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CóRDOBA / SENTENCIA FIRME
domingo 21 octubre, 2018

Desalojarán la casa donde funcionó la imprenta del ERP

Los hijos de Victoria Abdonur y Héctor Eliseo Martínez, secuestrados en 1976, podrán entrar a la vivienda, donde se imprimían los periódicos de la organización guerrillera. La dictadura la usó como centro de tortura.

por María Ester Romero

FRUCTUOSO RIVERA 1035. La justicia declaró que el matrimonio Abdonur-Martínez fueron los propietarios de la casa de B° Observatorio donde funcionó la imprenta clandestina. Foto: Fino Pizarro
domingo 21 octubre, 2018

Finalmente quedó firme la sentencia del Juzgado Civil y Comercial de 23ª Nominación que declaró la nulidad de la escritura pública por la cual la casa de Fructuoso Rivera 1035/39 había sido “vendida” a Juana Ercilia Bianchi de Jaroszowok el 1 de abril de 1976, cuando en realidad la mujer había fallecido tres años antes.

PERFIL CORDOBA publicó en octubre del año pasado la resolución del juez analizando las consecuencias que acarrearía. A un año de aquella decisión, se acerca el momento en que la casa sea desalojada para que los hijos de Victoria Abdonur y Héctor Eliseo Martínez, legítimos herederos de los verdaderos dueños, puedan ingresar.

La inminente ejecución se explica por un acuerdo al cual arribaron los abogados de los hijos del matrimonio, Carlos Orzaocoa y Pedro Salvadeo, y la escribana Melba Rosa Catoira de Torchio, demandada en el juicio por ser quien hizo la escritura ahora anulada. Los letrados cedieron el cobro de sus honorarios que ascenderían a más de medio millón de pesos y la escribana declinó la apelación que había elevado el expediente a una Cámara Civil y Comercial.

“Dicha denuncia nos trae a la memoria una época oscura que nos tocó vivir a los argentinos, quienes nos encontrábamos a merced de un Estado dictatorial, en el que desde el propio Poder Ejecutivo, en manos de las fuerzas armadas, se elaboró un plan tendiente a la desaparición sistemática de opositores y la apropiación irregular de sus bienes”, había destacado el juez civil Manuel Esteban Rodríguez Juárez.

La casa actualmente está ocupada por Ofelia Cejas y un hijo. La mujer es la viuda de un exempleado de tribunales federales a quien el exjuez federal Miguel Puga constituyó depositarios judiciales de la vivienda, durante la dictadura cívico militar. En los últimos meses, a partir del acuerdo de la notaria y los abogados Orzaocoa y Salvadeo, los moradores fueron notificados de la posibilidad que tenían de oponerse ante la proximidad del desalojo. Fuentes de la causa informaron a este medio que “continúan en rebeldía” y no hicieron ninguna presentación. En ausencia de algún recurso que pueda neutralizarlo, el próximo paso es producir el desalojo y la recuperación de la vivienda a los legítimos herederos del matrimonio AbdonurMartínez.

 

UNA CASA CON HISTORIA


El 12 de julio de 1976 efectivos del  Grupo de Artillería Aerotransportada 4 del Tercer Cuerpo del Ejército, a cargo del teniente coronel Carlos Alfredo Carpani Costa, ocuparon el inmueble ubicado en Fructuoso Rivera 1035 en barrio Observatorio donde vivían el matrimonio integrado por Victoria Abdonur y Héctor Eliseo Martínez junto a sus tres hijos, Walter Rubén, Laura Edith y César Adrián Martínez, de 7, 6 y 1 año.

Ubicada en un sótano de dos subsuelos funcionaba la imprenta clandestina en la que el Partido Revolucionario de los Trabajadores PRTERP editaba sus periódicos “El Combatiente” y “Estrella Roja”. Luego de esa ocupación, funcionó allí un centro de operaciones donde se trasladaban y torturaban detenidos por las fuerzas militares.

La familia Martínez-Abdonur logró escapar antes. Se fueron a vivir a la provincia de Buenos Aires pero, a los meses, fueron localizados por fuerzas del Ejército. Ingresaron a la vivienda que habitaban, asesinaron a Héctor Martínez y se llevaron a Victoria Abdonur, quien permanece desaparecida.

Los chicos quedaron solos, a cargo de una vecina voluntariosa que se ofreció para cuidarlos. Una tía, hermana de Victoria Abdonur, los rastreó hasta encontrarlos tiempo después. Este diario pudo entrevistar hace un año a uno de ellos, Walter Martínez, quien con lágrimas en los ojos recordó las vivencias de aquellos años y reivindicó la decisión del juez que les devolvió la titularidad de la casa. “Una imprenta es algo muy simbólico. Demuestra que la información molesta. La información es más potente que las balas. El conocimiento da poder. A eso lo aprendí de grande”, destacó al mencionar la actividad que se desplegó en forma clandestina en la vivienda que habitaron.


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