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Y un día Milei habló en el “Nido de ratas”

Esta vez, el Presidente no los llamó ratas, ni volvió a tratarlos de coimeros y mafiosos. De hecho, muchos gobernadores y legisladores (no solo oficialistas) mostraron su satisfacción por el tono “moderado” del discurso presidencial y su “amplia convocatoria al consenso”.

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“Moderado”. Así lo vio la bancada oficialista y también opositores y gobernadores. Ya no los trató de “ratas”; solo de enriquecerse, hacer estragos, generar retornos y pertencer a un poder putrefacto. | pool argra

Y un día, el presidente menos pensado, el más antisistema, el mentor local de la anticasta, el primer mandatario anarcocapitalista de la humanidad, inauguró las sesiones ordinarias del Congreso Nacional. Ese lugar icónico de la democracia, eje institucional del debate político; el centro de las deliberaciones, los acuerdos y las disputas partidarias y sectoriales; el objetivo inicial de las dictaduras cuando toman el poder.

Este viernes, finalmente, Javier Milei habló en el “Nido de ratas”, como él define al Parlamento.  

Las “ratas” son esos diputados y senadores que aplaudieron su discurso con fervor, más los que lo escucharon en silencio. En su mayoría, no fueron elegidos para apoyar a esta administración, pero tanto ellos como los 38 diputados y los 7 senadores oficialistas representan a ciudadanos que creen haber votado lo mejor.

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Son ciudadanos independientes, libertarios, liberales, peronistas, radicales, conservadores, socialistas, trotskistas. No son ratas ni consideran que sus representantes parlamentarios lo sean. Son personas que pueden tener coincidencias y discrepancias, pero merecen respeto y que se respete a los políticos que ellos eligieron en las urnas.

La diferencia entre el Presidente y los legisladores que lo escuchaban es que estos conocen...

Que el Congreso en su conjunto no se haya expresado antes del comienzo de las sesiones ordinarias exigiendo ese respeto hacia sus representados (el mismo respeto que merece el jefe de Estado y aquellos a los que él representa) marca el nivel de degradación del sistema político argentino. Que es uno de los motivos que explican y justifican el surgimiento de un outsider como Milei.

Esta vez, el Presidente no los llamó ratas, ni volvió a tratarlos de coimeros y mafiosos. De hecho, muchos gobernadores y legisladores (no solo oficialistas) mostraron su satisfacción por el tono “moderado” del discurso presidencial y su “amplia convocatoria al consenso”.

Ese es el riesgo de naturalizar las agresiones y los insultos que emanan continuamente desde el poder. Se termina considerando moderado un discurso en el que acusó a los políticos de hacer “estragos”, “enriquecerse”, generar “retornos”, pertenecer a un “Estado criminal” y a un esquema “putrefacto” de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); y calificó de “prebendarios” a los empresarios, de “entreguistas” a los sindicalistas, de “ensobrados” a los periodistas y de “degenerados” a los fiscales.

Acusaciones que para un candidato en campaña podrían sonar más o menos desmedidas, pero que cuando las hace un presidente cobran otra gravedad y requieren de pruebas ante la Justicia para no caer en la figura de incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Hasta cuando lanzó su llamado al diálogo, lo hizo con beligerancia.

Primero advirtió que no confiaba en los dirigentes a los que convocaba a dialogar y luego exigió que, para llegar a un acuerdo, si las provincias querían beneficios fiscales, antes iban a tener que firmar la ley ómnibus. Al final, fiel a su lógica del mercado perfecto, resumió: “Esta es la oferta que ponemos sobre la mesa” (habrá que ver qué dice la “demanda”). Por las dudas, advirtió: “Si lo que buscan es el conflicto, conflicto tendrán”.

Esa es la diferencia entre quien el viernes habló desde el atril especial que se hizo construir y los políticos que tenía enfrente o lo veían por televisión.

Los demás conocen el sentido del temor. Milei es temerario.

“Ante los obstáculos no vamos a dar marcha atrás, vamos a seguir acelerando”, dijo en un momento. Porque él no es estratega, es pura táctica, instinto en estado de ebullición. Hace unos días, en su visita a Corrientes, sostuvo: “Soy loco, pero no boludo”.

Los locos no tienen los mismos filtros que los demás. Pueden ver realidades paralelas que el resto de las personas no perciben pero, como dice el dicho, “los locos y los niños siempre dicen la verdad”.

Es cierto que “la” verdad puede ser relativa, pero Milei cree ciegamente en la suya. No es hipócrita y es esa mezcla de temeridad, transparencia y honestidad intelectual lo que Cristina Kirchner resalta de él en la intimidad.

Ambos comparten y gozan con la misma táctica: “Todo o nada”.

Es una forma de liderazgo que refleja bien a importantes sectores de la sociedad. Cristina ganó su reelección con un arrollador 54% de votos, sin necesidad de ballottage. Si bien Milei solo obtuvo el 30% en la primera vuelta, en el ballottage alcanzó casi el 56% de los votos.

... el sentido del temor. Y Milei es temerario. Eso lo asemeja con Cristina Kirchner

La pregunta es qué pasaría si esos liderazgos agresivos, permanentemente confrontativos, viraran hacia formas de relacionamiento más consensuales y dialoguistas.

Una primera respuesta sería que si sectores mayoritarios de la sociedad los eligieron, es porque se vieron bien reflejados en sus formas y en sus fondos. Parecen no querer palomas sino halcones o, en el caso de Milei, un león en lugar de corderos.

La duda es entendible porque en su discurso de apertura de sesiones, el Presidente volvió a plantear propuestas que podrían ser aceptadas y votadas por amplios sectores: el ordenamiento fiscal, la racionalidad de los gastos públicos, la austeridad de los funcionarios, la simplificación impositiva o medidas que promuevan el empleo formal o la eficiente explotación de los recursos naturales.

¿Qué pasaría si el mismo llamado a suscribir el Pacto del 25 de Mayo en Córdoba, en lugar de estar enmarcado en insultos y amenazas, hubiera sido expresado como una propuesta de diez puntos con el objetivo, nunca logrado hasta ahora, de acordar políticas de Estado que le den previsibilidad a la Argentina en lugar de los habituales giros de 180° en cada nuevo gobierno?

Mi interpretación es que lo que pasaría sería el principio del fin de la decadencia argentina, de una grieta que nos paraliza desde hace más de una década, de un país que espanta a los inversores de afuera y de adentro yendo de un extremo al otro.

Pero lo que pasaría no es lo que pasa. Lo que pasa es que una legítima mayoría social votó al más extremo de los extremos para que la gobernara.

Milei solo está cumpliendo con lo que se esperaba de él.