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PUNTO DE VISTA

Argentina frente a la nueva frontera tecnológica: data centers, energía y una oportunidad federal

El país enfrenta una nueva oportunidad estratégica en la economía digital, donde la infraestructura tecnológica y energética se vuelve clave. El desarrollo de data centers y la inteligencia artificial plantean un desafío federal que exige planificación, inversión y coordinación entre sectores.

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Datacenters. | CEDOC PERFIL

A comienzos del siglo XXI, cuando gran parte del debate público argentino seguía concentrado en las industrias tradicionales, algo trascendente comenzó a ocurrir en Córdoba. Empresas globales como Motorola, Intel y EDS eligieron instalar allí centros de desarrollo software y servicios tecnológicos. Aquella decisión no fue un hecho aislado sino parte de una estrategia de atracción de estas inversiones que empezó en Chicago, en un enero muy frío de 2000, cuando visité en su oficina al Chairman de Motorola Chris Galvin para pedirle que envíe una misión de exploración a Córdoba a fin de revisar su anterior decisión de rechazo de la instalación de su centro, realizada un año antes.

En ese momento me desempeñaba como Intendente de Córdoba y conocía al señor Galvin desde mi paso por la secretaría de Comunicaciones. Ya instalada Motorola en Córdoba llegaron Intel y EDS, las grandes bigsoft de la época. Fueron pasos que demostraban que Argentina podía insertarse en la economía del conocimiento con talento propio, universidades competitivas y capacidad de trabajar para el mundo.

Esa historia importa hoy por una razón simple: el país vuelve a estar frente a una puerta semejante, pero en una escala todavía mayor.

La nueva frontera no son solamente los centros de software. Son los data centers, los edge data centers, la infraestructura energética que los sostiene y la capacidad política de entender que la inteligencia artificial ya no es un tema de laboratorio ni de futurismo. Es una nueva capa de la economía real. Allí se procesan decisiones industriales, diagnósticos médicos, transacciones financieras, cadenas logísticas, sistemas de defensa, comercio electrónico, minería automatizada, agricultura de precisión y servicios públicos inteligentes. Es un nuevo desafío para hacer nacer una industria inmensa que tiene tasas de crecimiento impresionantes.

El ladrillo invisible del siglo XXI

Durante décadas, la infraestructura económica se medía en rutas, puertos, represas, gasoductos o ferrocarriles. Nada de eso perdió valor. Pero se agregó otra infraestructura, menos visible y cada vez más decisiva: la capacidad de almacenar, mover y procesar datos.

Los data centers son las fábricas silenciosas de la era digital. Allí funcionan los servicios en la nube, las plataformas de streaming, los sistemas bancarios, el comercio electrónico y los modelos de inteligencia artificial. Su relevancia crece a medida que crece la digitalización del mundo.

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La Agencia Internacional de Energía advirtió que el consumo eléctrico global de los data centers crecerá con fuerza hacia 2030 impulsado por IA y servicios digitales. La magnitud del fenómeno obliga a repensar la relación entre tecnología, energía y territorio. Ya no alcanza con tener programadores talentosos. También hacen falta megavatios, fibra óptica redundante, agua, suelo apto, seguridad jurídica, capacidad de ejecución y permisología amigable. En otras palabras: la economía del conocimiento dejó de ser puramente intangible y necesita de estos “ladrillos” de hardware, software, talentos, infraestructura e inversiones.

Del gran data center al edge data center

Existe una imagen clásica del data center: enormes edificios concentrados en pocos polos globales, con miles de racks y gigantescos contratos eléctricos. Esa imagen sigue siendo real. Pero el futuro también avanza por otra vía: los edge data centers.

Un edge data center es un centro de datos más cercano al lugar donde se generan o consumen los datos. Su valor principal es reducir la latencia, mejorar la resiliencia y permitir procesamiento inmediato. Eso resulta esencial para:

● automatización industrial
● telemedicina
● minería conectada
● agro de precisión
● ciudades inteligentes
● videovigilancia avanzada
● logística en tiempo real
● vehículos conectados
● comercio digital regional
● redes críticas de energía y agua

No todo debe viajar miles de kilómetros hacia un gran nodo central. Muchas decisiones requieren ejecutarse cerca del terreno. Para un país extenso y federal como Argentina, esta tendencia es especialmente importante. El modelo no debería limitarse a “un gran data center en una gran ciudad”, sino a una red nacional de nodos complementarios.

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La energía: donde se gana o se pierde la competencia

Todo debate serio sobre data centers termina en el mismo punto: electricidad. No alcanza con anunciar interés inversor. Lo determinante es si existe capacidad disponible, tiempo razonable de conexión, expansión futura y estabilidad regulatoria. Los operadores globales hacen preguntas concretas: ¿Cuántos MW pueden entregarse? ¿En qué plazo? ¿Con qué redundancia? ¿Cuál será el costo a 10 años? ¿Hay riesgo regulatorio? ¿Puede ampliarse? ¿Existe fibra cercana? ¿Hay personal técnico? Sin respuestas claras, la inversión migra.

Argentina necesita una política energética específica para infraestructura digital: refuerzo de redes de transporte, nuevas estaciones transformadoras, expansión de distribución en polos promovidos, contratos de largo plazo, integración renovable, generación in situ y marcos regulatorios previsibles. Es un tema de competitividad nacional, no solo de energía.

Córdoba: regreso al futuro

Hace veinticinco años, en el año 2000, Argentina ingresó a la economía del conocimiento con centros de software que parecían adelantados a su tiempo. Hoy, puede ingresar a una etapa todavía mayor: la de la infraestructura de inteligencia artificial. Pero esta vez la vara es más alta. No alcanzará con talento. Harán falta electrones, cables, tierras aptas, universidades activas, federalismo inteligente y capacidad de ejecutar.

Como escribí alguna vez, solo se cumplen los sueños que se tienen. Y en esta nueva industria que es compleja, desafiante, sofisticada, se necesita un plan estratégico para ejecutarse de modo federal y poner a Argentina a atraer inversiones nacionales y extranjeras y fundar esta nueva industria de alta tecnología con convicción, pasión y profesionalismo.

(*) Ex Secretario de Comunicaciones de la Nación