martes 07 de febrero de 2023
CóRDOBA ¿CUÁL ES EL PLAN DE MASSA?

Campeones mundiales, también de la inflación

24-12-2022 00:41

La inflación de noviembre fue de 4,9% y acumula así un 85,3% en lo que va del año. En la comparación interanual registró un incremento superior al 92%. Que se haya logrado bajar el nivel respecto a los meses previos y esperar a que se termine el año con un crecimiento acumulado de los precios al consumidor inferior al 100% son las aspiraciones del gobierno.

Que se asuman y celebren metas tan mediocres son propias de un país que ha naturalizado ser, desde hace décadas, el campeón mundial de la inflación.

Dentro de América Latina, el único país que supera a la Argentina es Venezuela, que acumula a octubre una tasa de variación anual del 156%. Pero es un caso muy particular asociado a una caótica situación política y económica.

Además, hay que ponderar que para Venezuela la inflación alta es un fenómeno relativamente reciente. Previo al 2012 y al salto hiperinflacionario de 2017, el país tenía tasa de inflación, por lo general, inferior a Argentina. Países con graves problemas de inestabilidad política, como es el caso de Perú, está muy lejos de desplazar a la Argentina como líder mundial en inflación.

Puesto en perspectiva histórica no hay país que sufra más y haya naturalizado más el flagelo de la inflación como los argentinos. Un rasgo muy importante es que el fenómeno trasciende las ideologías políticas. En los últimos 60 años, la mitad del tiempo hubieron gobiernos peronistas, un cuarto gobiernos radicales (solos o en coalición) y en el otro cuarto hubo gobiernos miliares.

En los años en los que gobernó el Partido Justicialista, la tasa de inflación promedio fue de 78% anual, mientras que en los años de gobierno militar la tasa de inflación promedio fue de 132% anual y en los años donde la Unión Cívica Radical, sola o en alianza, fue gobierno, la tasa de inflación promedio fue de 386% anual.

Si bien hay una multiplicidad de consideraciones que se pasan por alto, esta visión simplificada de nuestra historia reciente muestra una evidencia muy sugerente: durante mucho tiempo y con alineamientos políticos muy disímiles, las tasas de inflación promedio se han mantenido entre dos y tres dígitos. Que somos los campeones mundiales de la inflación nadie nos los puede cuestionar.

¿El Plan Massa trae algo de nuevo? “El objetivo es que la inflación empiece con el 3% en abril”, dijo Sergio Masa luego de que se conoció el valor del IPC de noviembre. Desde el punto de vista político, la apuesta de Massa en materia de inflación es consistente. Para el oficialismo la condición necesaria para tener chances de ganar la elección del año próximo es bajar sensiblemente el crecimiento de los precios.

Desde el punto de vista de la consistencia económica parece una meta demasiado ambiciosa dado el plan que se viene ejecutando, que, es bueno tenerlo en cuenta, no es tan diferente a estrategias aplicadas en el pasado.

Un componente del plan es no devaluar la moneda de manera explícita. Esto obliga al gobierno a administrar una compleja maraña de regulaciones para convivir con la escasez de dólares. El menú incluye un entramado de medidas tendientes a controlar las importaciones y establecer múltiples tipos de cambio. Esto no es gratis. Daña la producción local (especialmente por la falta de insumos y bienes de capital), desalienta nuevas inversiones y multiplica las oportunidades de corrupción.

Otro componente son los acuerdos de precios. Un grupo de empresas se comprometieron a actualizar el valor de sus productos por debajo del 4% mensual. Para darle más potencia a esta medida, se ofrece, a manera de compensación, un acceso menos tortuoso a dólares oficiales para poder realizar importaciones de insumos y bienes intermedios.

En materia fiscal se observa un cambio de tendencia en el segundo semestre del año. Moderación en el crecimiento del gasto público a través de la licuación del gasto social, “pisar” pagos a proveedores y posponer inversiones. Y, por el lado de los ingresos, sostener la recaudación aumentando la presión fiscal. La decisión más importante en relación a este punto es el adelanto en los anticipos de Ganancias.

El componente más complicado es administrar la deuda en pesos del gobierno nacional. Los desequilibrios fiscales acumulados generaron una enorme deuda materializada a través de bonos y letras del Tesoro, por un lado, y de Leliq y pases del Banco Central, por el otro. Todo con plazos muy breves y devengando intereses que agregan presión sobre la emisión monetaria. Solo las Leliq y pases del Banco Central superan el 10% del PBI.

Tomando las cuestiones medulares, la estrategia que viene desplegando Massa tiene muchos elementos comunes con las aplicadas en numerosas ocasiones en el pasado. Múltiples tipos de cambio y controles de importaciones, controles de precios, ajuste fiscal tradicional y restricción monetaria. Esto, en el mejor de los casos, puede alcanzar para moderar la inflación (seguramente no al nivel que aspira el gobierno) pero a costa de caídas en la actividad económica y desalientos a la inversión. En definitiva, aún siendo exitosa la estrategia, no nos saca del podio de campeones mundiales de la inflación.

La verdadera solución. Aunque la teoría económica admite que la inflación es un fenómeno multicausal, con la acumulación de más de medio siglo de desequilibrios fiscales crónicos es indudable que, para el caso argentino, allí está la causa principal de la inflación. Esto no es fácil de resolver, pero tampoco es imposible.

El primer paso es descartar como solución los ajustes fiscales tradicionales (licuar jubilaciones, aumentar impuestos y posponer inversiones). Estas políticas, solo con diferencia de matices, vienen aplicando diferentes gobiernos con resultados muy desalentadores. La razón es que el Estado argentino está organizado para funcionar con desequilibrio. Los déficits no son fundamentalmente el resultado de decisiones políticas, sino el resultado previsible y natural de la mala organización del Estado. Las evidencias muestran que gastar por encima de los ingresos es un proceso espontaneo e intrínseco a la mala organización del sector público que trascienden las decisiones políticas de los diferentes gobiernos.

Por eso, de no mediar un ordenamiento integral del Estado, siempre volveremos al estado natural: tener déficit, que fatalmente desemboca en excesos de emisión y de deuda. Bajo estas condiciones nadie nos podrá desplazar de nuestra posición de campeones mundiales de la inflación.

Coordinadora de Investigación IDESA ARGENTINA

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