña de octubre, aunque en el Ministerio de Relaciones Exteriores nunca hubo precisiones sobre si iba a ir a Oxford, una nueva ronda de Argentina Week en Londres o qué. Otro anuncio de que se deja de hacer algo que nadie sabe si se iba a hacer.
La Cancillería suma más aportes a la confusión general. También el viernes, lanzó el Sistema de Articulación de Política Exterior para coordinar todas estas nuevas decisiones oficiales sobre Malvinas. Estarán bajo la órbita de la Secretaría de Malvinas, encabezada por Paola Di Chiaro.
Fuentes diplomáticas le reconocen a Di Chiaro, politóloga especializada en seguridad y relaciones internacionales, sus dotes para sobrevivir. Designada en la gestión de Diana Mondino, subsistió a su salida, a las llegadas de Gerardo Werthein y Quirno y a la influencia en el ministerio de la hermanísima Karina.
Según relatan en los pasillos de la Cancillería, ese don de permanencia de Di Chiaro obedecería más al desinterés que tenía para el Gobierno la problemática de Malvinas que a su capacidad. Lenguas viperinas.
Amén de las maldades, los focos sobre la secretaria –y ahora coordinadora– Di Chiaro acaso le hagan perder ciertos beneficios que tiene andar por debajo del radar. Junto a su padrino político, el macrista Fulvio Pompeo, la funcionaria lidera la fundación Argentina Global, que promueve becas para futuros líderes financiadas por el gobierno británico, a través de su embajada en Buenos Aires. ¿Con el cambio de viento será desplazada?
Límites, peligros y contradicciones de decisiones políticas apuradas, para desplazar en la noble causa Malvinas un manto de neblina movilizador por nubes de humo oportunistas. Otro clásico de la dirigencia argentina.