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COLUMNISTAS / econOMISTA DE LA SEMANA
viernes 15 marzo, 2019

Problemas urgentes que exigen soluciones interdisciplinarias

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Cecilia Rikap / Universidad Paris Descartes Violeta Guitart / IDAES - UNSAM

Foto: Cedoc

Les proponemos un ejercicio sencillo. Preguntémonos cuáles son los problemas más urgentes de Argentina que debiéramos resolver les economistas. Sin dudas, la lista corre riesgo de ser muy larga. Observamos en esta columna dos de ellos, a saber: pobreza y desempleo. Estos problemas, lejos de ser competencia exclusiva del ámbito de la economía, conciernen a una multiplicidad de disciplinas científicas. Son desafíos cuya resolución –urgente e ineludible– escapa tanto al mago como al economista aislado.

En la Argentina, de acuerdo con datos del Indec, 27,3% de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza y el 4,9%, debajo de la línea de indigencia. Atender a esta problemática implica, necesariamente, valernos de las herramientas que nos brinda la sociología para entender las dinámicas sociales y culturales que les atraviesan, y de la ciencia política para comprender cómo las interacciones entre actores/actrices involucrades (incluido el clientelismo) influyen en los resultados y direccionamiento de las políticas elegidas. Las distintas dimensiones de la pobreza –tales como la insatisfacción de necesidades básicas– también exigen esfuerzos mancomunados para comprenderlas y solucionarlas: desde paneles solares ante la ausencia de tendido eléctrico hasta la potabilización del agua, requerimos otras disciplinas para elaborar políticas efectivas comprendiendo las limitaciones de nuestra estructura productiva. Pero no solo es necesario resolver cuestiones inmediatas vinculadas con la supervivencia de la vida humana. Sin una comprensión de cómo funciona el cerebro, es poco probable que tengamos éxito porque, entre otras cosas, no seremos conscientes de que un ser humano sin recursos, mal alimentado y menos estimulado, tendrá menores chances de desarrollarse. Y esto nos lo enseña la biología, en particular la neurociencia, disciplina que necesariamente debe dialogar con psicólogues y trabajadores sociales para mapear los efectos de la pobreza sobre las relaciones sociales.

Pensemos ahora en el desempleo, problema estrechamente conectado a la pobreza. ¿Acaso es posible pensar, como Keynes sugirió en el pasado, que el problema del desempleo puede solucionarse solamente contratando trabajadores que hagan pozos y otres que los tapen? Evidentemente si la solución fuera tan simple, el desempleo no sería un problema estructural del capitalismo. Qué capacidades requieren les desocupades para dejar de serlo y qué políticas son necesarias para crear empleo exigen un conocimiento del tejido industrial que escapa a la comprensión de la mayor parte de les economistas, quienes probablemente nunca hayan ido a una fábrica en toda su carrera, al punto de que podrían imaginar la robotización como un ejército de robotinas (cual robot de Los Supersónicos), una por cada humano reemplazado. El desempleo prolongado, a su vez, tiene consecuencias psicológicas y potencialmente psiquiátricas para quienes lo padecen, así como la inestabilidad y la precarización laboral. De modo que las políticas de empleo deben contemplar también la necesidad de asistencia psicológica y comprender el impacto que tiene el desempleo para las familias y les individues en ese respecto. Y, en todo momento, la política debe contemplar las realidades familiares y las desigualdades de género. No alcanza con proponerse abstractamente la creación de puestos de trabajo, o el estímulo al sector privado para que contrate más trabajadores, sin contemplar que varones y mujeres suelen desempeñarse laboralmente en distintos sectores económicos o la existencia de techos de cristal, fenómenos que se vinculan estrechamente con la desigual distribución de los trabajos de cuidado, tanto al interior de las familias como entre estas y el Estado, la comunidad y el mercado. Ni hablar de la situación de la población trans, quienes sistemáticamente quedan por fuera del trabajo formal.

A nivel general, comprender ambos problemas requiere un conocimiento de la historia de la Argentina y del mundo. La historia también es imprescindible para identificar políticas que fueron exitosas en contextos similares y descartar aquellas que fracasaron. Adicionalmente, la Argentina presenta realidades regionales y culturales disímiles. Una misma política no tendrá los mismos efectos en todo el país. Será entonces más efectiva aquella que se base en conocimientos de geografía social y económica, así como de antropología social.

Ante el desafío de cambiar de recetas

Llegado a este punto el lector o la lectora quizás se haya convencido de que es necesario contar con investigaciones de historia, geografía, sociología, ciencia política, biología, psicología, ingeniería y antropología, entre otres, para alcanzar una comprensión acabada de problemas acuciantes de la Argentina en la actualidad. No obstante, advertimos que se corre un riesgo: creer que solo con considerar los aportes de estas disciplinas, cada una por separado, se alcanzará tal entendimiento más general. Si bien tener en cuenta las contribuciones de otras disciplinas para intentar resolver problemas típicamente considerados como económicos nos dará una ventaja indiscutible, será solo mediante la integración conceptual de esos aportes, en un cuerpo integrado de saberes en torno al problema seleccionado, que nuestro entendimiento alcanzará mayor coherencia y, al mismo tiempo, las políticas que propongamos estarán integradas y cohesionadas, incrementando su probabilidad de éxito.

La integración disciplinar es un desafío reconocido por la ciencia en general, y en Argentina en particular. Sin embargo, entendemos que no es abordado con la rigurosidad y relevancia necesarias. Es por ello que, en conjunto con otres investigadores de distintas disciplinas, organizamos las Primeras Jornadas de Fundamentos y Aplicaciones de la Interdisciplina (JFAI), el 27, 28 y 29 de marzo de 2019 en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales, Filosofía y Letras y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. El éxito de las JFAI no depende únicamente de los más de cien trabajos aceptados para su presentación, ni de los paneles centrales con reconocides investigadores de variadas disciplinas que buscarán entablar un diálogo interdisciplinar, sino también de las discusiones que se entablen con quienes participen de este evento (cuya asistencia es abierta y gratuita).

* Por elección de las autoras, el artículo usa “lenguaje inclusivo”.


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