jueves 29 de septiembre de 2022
COLUMNISTAS opinion

Qué dejó el atentado a CFK

¿Qué dejó el atentado a CFK? La respuesta es simple: se profundizó la grieta. En efecto, como si la división fuera el destino inexorable de la Argentina en el siglo XXI, pasados la consternación, el temor y el repudio de las primeras horas, cada cual retomó las posiciones defensivas y ofensivas que ocupaba en sus respectivas trincheras con redoblado ardor.

La foto con el revólver apuntando al rostro sonriente de la vicepresidenta de la Nación recorrió el país y el mundo. Por su parte, el Presidente, que habló pocas horas después para condenar el hecho, se apresuró a culpar a quienes habrían quebrado la convivencia democrática, al “discurso del odio”, “esparcido desde diferentes espacios políticos, judiciales y mediáticos”.

El Presidente, que hablaba en nombre de todos, como la más alta autoridad de la República, se dirigía a la propia tropa. En consecuencia, le resultó muy fácil identificar a los responsables intelectuales del atentado: los jueces no alineados, los medios concentrados ajenos y los políticos opositores. Así, un manto de pacifismo casi gandhiano eximió de culpa a los demás actores del escenario argentino. Y para asegurar la asistencia masiva al acto de desagravio en la Plaza de Mayo, se decretó feriado nacional entre gallos y medianoche.

El drama continúa. Esto es así porque hace mucho que se perdió el valor de la palabra

A partir de entonces, se repiten las secuencias ya conocidas en la investigación de los atentados gravísimos que ocurrieron en el país: comportamiento errático de la custodia, informaciones contradictorias, acción/inacción de los servicios de inteligencia.

A oscurecer el ya negro panorama, se sumó la voz del diputado oficialista Tailhade, quien criticó la forma en que llevan adelante la investigación la jueza Capuchetti y el fiscal Rívolo. “Tienen que ir presos”, sentenció. Días antes los había amenazado con denunciarlos ante el Consejo de la Magistratura.

El drama que vivimos los argentinos continúa. Esto es así porque hace mucho que se perdió entre nosotros el valor de la palabra, del compromiso, de la seriedad y, por qué no decirlo, del honor. Recuerdo a ese respecto que, en plena pandemia, me preguntaron cómo imaginaba la vida posterior al aislamiento, y supuse que tal vez habría más humildad, menos discursos y menos relatos, y que desde todos los espacios podría contribuirse a crear ciudadanía a fin de enfrentar los verdaderos desafíos del futuro, que la pandemia puso en evidencia. Nada de esto ocurrió. La confusión ha ido en aumento, cada cual tira para su lado, con la expectativa puesta en un triunfo electoral, o con el más modesto objetivo de seguir en pie. La anomia que crece e invade todo hace temer por un colapso de la sociedad, la misma que tiempo atrás, cuando era solo una colonia rebelde, se soñó “una nueva y gloriosa nación”.

En este clima de tensiones, mientras el miedo avanza como el más seguro dispositivo para controlar a la sociedad, desde el hospital en que está internado el ex senador Esteban Bullrich llegó un mensaje trasmitido por su esposa: “En nombre de Esteban, que tanto ama a su país, y confiando en el amor de Dios, ofrecemos este momento por nuestra querida Argentina”.

Gracias, Esteban, por perseverar en darnos una esperanza de futuro.

*Historiadora.