sábado 28 de mayo de 2022
COLUMNISTAS opinión
19-03-2022 00:42

Todos los miedos el miedo

19-03-2022 00:42

En política internacional, el temor y la ambición se combinan de una manera difícil de separar. Los estudiosos se abocan a la tarea de aislar uno del otro para arribar a conclusiones que sean útiles para el análisis; esto resulta muchas veces artificial. La gran tragedia de las relaciones internacionales es que las naciones se hacen poderosas para enfrentar sus temores, lo que a su vez genera la misma reacción en otras. 

La presente invasión a Ucrania es el ejemplo más reciente de esta dinámica universal. Numerosos especialistas destacan que la raíz del problema se encuentra en la expansión de la OTAN. La OTAN es la alianza militar establecida originalmente para “contener” a la Unión Soviética. La caída de la URSS anticipaba su fin ya que una Rusia diezmada y sumida en el caos económico ya no constituía una amenaza. Sin embargo, la OTAN no solo no desapareció, sino que se extendió hacia el Este. 

Uno puede ver en esto la ambición de los EE.UU. de avanzar en sus intereses, pero también la decidida reacción de numerosos países de Europa del Este que formaron parte del bloque soviético. La búsqueda de la doble membresía en la OTAN y la Unión Europea habla elocuentemente del temor que dichas naciones sienten hacia Rusia y de cuál sistema político y económico prefieren.

Rusia sostiene que se ve amenazada por el avance de la OTAN y, entonces, lo que Putin está buscando es remediar ese daño. Por supuesto, el temor y la ambición se vuelven a mezclar: la expansión rusa no solo avasalla a Ucrania sino que genera miedo en los países que aún no forman parte de la alianza occidental, como el caso de Finlandia y Suecia, de tradición neutral, pero que podrían buscar la membresía de la OTAN por temor a Rusia, generando así el efecto contrario al que Putin estaría buscando. 

Entonces, ¿cuál sería un equilibrio óptimo en las relaciones de las naciones de Europa en el que todas se sientan seguras y puedan vivir en paz? Tal vez dicho punto no exista, porque desde el momento que las potencias poseen capacidades militares formidables generan la doble dinámica del temor y la ambición. Y este juego no se da en el vacío, sino teniendo como correlato una larga historia de matanzas y sufrimiento, cuya manipulación interesada moviliza a los pueblos. 

Sin embargo, lo que sí es seguro es que, desde el momento que se utiliza la herramienta militar de manera directa, la sombra ominosa del mayor miedo, de una guerra mundial, se proyecta oscuramente. Y por primera vez en la historia, dado el nivel alcanzado por el moderno armamento, una guerra de tales características promete, dramáticamente, ser la última.

*MA Global Governance University of Delaware, MA Estudios Internacionales UTDT.