lunes 06 de febrero de 2023
COLUMNISTAS Opinión

Otra moneda en el aire

Año Nuevo, vida nueva. Para casi todos. En Argentina, otra vez un año impar (electoral, desde 1983) y previo a un bisiesto (con comicios presidenciales), no por un capricho de la numerología, sino por un juego de interrelación entre factores endógenos del programa económico vigente, aspectos climáticos, el azar del contexto global y la retroalimentación con las expectativas políticas.

Desde que aceptó asumir la conducción del Ministerio de Economía (sumando el control de áreas hasta ese entonces dispersas bajo otros paraguas del poder de la coalición gobernante), Sergio Massa tuvo en claro tres cosas: que se debían cumplir ciertas condiciones o requisitos mínimos de parte del Gobierno (cosa que facilitó el peligro de descontrol durante el interregno de Silvina Batakis), que lo suyo era dar batalla para conseguir el mejor marco posible para que los “técnicos” de su equipo pudieran hacer su tarea y que aún con un resultado final de empate, su tarea cimentaría un capital político para el futuro.

El viejo orgullo presidencial de no tener planes porque no se cumple, hoy es una profecía autocumplida

Siempre se autopercibió como un político profesional que podía conseguir resultados negociando y prometiendo, aún bajo el riesgo de ser etiquetado con facilidad como veleidoso. Pero también ese formato de ir eludiendo restricciones, pateando los problemas para más adelante (incluso para otra administración futura) le permite ir ganando tiempo y estrechando lazos con los actores del poder. La reciente decisión de “financiar” el pago de las deudas de las distribuidoras eléctricas con Cammesa (con especial énfasis en sus viejos conocidos de Edenor) rescata la ingeniosa frase de un viejo lobo de mar en eso de surcar las aguas turbulentas entre la política y los negocios, como el presidente de Repsol, Antonio Brufau. “Expertos en mercados regulados” fue la presentación que hiciera hace 15 años de los recientes compradores de un paquete accionario de control de YPF, la familia Eskenazi. Es una forma de gestionar y crear valor para las compañías que en nuestro país, cruzado por el cortoplacismo y la ausencia de una hoja de ruta consensuada, puede convertirse en una distorsión predatoria del equilibrio general.

Lo que hace seis meses parecía el borde del abismo para el peculiar modelo de distribución del ejercicio del poder chocando contra la pared de la escasez de dólares, las pocas cosas que el Estado no puede prometer generaron luego una pax inflacionaria que tuvo sus meses de tranquilidad en los índices de noviembre y diciembre (5% mensual promedio). Un magro resultado para el objetivo final, pero un bálsamo comparado con el descontrol de julio y agosto, que aún con precios vigilados, tarifas congeladas, cepo y dólar oficial anclado, la inflación se proyectaba al 130% anual.

Desde entonces, el método de ir logrando negociaciones caso por caso, desarmando posiciones conflictivas y, sobre todo, abriendo la ventana de la liquidación de exportaciones cuando el contador llegaba a cero, fue forjando una nueva expectativa: llegar a las elecciones con la economía bajo control.

¿Lo que está desarrollando Economía es un programa de estabilización? Claramente, no

El viejo orgullo presidencial (2020) de no tener planes porque nunca se cumplen, hoy resulta una profecía autocumplida: el único programa válido parece ser el de ir tirando con expectativas alineadas en una paulatina desaceleración de la inflación y una fragmentación del mercado cambiario para que las divisas en peligro de extinción parezcan disponibles para los importadores que se alinean con la voluntad oficial. Y mientras tanto, el oficio del ministro consistirá en ir convenciendo a propios y ajenos de las bondades de un ajuste fiscal que sea compatible con la disposición del mercado de ir financiando la refinanciación de la bola de nieve de la deuda interna.

¿Es esto un programa de estabilización? Claramente no. Sin embargo, también dependerá de la visión que los interesados vean en cómo será la transición con un nuevo gobierno, de la que aún no hay demasiadas pistas. Y todo esto mientras la variable climática termina de definir en cuánto se afectará la producción y cómo cambia el escenario internacional con tasas de interés en alza. Un rompecabezas adicional para la ya habitual incertidumbre argentina.

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