A partir de un estudio de opinión publicado en la semana que pasó, el consultor Carlos Sicchar analizó el escenario político de Córdoba, el peso que conserva Javier Milei en la provincia, la situación del oficialismo provincial tras más de dos décadas de gobierno y las dificultades de la oposición para construir una alternativa competitiva. En dicho trabajo, la consultora Sicchar analizó 5 escenarios potenciales de cara a las elecciones del 2027 en Córdoba y en todos se impondría el gobernador Martín Llaryora, superando a Luis Juez, Rodrigo De Loredo, Gabriel Bornoroni.
Sin embargo, un dato para tener en cuenta es que, en uno de esos escenarios, Sicchar midió la intención de voto entre Llaryora y “un candidato de Milei”, sin nombre propio. En ese escenario es donde el gobernador también se impone, aunque por el margen menos estrecho que en los anteriores. Además, el estudio indica que Milei cuenta, en esta provincia, con un 61% de imagen positiva.
—¿Cuáles son hoy los principales factores que explican el alto nivel de apoyo de Milei en Córdoba?
—Lo primero tiene que ver con el protagonismo nacional de Milei. Córdoba no es la excepción: recordemos que en la segunda vuelta presidencial Milei superó el 70% de los votos en la provincia, uno de los porcentajes más altos del país. Ese capital político sigue impactando. Hoy, a esta altura, Milei se convierte en una especie de gran elector de la oposición cordobesa. Eso condiciona tanto al oficialismo provincial como a quienes intentan disputarle el poder.
—¿Ese rol de “gran elector” ordena o desordena a la oposición?
—Un poco y un poco. Depende de si los referentes opositores logran integrar un frente común o no. Ahí se juegan muchas cosas: la posibilidad real de competir, de consolidar una alternativa. Si no hay acuerdos, se desperdicia una oportunidad que hoy existe, justamente porque Milei conserva una imagen fuerte en Córdoba.
—¿Cómo hay que leer el nivel de aprobación del gobernador, cercano al 49%?
—Es un nivel bueno y bastante equilibrado en toda la provincia. Incluso es levemente superior en el interior que en la Capital, donde la gestión enfrenta más críticas. Eso sí: todavía no se puede afirmar que los 25 años de oficialismo provincial operen como un desgaste automático. Hoy no aparece como un problema grave; incluso diría que, lejos de fragmentarse, el peronismo cordobés se mantiene cohesionado.
—¿No hay riesgo de fracturas internas en el oficialismo?
—Hoy no. Todo lo contrario. Se suman actores que antes estaban afuera, incluso intendentes radicales. La vicegobernadora es una figura clave en esa lógica de integración. A diferencia de otros momentos históricos, no se ve una oposición interna fuerte dentro del peronismo provincial que pueda fragmentar ese 35% o 40% de base electoral.
—¿Entonces el largo ciclo peronista en la provincia no pesa negativamente?
—Puede pesar, pero no es determinante. Si yo tuviera que ponerle un número, no le asignaría más de un 30% de incidencia. En campaña, lo central no es el pasado sino la expectativa. El comportamiento electoral se define por el beneficio que la gente cree que va a obtener si el gobierno continúa o si se produce un cambio.
—¿Ese razonamiento explica también el voto a Milei?
—Claramente. En los estudios cualitativos aparece mucho la idea de “salir del pozo o ir al abismo”. Eso fue lo que terminó inclinando el voto. No es ideológico: es pragmático. Es un voto de expectativa, de utilidad.
—Habla de voto útil. ¿Quiénes integran hoy el segmento decisivo?
—En Córdoba estamos midiendo un 20% de indecisos, que es el que define las elecciones. Es un grupo donde hay más mujeres que varones, muchos menores de 30 años, pero también adultos en edad productiva y mayores de 50. La mayoría de ellos votó a Milei en el balotaje y también acompañó al actual gobernador en la elección provincial.
—¿Qué demandas pesan más en ese electorado?
—Eso es lo que hay que estudiar en profundidad: economía, seguridad, trabajo, ambiente, gestión. A partir de ahí se construye la estrategia de campaña y el mensaje. No alcanza con slogans: hay que entender qué les duele y qué esperan.
—Pensando a futuro, ¿qué debería mirar con más atención la oposición?
—Tiene una oportunidad interesante si logra acuerdos conceptuales amplios y un candidato competitivo. Porque el gobernador parte de una base alta (35%), y si Milei mantiene buena imagen en Córdoba, su influencia va a ser decisiva. De hecho, cuando preguntamos escenarios sin nombres propios, el “candidato Milei” aparece apenas tres puntos abajo del gobernador.
—¿Y el oficialismo provincial?
—Tiene clara su estrategia: evitar internas y trabajar sobre el segmento indeciso. El desafío es reperfilar la mística, construir una nueva expectativa. Antes había una expectativa de salto nacional del peronismo cordobés; eso quedó truncado. Ahora la expectativa se concentra en la continuidad provincial, y eso exige un nuevo relato político, social y económico.
—¿Esa mística debe ser peronista clásica o ‘llaryorista’?
—No necesariamente clásica. El antiperonismo es fuerte, y el propio oficialismo lo sabe. Hay una estrategia de despegar la gestión actual de los ciclos anteriores. Construir una identidad propia, distinta, como en su momento lo hizo Natalia De la Sota respecto de su padre. El peronismo, en general, también necesita una revisión: hoy está muy atado a símbolos del pasado, como Evita, Perón, la marcha pero poco a una propuesta de futuro.