viernes 28 de enero de 2022
COLUMNISTAS repercusiones
14-01-2022 23:55
14-01-2022 23:55

Te cuento cómo es un hombre

14-01-2022 23:55

Aunque Instagram es mi única red social, miro las cuentas de Twitter de varios usuarios, ya sea porque me gustan las opiniones o recomendaciones que hacen, ya sea porque las detesto, ya sea porque me divierten. En ese fisgoneo que tiene bastante de voyeurismo, me enteré, gracias a un tuit de Pola Oloixarac (que incluía un afiche de Pasqualino siete bellezas, la famosa película de 1975 con Giancarlo Giannini, ambientada en la Segunda Guerra) de la muerte de la gran cineasta italiana Lina Wertmüller, el mes pasado. Una muerte que casi no apareció en los medios locales que tienen a la mujer como eje de su existencia, algo lamentable porque uno de los pocos beneficios de la muerte de un artista es poder revisitar o conocer su obra. 

Guionista y directora, Wertmüller filmó desde 1971 hasta comienzos de este siglo y la película felizmente evocada por Oloixarac es, al igual que Mimi metalúrgico, herido de honor, de 1972 y protagonizada por el mismo actor, una prueba de su habilidad para contar historias desde el punto de vista de un hombre.  

Pasqualino es un napolitano que vive con su madre y sus hermanas, una de las cuales exhibe una vocación contumaz por la prostitución que lo descoloca al punto de matar al cafiolo. Zafa de la cárcel yendo a la guerra y termina en un campo de concentración comandado por una jerarca nazi a la que seduce para salvar el pellejo, pese a ser la sombra de aquel que se pavoneaba vestido de blanco en la Galleria Humberto I al inicio de la película. Como Carmelo, el metalúrgico, pero por razones diferentes, Pasqualino tiene problemas para alcanzar la erección, algo que Wertmüller muestra a partir de escenas cuya intensidad las hace muy difíciles de olvidar. Lo mismo con otros problemas que transitan sus personajes, imbuidos en una narrativa cruel y graciosa, que jamás responde a un posicionamiento a partir del género de la autora, ni intenta reflexionar sobre el rol o la representación de la mujer, al tiempo que despliega unas cuantas ideas que hoy serían cancelables.   

“Tengo un carácter fuerte desde la infancia. Me expulsaron de once escuelas –contó Wertmüller una vez–. Y en el set me impongo: Luciano De Crescenzo sabe de eso porque, durante un rodaje con Sophia Loren, lo único que hizo fue gesticular con el dedo índice de una mano y, para que dejara de hacerlo, se lo mordí”. Quizás, la poca repercusión mediática ante su muerte se relacione con que, en tiempos de cupos hollywoodenses, tramas con perspectiva de género, victimismo a la carta y Me Too institucionalizado, su estilo contrasta demasiado: “No se puede hacer este trabajo por ser hombre o por ser mujer –afirmó–. Lo haces porque tienes talento. Eso es lo único que cuenta para mí y debería ser el único parámetro para evaluar quién debe dirigir una película”.

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