COLUMNISTAS
clases

Sin vergüenza

¡Felicidades del chisme, el rumor, la malicia, la invención, el comentario con y sin fundamento, tan productivos todos! Hace unos años me llegó un chimento que me aludía, más que aludirme me interpelaba, me acogotaba y destruía en lo más íntimo y delicado de mi ser, eso que yo mismo considero más valioso y que ni siquiera puedo aquilatar en toda su dimensión, de seguro minúscula si la comparamos con la dicha de vivir en un país gobernado por el mejor presidente de la historia de la humanidad y la de nuestros antepasados primates. El chimento se reducía a una frase, soltada por un colega: “¿Qué puede hablar Guebel de tal escritor, si no sabe nada de literatura?”.

Mi primera respuesta, ante el exigente tribunal de mi mismo, fue un homenaje a los citados ancestros. Saqué pecho y pensé: “¡A papá mono con bananas verdes!”. Después, al instante, me entregué al impulso tradicional: concederle verdad a la denostación. He leído, por supuesto, pero soy ajeno a los cambiantes usos de la teoría literaria y cuando tuve la fortuna de asistir a las clases de los más destacados exponentes del género tendía a cabecear y dormir. No obstante eso, confieso que algo he leído y pensado acerca de lo leído, y hasta tal punto que, rechazando las armas de la crítica ajena, decidí no dejarme abatir y ejercer en algún tiempo la crítica de las armas propias. Pasaron esos años y entre la nada y la pena elegí la pena, que también pasó, y en algún momento sentí lo estimulante del desafío que significaba la objeción, y durante la pandemia le hice de segunda guitarra al tan faltante Luis Chitarroni en unas clases de literatura que dimos en el Malba y que salieron publicadas (El libro se titula El caos, en recuerdo de Wilcock y en secreta oposición a El Aleph), y este año decidí y empecé a dar clases sobre clásicos en la librería del Fondo de Cultura Económica. Son los clásicos personales, los libros que me eleigieron para que la letra se haga carne y abra nuevas perspectivas para pensar y tal vez escribir. La primera clase fue sobre Las mil y una noches, territorio meado primero por el elefante Borges, y la próxima, el jueves de la próxima semana, será sobre el Satiricón de Petronio. Como en la cancha se ven los pingos, ahí veremos si sé mucho, poco o nada de literatura, o en todo caso qué es la literatura para mí.