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Una época implacable

Borges 20230128
Jorge Luis Borges en el escritorio de Paul Groussac (1965) | Sara Facio

“Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima”. La frase pertenece al cuento de Borges “Deutsches Requiem” (título inspirado en la homónima pieza de Brahms), incluido en el libro El Aleph, de 1949. Borges lo escribió apenas terminada le Segunda Guerra Mundial. Eligió hablar desde la derrota, pero no cualquier derrota. La de aquellos que pretendían redimir la derrota anterior (Primera Guerra) a través de una victoria aniquilante, guiados por un hombre que usufructuó del pueblo humillado llevando el desprecio a su máxima expresión. Tan cerca del nazismo, Borges eligió comprender su horror a través de un nazi. Y cuando digo “a través”, lo es realmente. El cuento está narrado en primera persona del inventado Otto Dietrich Zur Linde. La ficción permite esos deslizamientos, quizá sea una de las posibilidades de desentrañar lo insondable del daño. Darle voz –a veces a través del monólogo interior– a una subjetividad intolerable. En este caso, a Zur Linde, quien reivindica la derrota del Tercer Reich, la noche anterior a su muerte (“Mañana, cuando el reloj de la prisión dé las nueve, yo habré entrado en la muerte”). 

“Deutsches Requiem” es considerado uno de los mejores cuentos de Borges, porque cuenta lo peor

Es considerado uno de los mejores cuentos de Borges, quizá porque cuenta –¿encarna?– lo peor. Lo peor que existe, se manifiesta, y muchas veces triunfa. En varios momentos, su personaje juega con la “justificación”. Lo interesante es que se trata de la justificación del placer de la derrota, como si ganar y perder fuesen un binomio constitutivo de la historia que se repite (“A través de los siglos y latitudes cambian los nombres, los dialectos, las caras, pero no los eternos antagonistas”). Ofrece al menos tres argumentos: “Me satisface la derrota, porque secretamente me sé culpable y sólo puede redimirme el castigo” (algo parecido a Crimen y castigo, de Dostoievski); la siguiente: “Me satisface la derrota porque es un fin y yo estoy muy cansado”. Y la tercera: “Me satisface la derrota porque ha ocurrido, porque está innumerablemente unida a todos los hechos que son, que fueron, que serán, porque censurar o deplorar un solo hecho real es blasfemar del universo”. A esta última solo podría sumar un “¡Ufff!”. Por el hallazgo de Borges, por la carnadura de su personaje, por lo terrible del mundo.