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A 40 años de Tragedia del Liqueno: La fuga que terminó en muerte

A cuatro décadas de la muerte de cuatro niños tras huir del maltrato en el colegio albergue, la historia de los "niños de Achala" permanece marcada por la impunidad y el olvido oficial.

Padre Liqueno
Padre Liqueno | Cedoc

Fueron cinco los que se animaron a escapar aquella tarde del 23 de septiembre de 1986. Volvió uno solo. Los otros cuatro, Mario Oliva, de 9 años, oriundo de Villa de las Rosas; Luis Peralta, de 11, de Villa Dolores; Cristian Rodríguez, de 11, de Santa Rosa de Conlara (San Luis), y Claudio Gil, de 9, de San Pedro, quedaron enfrentando la noche con la esperanza del llegar a algun seguro y lejos de la Colegio Padre Liqueno, albergue de cual estaban huyendo. Como suele suceder en la alta montaña, el clima cambió repentinamente y la noche sepultó a los niños con una inesperada nevada en plena Pampa de Achala, a más de 2.100 metros sobre el nivel del mar.

La búsqueda

Cuando los chicos dejaron el colegio, un sol brillante y un cielo despejado no presagiaban la tragedia. Pero el clima cambió en cuestión de horas.

Llegó la neblina, más tarde la lluvia y finalmente la nieve, y esa primera noche el termómetro marcó quince grados bajo cero. Al día siguiente, cuando se supo que los chicos no habían vuelto, se desató un operativo de proporciones inéditas para la región: policías, bomberos, efectivos de las Fuerzas Armadas, baqueanos, familias vecinas, periodistas, asociaciones gauchas, perros adiestrados y helicópteros rastrillaron cada metro cuadrado de las Altas Cumbres, mientras el frío y la nieve entorpecían cada paso.

Padre Liqueno

Los cuerpos fueron hallados por el entonces Comisario Principal Valentin Carreras de la UR2, seis días después de la fuga. El hallazgo conmovió al país en un duelo fue nacional no oficial y las calles de Villa de las Rosas, Villa Dolores, San Pedro y Santa Rosa del Conlara se inundaron de una congoja inacabable.

Detrás de la fuga, aunque nadie lo dijo entonces, había una historia de maltrato. El Liqueno que habia sido fundado como escuela albergue en 1929 y administrado por la orden franciscana, funcionaba de hecho como un reformatorio, un infierno a 2.100 metros de altura, adonde iban a parar chicos con guarda judicial y con familias que no podían o no querían criarlos. Los padres los llevaban en marzo y, la gran mayoría, recién iba a buscarlos en diciembre.

El quinto chico

Del grupo que huyó aquella tarde había un quinto integrante que no llegó a la montaña con los demás. Carlos Domínguez, decidió volver justo antes de que comenzara a nevar, asustado por el temporal que se venía encima. Domínguez cargó durante veinte años con esa historia en silencio, hasta que una noche, en una peña, una canción sobre los "niños de Achala" lo hizo llorar en público. Ahí se acercó a contarle a un desconocido: "Yo iba a ser el quinto angelito".

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Ese desconocido era el periodista Sergio Carreras, de La Voz del Interior, que llevaba tiempo investigando el cierre del colegio y encontró en ese testimonio la llave de una historia tapada durante dos décadas. A partir de esa charla, Carreras reconstruyó los detalles de la fuga y de los maltratos previos, publicó sus primeras notas en 2007 y, en 2011, el libro Los Niños de Hielo, con fotos inéditas del reportero gráfico Carlos Alberto Cortéz.

Tras la primera nota que publicó Carreras, se inició una investigación judicial y se allanó el Padre Liqueno. En medio del escándalo, la orden franciscana intentó cerrar el colegio; terminó dejándolo en comodato bajo la administración de la provincia de Córdoba, entonces gobernada por Eduardo Angeloz.

El fiscal que chocó con los tabiques de la justicia

Pese a que los 22 alumnos del colegio estaban bajo guarda judicial en 1986, la causa nunca se había abierto en los tribunales de Villa Dolores, ni el Ministerio de Educación había iniciado una investigación administrativa, ni la orden franciscana dio jamás explicaciones. Fue recién con la investigación de Carreras que un fiscal tomó el caso: Emilio Andruet.

El fiscal quiso avanzar sobre la jueza de Menores Elba Allende, que era responsable por los chicos del colegio, y encontró resistencia entre sus mismos pares. El fiscal terminó rindiendo concurso para ser camarista en Río Cuarto, lo ganó y se fue ("para tranquilidad del resto de los magistrados de la ciudad", en palabras de Carreras).

Con su partida, la causa judicial no se movió ni un centímetro más. El sacerdote Giménez, señalado como principal acusado por los propios exalumnos, murió de un infarto en 1999, sin llegar nunca a juicio.

La cruz, el silencio y el responso

Treinta y dos años después de la tragedia, en septiembre de 2018, un grupo de policías retirados y en actividad que habían participado del operativo de búsqueda volvió al lugar donde encontraron los cuerpos un montículo de rocas en el predio de la Estancia Santo Tomás, a unos cuatro kilómetros del Camino de las Altas Cumbres para instalar una cruz de hierro y una placa. La idea del homenaje había sido del ex sub oficial Luis Omar Lacamoira de la Departamental San Alberto y ya fallecido, quien participó de la búsqueda junto a tantos otros y quiso recordar así a los chicos.

Padre Liqueno


Fue un gesto de quienes habían estado en el terreno, no de las instituciones que durante años miraron para otro lado. En ese acto, el sacerdote Luis Zalazar realizó un responso y bendijo el predio. Hoy, a cuatro décadas de la tragedia, Zalazar es párroco y rector del Santuario Nuestra Señora del Tránsito y Santo Cura Brochero, en Villa Cura Brochero.

También desde hace tiempo la documentalista Gabriela Naselli viene trabajando en la concreción de un filme con datos y testimonios pormenorizados de los protagonistas de aquella historia. Del importante cumulo de información acopiada Naselli aspira lograr en poco tiempo mas el estreno de “Achala”, el documental sobre luctuoso hecho.

El estado actual de la causa

La causa judicial quedó estancada desde que Andruet dejó Villa Dolores para asumir como camarista en Río Cuarto, y el único imputado con nombre y apellido, el sacerdote Giménez, murió en 1999 sin haber sido siquiera indagado formalmente. No hay registro público reciente de una reapertura formal del expediente ni de una resolución judicial posterior sobre los hechos de 1986. La historia, tal como quedó planteada por la investigación periodística, sigue sin una respuesta institucional que la cierre.

El colegio Padre Liqueno, mientras tanto, continúa funcionando bajo la órbita de la provincia como escuela albergue para chicos de bajos recursos de la zona.

Y allá en la Pampa de Achala, cuarenta años después, sigue sepultada en el olvido la justicia por aquellos cuatro pequeños.