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COLUMNISTAS / misterios
sábado 6 abril, 2019

Tres apuntes literarios

El misterio, como la angustia, posee la delicadeza suficiente para enmascarar su condición anterior.

por Daniel Guebel

default Foto: CEDOC

Hace unos meses leí un ensayo argentino sobre el pasado, presente y futuro de las vanguardias estéticas. Siempre estoy de acuerdo, de antemano, con lo que leo. Leer es creer. Ya  no recuerdo muchas de las afirmaciones del texto, pero me viene a la memoria una frase de Héctor Libertella (parafraseando y salpicando un poema de Borges): “La vanguardia va en coche al muere del museo”, y de pronto me asalta la sospecha de que la política (la poética) del vanguardismo actual, si es que sigue existiendo, tiene por modelos secretos las primeras épocas del siglo XX: experiencias técnicas y sintácticas (Joyce), balbuceos de la lengua (Beckett). No tengo nada que hacer ni decir ahí, porque como escritor busqué el futuro en el pasado, y ahora pienso que el signo de lo nuevo debería operar menos sobre las experiencias y juegos de la lengua que en el trabajo de excavación sobre las unidades de sentido.

Me llama E.M.-B. y me dice: “Tengo dos amigos. Uno viaja y recorre todo el mundo, y otro se la pasa todo el día encerrado en la casa. ¿Quién es el más inteligente?”. Uno de los aludidos es M.C.; el otro, supongo, soy yo. Le digo: “Andá a la puta que te parió”. Me contesta: “Te equivocás, como siempre”.

Toda una vida dominada por la angustia que genera uno u otro motivo puntual, que se superpone a otro parecido o ligeramente diferente o absolutamente disímil; en cualquier caso, cada uno de esos motivos se suma y combina con los otros hasta formar esa masa de angustia de la que de pronto, y sin razón aparente, advierto que es anterior a cualquiera de los motivos que conozco, y solo los necesita como un pretexto para expandirse. El misterio es como la angustia: posee la delicadeza suficiente para enmascarar su condición anterior y se las arregla para buscar y seleccionar esos motivos, no para alimentarse de ellos sino para fingir que lo hace. El horror de la angustia es su cortesía.


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